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La familia Irving o el feudalismo en Canadá

¡Bienvenido a “Irvingnia”!

Leer un periódico impreso por la familia Irving en una casa construida por los Irving, degustando los productos cultivados en sus granjas y transportados en sus camiones que circulan con su petróleo: esta es la vida diaria de muchos habitantes de New Brunswick, una provincia del este de Canadá sujeta a un real feudalismo económico.

En su sede social de la provincia de New Brunswick, la familia Irving reina como si fuera una dinastía. A lo largo de las décadas ha construido un monopolio tanto vertical como horizontal que, en la mayoría de los casos, le permite prescindir de proveedores y socios, según un modelo económico opuesto al de una multinacional: no extiende sus tentáculos a escala mundial, sino que explota todo lo que se puede dentro de un área bien definida.

Su refinería de Saint-John, la más grande de Canadá, alimenta el sistema de distribución Irving, que sirve a todo el noreste de América del Norte, desde Terranova hasta Nueva Inglaterra. La empresa familiar suministra combustible a su enorme flota de camiones que transporta alimentos cosechados en sus granjas, periódicos impresos por ella o paquetes procesados por su servicio de entrega –cuando estos productos no se distribuyen a través de su red ferroviaria o su flota de barcos.

La familia Irving también posee vastas propiedades forestales donde cortan madera que luego procesan en uno de sus muchos aserraderos industriales y fábricas de papel. Así, su filial Kent Homes puede disponer con facilidad de materiales de construcción para sus casas –la madera, pero también el acero y el hormigón que también producen–. Un astillero, plantas de embalaje, una red de autobuses interurbanos, concesionarias de automóviles, una cadena de restaurantes, un equipo de hockey, una marca propia de ferreterías y otra de farmacias: la lista de propiedades familiares parece no tener fin.

Fuera del campo industrial y comercial, los Irving controlan la vida política como monarcas extraoficiales. Sus pretensiones filantrópicas no ocultan su injerencia en los asuntos públicos, a nivel federal, pero en particular en New Brunswick y en el resto del Canadá Atlántico, donde hacen las veces de gobierno alternativo. Aquí, pocos complejos deportivos, museos, centros de investigación universitaria –por ejemplo sobre energía, silvicultura o desarrollo sustentable– no enarbolan los colores de Irving.

La exposición de la marca ha superado el punto de saturación: se ha llegado a confundir con el nombre de la propia provincia. ¡Bienvenido a “Irvingnia”!

Comunicación contaminada
La dinastía controla todos los periódicos en idioma inglés que se publican. Sólo se le escapa el diario en francés L’Acadie Nouvelle, pero de todas maneras se imprime allí. Los Irving también han adquirido muchas estaciones locales de radio y televisión, por no hablar de las prensas universitarias de New Brunswick. Los conflictos de intereses que se derivan de esta situación parecen caricaturescos: los medios de comunicación del grupo reflejan en esencia las posiciones de la familia Irving en todos los ámbitos de la vida social e industrial en los que se encuentra implicada (1). Así, cuando en el otoño boreal de 2018 se produjo una explosión en el emplazamiento de la refinería Saint John que oficialmente hirió a cuatro personas, un médico expresó sus dudas sobre la exactitud de las declaraciones de la empresa e, indirectamente, sobre la imparcialidad del tratamiento de la información por sus medios de comunicación (2).

Sin embargo, los casos de denuncia siguen siendo insólitos. Profesores, funcionarios y diputados temen represalias y muchos han sido objeto de distintas formas de intimidación. En la capital, Fredericton, el despido de la responsable de Salud Pública del Estado, Eilish Cleary, causó revuelo. Ocurrió en 2015, cuando estaba investigando el uso del glifosato por las compañías forestales de los Irving. Rod Cumberland, biólogo anteriormente empleado por el Ministerio de Energía y Recursos Naturales, y Tom Beckley, profesor de Silvicultura en la Universidad de New Brunswick, también sufrieron fuertes presiones cuando analizaron el impacto de esos pesticidas en la fauna regional o la gestión opaca de los bosques por parte de los legisladores (3).

Un Estado enceguecido
Hoy el imperio familiar tiene más de un siglo. Aprovechando el retroceso de las (...)

Artículo completo: 2 117 palabras.

Texto completo en la edición impresa del mes de octubre 2019
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Alain Deneault

Profesor en el Colegio Internacional de Filosofía.

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