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Tras el golpe constitucional de Narendra Modi

Aumenta la tensión en Cachemira

Desde su reelección, el primer ministro indio, Narendra Modi, multiplica los ataques contra los musulmanes. En Assam, el 31 de agosto, les quitó la nacionalidad a 1,9 millones de ellos. Tres semanas antes, había privado al Estado de Jammu y Cachemira de su estatuto especial, dividiéndolo en dos “territorios de la Unión”, más fáciles de controlar.

La derogación del artículo 370 de la Constitución india, que garantizaba la autonomía del estado de Jammu y Cachemira, se realizó entre gallos y medianoche, por decreto presidencial, en pleno verano, el 5 de agosto. La maniobra se asemeja a un “golpe de Estado constitucional, una completa traición al pueblo de Cachemira y a nuestra Constitución Federal” (1), subraya el ensayista y periodista Prem Shankar Jha.

El golpe estuvo muy bien orquestado. Algunos días antes, Nueva Delhi hizo evacuar a los turistas extranjeros del valle de Cachemira y a los peregrinos hindúes que se dirigían a Amarnath, en el Himalaya, bajo el pretexto de supuestas “amenazas a la seguridad”. Varios miles de soldados fueron desplegados en la región, sumándose a los 500.000 hombres ya en posición. Cerca de 4.000 personas, consideradas como potenciales “agitadores”, fueron detenidas, entre ellas había dirigentes políticos, incluso pro-indios, militantes, abogados, universitarios, periodistas, empresarios y ciudadanos comunes (algunos menores de edad).

Justo antes de la publicación del decreto, las vías de comunicación, las redes telefónicas e Internet fueron cortadas, se cerraron los establecimientos escolares, se prohibieron las reuniones de más de cinco personas y se redujo la libertad de circulación. Así, aislada del mundo exterior, Jammu y Cachemira quedó incomunicada hasta mediados de septiembre. Y, contrariamente a lo que pretende Nueva Delhi, la situación está lejos de haber “vuelto a la normalidad”.

Hasta ese momento, este estado disponía de una Asamblea elegida, de una Constitución y una bandera propias; además, el artículo 35A prohibía a los no cachemiros comprar bienes inmuebles en la región y acceder a cargos públicos. Al suprimir estas disposiciones, Nueva Delhi busca modificar la demografía local. El primer ministro, Narendra Modi, afirma inspirarse en Israel, cuyo “control” de la población palestina en Gaza y Cisjordania admira. “No queremos que Cachemira se transforme en Palestina”, responde Manish Tiwari, dirigente del Partido del Congreso, principal formación de oposición.

Un antiguo principado
Desde su prisión, Mehbooba Mufti, primera mujer en dirigir Jammu y Cachemira, logró concederle una entrevista a la British Broadcasting Corporation (BBC) a comienzos del mes de agosto: “Esta decisión hará de la India una fuerza de ocupación en Jammu y Cachemira. […] Al desmantelar el Estado y privarnos de manera fraudulenta de lo que nos pertenece por derecho, complejizaron el conflicto ligado a Cachemira. Lo único que quieren es ocupar nuestro territorio y hacer de este estado mayoritariamente musulmán, un estado como los demás, reduciéndonos al rango de minoría impotente” (2). Tras estas declaraciones, Mufti quedó incomunicada.

El alcance internacional de lo que Modi describe como “un asunto puramente interno” es tal que podría esperarse el desarrollo de una confrontación mayor, o incluso de una guerra abierta, en esta región inestable en la que dos potencias nucleares, India y Pakistán, se enfrentan desde 1947, fecha en la que lograron independizarse del Reino Unido. Ambos países libraron ya tres guerras abiertas: en 1947-1948 y en 1965 en Cachemira –que continúa siendo la manzana de la discordia–, y en 1971, respecto de Pakistán Oriental, que se convirtió en Bangladesh. El control del glaciar de Siachen también da pie a enfrentamientos esporádicos desde 1984.

La decisión autoritaria de Modi, en consonancia con su visión de India como hogar nacional hindú (hindu rashtra), sumergió al territorio del Himalaya en el caos y la incertidumbre. Fue ampliamente apoyada en el país, donde el ultranacionalismo hindú y la política identitaria avanzan viento en popa. La mayoría hindú estima que la minoría musulmana, en particular en Cachemira, se vio beneficiada por incontables regalos destinados a amansarla, y esta victimización está ahora en el centro del relato nacional. Según los ideólogos del régimen, Cachemira pertenece a India y debe ser tratada como cualquier otro estado de la Unión. Pero olvidan que cuando se alcanzó la independencia este territorio no pertenecía a India, ni tampoco a Pakistán.

La historia de Cachemira, larga, compleja y tortuosa, está compuesta por una serie de conmociones políticas y militares que pueden ser imputadas, en gran medida, al Reino Unido y a su herencia colonial. Cuando los británicos se retiraron del subcontinente, sólo una parte del territorio –las Indias británicas– estaba bajo el control de la Corona. El resto estaba compuesto por 565 Principados “soberanos” dirigidos por pequeños y grandes rajas, nababs y maharajas, algunos de los cuales reinaban sobre vastos reinos, otros sobre un puñado de pueblos. El más extenso, y el más diverso desde el punto de vista (...)

Artículo completo: 2 494 palabras.

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Vaiju Naravane

Profesora en la Facultad de Periodismo, Medios y Cine de la Universidad Ashoka, en India; directora del Centre for Social and Behaviour Change (Centro por el Cambio Social y Comportamental).

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