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En una zona costera de la Araucanía

Política forestal y cambios socio-ambientales

En Chile desde 1973 hasta enero de 2017 el área de plantaciones forestales aumentó en un 727%, creando uno de los sectores forestales más vigorosos del mundo basado en dos especies: pino y eucalipto. Para disminuir los costos y maximizar ganancias, las plantaciones se hacen en largas extensiones, se aplican fertilizantes, se cortan entre los 10 a 20 años dependiendo del fin para el cual se usará la fibra. Esto explica sus concentración espacial y alto impacto ambiental. Se estima que desde 1973 a la fecha el área de bosques nativo ha disminuido entre 1.037.000 y 782.120 hectáreas a nivel nacional (1). La Ley de Bosque Nativo, que demoró 16 años en ser discutida, no contiene un instrumento que sea eficaz en la conservación del bosque, ya que los subsidios a la conservación son engorrosos y entrega montos insignificantes si es que son comparados con los costos reales de conservar, lo que se exacerba en zonas más aisladas de Chile.

De acuerdo al relato de Don Anselmo, uno de los ancianos de la zona, hacia comienzos del siglo XX, cuando él llegó con sus padres en busca de oro, en toda esta zona vivían familias mapuche. Sin embargo, el área montañosa costera fue declarada fiscal y, así asignada a familias que llegaban de otros sectores de Chile central. La asignación de tierras por parte del Estado chileno a personas no mapuche se hizo en proporción al número de hijos varones de la familia por un ingeniero fiscal, llegando hasta las 100 ha por familia. Todos recuerdan como esta área estaba completamente cubierta por montaña. Se vivía en ranchas, de techo de ñochas (bromelias). La construcción de la casa era precaria, piso de tierra, sin agua corriente ni electricidad, lejana a hospitales y escuelas. El fuego se usaba para abrir espacios para cultivar trigo y tener algo de pastoreo para vacas y bueyes. Don Anselmo recuerda: “No voy a decir yo que me crié en la regalía más grande. No. Pero de comida sí, porque la gente hacía trabajos, hacían pedazo de roses, los trigos se daban buenos, pero ahora ya tienen que ser con abono”.

Hacia 1979 la gran mayoría de esta área estaba cubierta por bosques nativos, pero 35 años después casi la mitad del área de bosques nativos se ha perdido, dando origen a un 56% de las plantaciones forestales que se pueden encontrar hoy (2). Asímismo, gran parte de los bosques dio origen a pastizales y matorrales donde pasta el ganado. Si bien actualmente hay agricultura en esta zona, es campesina y de pequeña escala.

Hoy el paisaje combina plantaciones forestales, pastizales, matorrales y renovales de bosques nativos. Un sistema mecanizado de extracción de pinos y eucaliptos produce un flujo constante de transporte de maderas que, en tiempos de explotación, dominan los caminos. Para los campesinos la yunta de bueyes sigue siendo un medio fundamental para trabajar, los caminos hace 50 años eran un trazo entre bosques maduros, transitado por carretas elaboradas por las mismas familias campesinas. Llegar al pueblo más cercano tomaba cuatro días en caravanas donde la gente dormía debajo del carro en pieles de ovejas, con lluvia y frío. En el pueblo se vendían los productos y traían mate, azúcar y sal de vuelta.

Los mayores recuerdan que por lo duro del trabajo, todos eran más unidos. La Señora. María, una mujer de 60 años que vivió en Santiago y regresó a cuidar a su padre, hace memoria del sacrificio y la solidaridad: “Era complicado eso, pero si tengo un buen recuerdo de lo que era la gente, la gente era muy solidaria entre sí, porque tanto hombres como mujeres ellos trabajaban una jornada dura de trabajo igual que si les estuvieran pagando un sueldo brillante, trabajaban a todo dar, el otro devolvía mano de la misma manera y ellos unían esa fuerza y era una cosa muy bonita, lo que no se ve hoy día”.

La economía local dependía de los productos forestales y del conocimiento indígena. Los colonos cosecharon corteza de árbol “santo” (Saxegothaea conspicua) y Ulmo, (Eucryphiacordifolia), valiosas fuentes de colorantes y taninos. Las cortezas eran extraídas a mano para ser recolectadas, y traídas a carreta hasta Trovolhue donde había una incipiente industria de taninos, desde los cuales se extraía tinta, que se exportaba por un sistema fluvial de transporte hacia el tren y las metrópolis.

Llegan las forestales}}
Hacia 1950 se cultivaba en pequeñas áreas de tierra la frutilla nativa (Fragaria chiloensis), cultivadas durante al menos 1,000 años (3). Las frutillas eran la empresa que dio trabajo a este sector, ya que se hacía a mano sin pesticidas ni herbicidas, como recuerda Eleuterio, ex dirigente social de 54 años: “Métale limpiar la frutilla aquí, no es como ahora que hay tanto producto químico que, si queremos que el pasto suba esto, suba esto, si queremos que haya este otro, es este otro”.

Esta empresa de frutillas quebró hacia fines de 1960. Y según recuerda Eleuterio, eso fue lo que intensificó la producción de maderas nativas “Se terminó el tema de la frutilla y ¿qué vamos a hacer ahora? Y parecía que nunca más íbamos a tener una fuente de trabajo y que de ahí cuando se terminó la frutilla empezaron los verdaderos madereros a aserrar y todo el cuento, se trató siempre que fue una (...)

Artículo completo: 2 716 palabras.

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Dra. Daniela Manuschevich* y Dra. Melinda Gurr*

*Universidad Academia de Humanismo Cristiano
**Lahore University of Management Sciences

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