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Alianzas fluctuantes entre Pakistán, Arabia Saudita, India e Irán

Juegos de estrategia entre el Cercano Oriente y Asia del Sur

Durante el transcurso de los últimos seis meses, los acuerdos firmados entre Pakistán y Arabia Saudita, por un lado, y entre la India e Irán, por el otro, dejan pensar que se están constituyendo dos ejes bilaterales. Sin embargo, Irán y Pakistán están lejos de una ruptura, y el acercamiento indo-saudí continúa a pesar del golpe de estado del Primer Ministro hindú en Jammu y Cachemira.

Nadie se lo esperaba, pero, en 2015, Pakistán, preocupado por no molestar a Irán, se había negado a enviar tropas de refuerzo para respaldar a Arabia Saudita en Yemen. Aunque en aquel momento los lazos entre Islamadab y Riad se habían deteriorado, se hacen cada vez más estrechos desde entonces. Riad necesita a Islamadab por razones de seguridad, porque el ejército pakistaní –uno de los más efectivos del mundo musulmán– es el que más garantías ofrece a la familia real. Después del 2015, los pakistaníes multiplicaron los gestos de buena voluntad, como el nombramiento, en abril de 2017, del general Raheel Sharif, el ex jefe del Estado Mayor de los ejércitos, a la cabeza de la Alianza Militar Islámica contra el Terrorismo (Islamic Military Counter Terrorism Coalition), que podía implicarse en la guerra en Yemen, como lo recordó el Ministro de Defensa saudí. O también el envío, en 2018, de miles de soldados –además de los 670 que ya estaban presentes– a Arabia Saudita, oficialmente, para realizar tareas de formación y consejo.

Por otra parte, Pakistán depende económicamente de los saudíes, debido a los fondos que sus 8 millones de trabajadores exiliados envían al país (más de 20.000 millones de dólares en 2018-2019), y sobre todo a las donaciones e inversiones otorgadas por Riad al “país de los puros (5)”, crónicamente deficitario. La emergencia financiera es tan grande que, un mes después de su llegada al poder, el 18 de agosto de 2018, el primer ministro Imran Khan realizó su primera visita oficial al extranjero a Arabia Saudita y a los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Poco después, el príncipe heredero Mohamed Ben Salman anunció una donación de 3.000 millones de dólares y una posposición de la factura petrolera por el mismo monto, mientras que los EAU aportaron también, por su parte, una ayuda de 3.000 millones de dólares. Khan volvió a viajar a Riad en octubre de 2018 (6). Algunos meses más tarde, en febrero de 2019, Ben Salman dedicaba, por su parte, su primera visita “al este” a Pakistán. Prometió inversiones de 20.000 millones de dólares, de los cuales, 8.000 millones estarían destinados a la construcción de una refinería gigante en Guadar, el puerto en aguas profundas que los chinos desarrollan en el mar de Arabia en el marco de “nuevas rutas de la seda” (Belt and Road Initiative, BRI).

Limar asperezas
Durante el transcurso de esa visita, el príncipe heredero no se olvidó del plano diplomático. Además del anuncio de la liberación de dos mil pakistaníes prisioneros (sobre un total de tres mil), sedujo a Islamabad al denunciar las tentativas de “politización” de la lista de personalidades acusadas de terrorismo por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) –una manera de quitarle legitimidad a los esfuerzos de la India para inscribir en ella a Masood Azhar, el jefe de Jaish-e-Mohammed, un grupo terrorista con base en Pakistán que revindicó el atentado de Pulwama, en Jammu y Cachemira, el pasado mes de febrero (cuarenta soldados hindúes muertos). Sin embargo, Azhar fue incluido en la lista el 1 de mayo de este año.

Otros dos factores contribuyen al acercamiento entre ambos países. Por una parte, los saudíes y los pakistaníes aceptaron trabajar en conjunto a través de un acuerdo negociado en Afganistán, para evitar que India e Irán aprovechen la retirada estadounidense para reforzar sus lazos con Kabul. Para ello, Ben Salman parece contar con Khan, y aún más con el nuevo jefe del Estado Mayor del ejército, el general Qamar Javed Bajwa, a quien conoció durante su visita. Por otra parte, Islamabad intenta utilizar el canal de comunicación saudí para limar asperezas con Washington.

De hecho, aunque haya sacado provecho o no de la buena relación de Ben Salman con la Casa Blanca, el encuentro entre Khan y Donald Trump, el pasado 22 de julio, fue un éxito. El segundo cuenta con el primero para obligar a los talibanes a negociar con Kabul y para facilitar, de este modo, la retirada estadounidense de Afganistán, a cambio de algunas concesiones: se propuso desempeñar el rol de mediador entre India y Pakistán, principalmente en el conflicto de Cachemira –lo que sin lugar a dudas contribuyó a precipitar la decisión hindú de derogar el estatuto de autonomía del que gozaba Jammu y Cachemira– y prometió que Estados Unidos brindaría apoyo técnico para optimizar el uso de sus F-16.

Manzana de la discordia
Mientras que la dependencia de Pakistán con respecto a Arabia Saudita crece, se observa un acercamiento proporcional entre India e Irán. En diciembre de 2018, ambos países firmaron un acuerdo bilateral sobre el puerto iraní de Chabahar. Codiciado por Nueva Delhi desde hace varios años, se encuentra a un poco menos de 70 kilómetros al oeste del puerto afgano de Guadar, financiado por los chinos. Los hindúes ven en Chabahar un punto de (...)

Artículo completo: 2 643 palabras.

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Christophe Jaffrelot

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