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Washington contra Pekín

Estados Unidos parece estimar ahora que no puede enfrentar a China y Rusia al mismo tiempo. En las próximas décadas, su principal rival geopolítico será Pekín. Sobre este tema existe consenso entre la administración republicana de Donald Trump y los demócratas, aunque para las elecciones presidenciales del próximo año se enfrentan fuertemente. De este modo, China reemplaza al “imperio del mal” soviético y al “terrorismo islámico” como el principal opositor de Washington. Pero, a diferencia de la Unión Soviética, China tiene una economía dinámica, con la que Estados Unidos registra un déficit comercial abismal. Y su poder es singularmente más impresionante que el de decenas de miles de combatientes fundamentalistas que deambulan entre los desiertos de la antigua Mesopotamia y las montañas de Afganistán. Barack Obama ya había dado un giro de la diplomacia estadounidense hacia Asia y el Pacífico. A menudo, su sucesor formula esta nueva estrategia con menos elegancia y sutileza. Dado que, en su opinión, la cooperación es siempre una trampa, un juego de suma cero, el ascenso económico del rival asiático amenaza automáticamente el desarrollo de los Estados Unidos. Y recíprocamente: “Estamos ganando contra China”, dijo Trump en agosto pasado. Han tenido su peor año en medio siglo, y es por mi culpa. No estoy orgulloso de eso.” “No estoy orgulloso”, no es su estilo... Hace poco más de un año, permitió que las cámaras transmitieran en vivo una reunión de su gabinete. Y sucedió de todo: uno de sus ministros acogió con satisfacción la desaceleración del crecimiento en China; otro culpó a las exportaciones chinas de fentanilo por la epidemia de opioides en los Estados Unidos; un tercero atribuyó las dificultades de los agricultores estadounidenses a las represalias comerciales de China. Y finalmente Trump explicó la recalcitrante política nuclear de Corea del Norte por la indulgencia de Pekín hacia su aliado.

Para Washington, vender un poco más de maíz o productos electrónicos a China no es suficiente. Es necesario aislar a este rival cuyo Producto Interno Bruto se ha multiplicado por nueve en diecisiete años, necesitan debilitarlo, evitar que extienda su influencia y, se convierta en el igual estratégico de los Estados Unidos. Su flamante prosperidad no lo llevó a“americanizarse”, a ser dócil, los golpes no se moderarán. El 4 de octubre de 2018, el vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence, ya criticaba en un discurso extremadamente violento un “sistema orwelliano”, “autoridades que destruyen cruces, queman Biblias y encarcelan a creyentes”, “coerción de empresas, estudios de cine, universidades, think tanks, investigadores, periodistas estadounidenses”. Incluso detectó “intentos de influir en las elecciones presidenciales de 2020”. Después del “Rusiagate”, ¿un “Chinagate” que, esta vez, apuntaría a la derrota de Trump? Estados Unidos es definitivamente un país muy frágil...

*Director de Le Monde diplomatique.

Serge Halimi

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