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La preocupación por la injerencia extranjera

Amazonas, lo suyo es nuestro

El enfrentamiento entre los presidentes de Brasil, Jair Bolsonaro y de Francia, Emmanuel Macron, más allá de las frases machistas y de mal gusto de Bolsonaro, ha suscitado un debate sobre si es justo que, para preservar el Amazonas e impedir su entrega a la agroindustria, se ponga en duda el principio de soberanía territorial.

Presentarse como el oponente privilegiado de sus homólogos extranjeros calificados de “iliberales” es un ejercicio al que el presidente francés Emmanuel Macron se presta con gusto (1). Primero fue el turno del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, luego el del dirigente de la Liga italiana Matteo Salvini. Los incendios que están devastando la selva amazónica desde el comienzo del año, le ofrecieron un nuevo adversario con un perfil ideal: el presidente brasileño de extrema derecha Jair Bolsonaro: misógino, homofóbico y escéptico del cambio climático. Mientras que, a fines de agosto, la revista Science establecía el vínculo entre las nubes de humo que ensombrecían el cielo brasileño hasta Sao Paulo y la política de deforestación alentada por Brasilia (2), Macron sugirió que se le confiriera “un estatus internacional a la selva del Amazonas, en el caso de que los dirigentes de la región tomaran decisiones que perjudicaran al planeta” (3).

¿Una selva milenaria rescatada de las motosierras por la movilización de todos aquellos a quienes protege? En los discursos elíseos, el mundo se parece un poco al planeta Pandora imaginado por James Cameron en su película Avatar (2009), en el cual el Presidente francés encarnaría una versión terrestre de la resistencia de los Na’vis, ese pueblo de piel cerúlea que nos había fascinado en las salas oscuras. Por desgracia, la propuesta no logra entusiasmar a los brasileños, ni aunque fuera formulada por un Emmanuel Macron con un body azul. Ni siquiera a los que se oponen a Bolsonaro. Algunos no olvidaron los mil y un proyectos que ya amenazaron con privar a su país de la soberanía sobre este espacio rebautizado Hiléia por el naturalista alemán Alexander von Humboldt (1769-1859). Hoy, la ambición de Macron hace eco a todas esas iniciativas.

Iniciativas rapaces
En el siglo XIX, el hidrógrafo y meteorólogo Matthew Fontaine Maury (1806-1873), director del Observatorio Naval de Washington, propuso resolver la cuestión racial en Estados Unidos colonizando el Amazonas para trasladar allí a la población negra estadounidense. Su estrategia consistía, en un primer momento, en reivindicar la simple “apertura” del río Amazonas a la navegación. “Toda la prensa adhirió a la campaña. Esclavistas, armeros, comerciantes y filibusteros se movilizaron para defender lo que Maury presentaba como una política de comercio para los intereses de la ciencia” (4), cuenta el historiador Luiz Alberto Moniz Bandeira. Sin embargo, en 1849, el representante de Brasil en Washington (el equivalente del embajador) dio la señal de alarma: la autorización de navegar en el Amazonas “abriría la puerta a la formación de espacios estadounidenses, a una inmigración masiva y, en consecuencia, a una maniobra similar a la que le permitió [a Washington] apropiarse de Texas”. Una carta de Maury de 1853 revelada por la prensa brasileña (5) confirmó que estas preocupaciones estaban fundadas. “Intentemos convencer a nuestros interlocutores por la vía diplomática, porque quizás sea posible obtener la apertura [del Amazonas] de manera pacífica”, escribe el ex oficial. Y luego, precisa su método: “La paz si podemos, la fuerza si debemos”. No obstante, el proyecto fracasó.

Casi un siglo más tarde, en 1948, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) fundó el Instituto Internacional de la Hiléia Amazónica (IIHA). Concebido inicialmente como un centro internacional de investigación en ciencias naturales, evolucionó “haciendo del desarrollo económico de la región amazónica un eje central de [sus] acciones”, informa el investigador de la Unesco Malcolm Hadley. Los partidarios brasileños del organismo fueron entonces “acusados de comprometer la seguridad nacional al autorizar la creación de un instituto internacional en la ‘zona de defensa natural’ del Amazonas” (6). El primero en lanzar las críticas fue el ex presidente Artur Bernardes quien, desde el estrado de la Cámara de Diputados, el 24 de enero de 1950, señaló la amenaza de ver a la selva transformarse en un “condominio de naciones” que terminarían por “repartirse la región bajo la forma de colonias” (7).

El IIHA decayó, pero otras ideas vieron la luz. Una de las más fantasiosas emanó del Hudson Institute, con base en Washington. En 1967, el futurólogo Herman Kahn, su director, sugirió bloquear el río Amazonas para crear un “gran lago continental” que facilitaría la circulación entre los países limítrofes y permitiría producir cantidades colosales de energía. “Era absurdo”, sentencia el geógrafo Hervé Théry: “Habría que construir un dique de varios kilómetros y la subida del agua sumergiría a una buena parte de la población del Amazonas” (8). Sin embargo, la propuesta fue tomada con mucha seriedad por los militares que se encontraban en el poder tras el Golpe de Estado de 1964, y los incitó a formular su doctrina con respecto a la selva: “Integrar para não entregar” (integrar el territorio para no perder su posesión).

Obras faraónicas
Entonces la dictadura se lanzó a una serie de obras faraónicas destinadas a ocupar un espacio considerado vacío. La más (...)

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Renaud Lambert

Periodista.

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