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Formación en ingeniería: actores sociales especializados, creativos y socialmente responsables

Al igual que todas las disciplinas, el desarrollo de la ingeniería responde a la matriz cultural y política de las sociedades. En la antigüedad, los ingenieros fueron a la vez arquitectos, constructores de fortalezas, templos y ciudades, agrimensores de caminos, diseñadores de armas de guerra y especialistas en sistemas de cultivos. El común denominador de todas estas facetas era el ser respetados por su ingenio puesto al servicio de otros, su capacidad de crear obras para los gobernantes y/o la población.

Es recién con la revolución científica del siglo XVII y, más tarde, con la revolución industrial de finales del XVIII, que el ingeniero se posiciona como experto en la resolución de problemas. Pese a este giro en la concepción de su rol social, a lo largo de la historia los ingenieros siempre se han asumido como sujetos políticos, en otras palabras, como promotores de las transformaciones o resistencias al orden social establecido.

En Chile, durante la construcción de la república, los ingenieros (siempre hombres hasta mediados del siglo XX) fueron actores claves para la influencia del Estado en los territorios. De esa manera triunfó, por ejemplo, la medida volumétrica del agua que exigió los litros/segundo en lugar del “regador de agua”, o el sistema métrico decimal, que se impuso con sus kilos y hectáreas a mensuras anteriores como las fanegas y cuadras.

La formación de ingenieros de élite surgidos en el siglo XIX fortaleció el proyecto productivista liberal, por ejemplo, a través de la construcción de infraestructura y la operación de empresas extractivas, acentuando las transformaciones sociopolíticas en los territorios, sobre todo a través del progresivo predominio de un tipo de racionalidad instrumental moderna, batallando contra los saber-hacer locales hasta someterlos, al menos en el plano formal.

La creación de la Universidad Técnica del Estado (UTE) en 1947, marca un punto de inflexión en la educación pública universitaria. Se trató sin duda de una iniciativa aprobada para responder al desafío que el país asumió en el marco del proyecto desarrollista. Sin embargo, además, la creación de la UTE marca un hito histórico, por cuanto representa también la conquista política y social de la Federación de Estudiantes Mineros e Industriales de Chile (FEMICH), quienes, provenientes en su mayoría de la clase trabajadora, habían sostenido una prolongada demanda por la obtención de títulos universitarios.

Durante el periodo de la dictadura cívico-militar que comienza en 1973, los esfuerzos de la institucionalidad estatal por reducir los ámbitos de acción e incidencia de la sociedad civil organizada, calaron profundo también en la —desde 1981— Universidad de Santiago de Chile. Es así que la formación de ingenieros/as conoce un revés en sus aspectos sociopolíticos y de vinculación con la realidad social y comunitaria, (...)

Artículo completo: 1 407 palabras.

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María Teresa Santander G, René Garrido L.*, Karin Baeza V**., Cristian Díaz C.**

*Directores Escuelas Internacionales Departamentos de Ingeniería Industrial e Ingeniería Geográfica, USACH.
**Directora de Género, Diversidad y Equidad, USACH.
***Subdirector de Relaciones Internacionales, Facultad de Ingeniería, USACH.

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