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En este numero:

- UNA NUEVA FUERZA PARA CHILE. Difícil pero no imposible. Por Carla Amtmann
- La utopía se adelanta siempre a la historia: volver a entusiasmarnos con la vía electoral. por Alex Ibarra
- Basta ya de proteger a los criminales: civiles y militares de la dictadura pinochetista. Por Enrique Villanueva

- Sumario completo



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76 años de "El Siglo" por Hugo Guzmán

Queridas y queridos colegas;

Estimadas autoridades, estimadas y estimados dirigentes sociales;

Compañeras y compañeros;

Amigas y amigos;

Estamos celebrando que el periódico El Siglo, permanezca ya por dos siglos. Dos siglos en los que nuestro pueblo supo y sabe de la existencia de El Siglo, que quiso y quiere ser una herramienta de información y análisis con un sentido de servicio social, ideológico y de contribución a la difusión de ideas y sucesos que marcan los procesos en nuestro país, enfatizando las propuestas y las demandas de los trabajadores, del pueblo, de la sociedad civil.

Son más de siete décadas de abnegada y valiente labor periodística, que se ha desarrollado en medio de dictaduras, de profundos procesos revolucionarios, de intensas luchas sociales y de permanente reivindicación de un periodismo popular, militante, creativo y contrahegemónico.

Queremos darles las gracias por estar hoy con nosotros, en lo que albergamos como un gesto de solidaridad y cercanía con El Siglo.

Particularmente, es significativo que hagamos esta actividad gracias a la generosidad del Museo de la Memoria y de los Derechos Humanos, donde se guarda y se expone una parte tan dramática como indesmentible de nuestra historia, en una contribución enaltecedora a la verdad.

El 31 de agosto de 1940 comenzaron a salir de ruidosas imprentas impregnadas de olor a tinta, de las manos de obreros tipógrafos y linotipistas, las rústicas páginas de este periódico, con la palabra dicha y escrita por trabajadores y dirigentes obreros que oficiaban el arte del periodismo autodidacta.

Hay que decirlo sin eufemismos ni complejos: El Siglo nació de las mentes, la laboriosidad y la esperanza de los trabajadores, como el diario de los trabajadores y al servicio del pueblo. Otros diarios habían surgido desde la oligarquía, desde familias aristócratas y millonarias, desde sectores conservadores. Ellos llegaban con su mensaje a la ciudadanía. Y se les cruzó en el camino un diario como El Siglo que es desde su nacimiento entonces, un medio contrahegemónico.

Este diario, por lo demás, es heredero de un formidable periódico de los obreros: El Despertar de los Trabajadores.

Jamás olvidaremos que este diario fue fundado no por un oligarca o un millonario, sino por un obrero tipógrafo, por un trabajador, por Luis Emilio Recabarren, fundador del Partido Comunista de Chile y gestor de la organización de los trabajadores chilenos.

Él mismo llegó a señalar que “la prensa obrera, tiene por misión sagrada, contribuir a la ilustración y difundir la cultura en las costumbres de los pueblos. Un periódico que llegue a las manos de un hijo del trabajo, debe ser un libro en el cual encuentre la savia vivificante para fortalecer el espíritu, cuando abatido por las luchas de la vida, se siente adormecer. Debe llevar en sus caracteres, palabras de enseñanza y de ejemplo, en estilo claro y correcto que revele la buena intención de la pluma que los traza. Debe rebatir las ideas del adversario o del amigo, cuando no las crea buenas, con cultura, moderación y altura de miras, procurando convencer al que se crea que marcha extraviado con buenas razones y con argumentos que se basen en la lógica y en un criterio sano y despejado”.

Son conceptos totalmente vigentes en el afán de hacer un periodismo de calidad y de profundidad que sea un aporte a la sociedad.

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Hoy nuestro periódico -que es el de ustedes- encara nuevos desafíos, en tiempos contemporáneos donde el periodismo y las comunicaciones adquieren otras dimensiones, con otras tecnologías y plataformas.

Desafíos en los que deben mantenerse soportes como fidelidad a la verdad, sagacidad en el análisis, templanza en el debate, diversidad y profundidad en los contenidos, oportunidad en la información.

También es necesario asumir una labor profesional, cuidadosa y prolija. No se puede asumir que la prensa popular, de función social, de izquierda, está atada a ser mediocre o inconsistente. Debe ser contundente y de calidad, porque ello contribuye a la credibilidad.

En esa ruta, el periodismo no puede convertir la información y su quehacer en mercancía, porque pierde fidelidad con su propósito de bien social. No se trata de vender más, sino de incidir más.

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Consideramos que al cumplir 76 años es una oportunidad para mencionar algunas cuestiones que están en la reflexión, en el debate y las propuesta de quienes estamos en el rumbo de la prensa contrahegómica y que se identifica con los de abajo, en contrapunto de la hegemonía mediática de los de arriba.

Un factor poco mencionado, tiene que ver con el respeto y transparencia hacia los lectores y receptores de los medios. Estos son tiempos que reclaman el explicitar las líneas editoriales de los medios de prensa, sobre todo para que la gente sepa a quiénes sirven, qué intereses resguardan y a quiénes pertenecen.

Esto lo hacen incluso diarios, revistas y cadenas televisivas de corte conservador en países europeos y norteamericanos, que llegan en editoriales a expresar a qué candidato presidencial respaldan.

Y es que en estos tiempos nadie se traga aquello de la prensa objetiva, neutra. Basta ver los editoriales de los dos diarios hegemónicos de nuestro país, para comprender que toman posiciones respecto a los procesos que se viven, estableciendo las tesis del miedo social, del malhumor social y un supuesto desorden en la gobernabilidad; en la historia se registra hasta el límite de apoyar un golpe de Estado para derrocar a un gobierno constitucional.

En ese marco, sin prejuicio alguno, y no regateando ni adornando el lenguaje, decimos que la línea editorial de El Siglo es de promoción y defensa de los derechos del pueblo y de los trabajadores, de defensa de la soberanía popular y del país, de apoyo a los procesos transformadores, de defensa de los derechos humanos, de respaldo a las fuerzas progresistas y de izquierda, de sentido latinoamericanista y de apego a la veracidad respecto a los procesos sociales.

Lo anterior no debe significar dogma, oscurantismo, consigna fácil, o sesgo, porque eso le hace mal a los medios sociales, a la prensa contrahegemónica.

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Otro asunto que parece cardinal hoy, es el de la batalla de las ideas, el de la lucha ideológica.

En nuestro país, en un marco global, lo que está en disputa es un proyecto progresista y un proyecto conservador. Hay una disputa entre ideas progresistas e ideas conservadoras. Eso es lo que cruza en lo sustancial y en el periodo, la realidad del debate ideológico y de los procesos políticos y sociales.

En ese contexto, estamos frente a la existencia de un sistema comunicacional e informativo hegemónico de corte conservador, que cumple un rol determinante en respaldar posturas retardatarias en la disputa con el progresismo.

Ello, por cierto, se acentúa desde los poderes fácticos, financieros y de derecha, cuando se enfilan con todo en contra de las propuestas de izquierda y transformadoras.

Existe un sistema hegemónico conservador expresado en la monopolización del avisaje estatal, en la concentración de la propiedad empresarial y monopólica de los medios, en la uniformidad informativa nacional, en el control de los mensajes masivos y en la imposición de una agenda noticiosa y analítica.

Es una verdadera joyita del sistema democrático chileno.

Las cosas son de tal envergadura, que hay analistas, con los cuales coincidimos, que señalan que hoy el sistema mediático hegemónico cumple un papel más preponderante en contra de las reformas y de las transformaciones, que la propia derecha orgánica. De alguna manera, los empresarios y los medios conservadores, se tomaron la vocería sustancial de la derecha, por arriba de los partidos de ese sector.

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Eso incluye, en la realidad de nuestros días, lo que se define como subjetividad neoliberal, como la penetración de valores conservadores e individualistas, la instalación de un ideario sustentado en satisfactores de lucro y en un esquema informativo de enajenación. Es por ello que hoy es tan vital la labor de la prensa contrahegemónica, progresista y popular en la lucha ideológica y en la batalla de las ideas.

Algunos analistas sostienen que si no se da o se pierde la lucha cultural, la lucha por la conciencia, la lucha cívica, la lucha de principios y valores, será más difícil, sino imposible, derrumbar el sistema neoliberal y conservador que, precisamente, tiene un soporte tremendo en el campo de la ideología.

Hoy la lucha por las reformas y las transformaciones, es una lucha ideológica, de ideas, de valores, es una lucha cultural. Eso debe estar latente en la prensa contrahegemónica. Las conversaciones que cruzan hoy a la sociedad chilena, deben ser parte sustancial de la prensa progresista y de izquierda. Por eso, sobre todo en los últimos tiempos, se abrieron aún más las páginas de El Siglo a distintas expresiones de pensamiento y análisis.

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En este contexto es ineludible hacer una referencia al Estado chileno y su deber en materia de comunicaciones, concebido como un Estado democrático y garante de derechos sociales.

Actualmente, el Estado no garantiza completamente el derecho a la expresión y a la información que debe estar consagrado para todas y todos los ciudadanos.

El Estado tiene una distribución inequitativa de su avisaje estatal, que es con dineros públicos. Es escandaloso que los medios conservadores y oligopólicos se opongan histéricamente a la existencia de prensa pública, estatal y social, que se opongan a cualquier tipo de subsidios o respaldo estatal a esos medios, pero no tengan problema en llevarse a sus bolsillos más del 70% de los dineros destinados a avisaje del Estado. El Estado persigue a las radios comunitarias, pero abre las puertas a monopolios radiales incluso extranjeros.

El Estado posterga una nueva legislación en comunicaciones, pero mantiene prerrogativas para los oligopolios y monopolios nacionales y extranjeros.

En este marco, hay que insistir en la necesidad de una nueva Constitución en donde se consagre el derecho a la información y la expresión del pueblo y donde se materialice una legislación que permita la existencia de un nuevo sistema de medios que garantice el desarrollo de prensa social, pública y privada, y la prevalencia del equilibrio y la diversidad informativa y comunicacional.

En estas semanas que se habla tanto de candidatos y muy poco de propuestas, deberíamos decir que un programa presidencial estará cojo y no será realmente democrático, si no plantea concretamente el abordar la democratización de las comunicaciones en Chile. Será un programa incompleto si no incorpora el compromiso concreto de avanzar en la repartición equitativa del avisaje estatal, sino plantea una reforma en la legislación de medios, si no expresa mecanismos de regulación de la propiedad de medios.

No puede ser que un nuevo gobierno progresista omita, nuevamente, avanzar en el tema de la democratización de las comunicaciones.

Estamos exigiendo en el siglo XXI en Chile, algo que está consagrado desde el siglo XX en la inmensa mayoría de naciones del mundo, con sistema de distinto corte ideológico.

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En materia de comunicaciones, es imprescindible confiar y amplificar nuestras propias fuerzas.

A estas alturas parece necio seguir apostando a que el eje del éxito es ganar espacio en los medios grandes que, por cierto, no son grandes medios. Debemos vencer complejos respecto a nuestros propios medios y contribuir a mejorarlos y potenciarlos.

Debemos apostar a la complementación de los medios, trabajando las redes sociales, los Portales informativos, los diarios, los espacios en radios y televisión, con una agenda comunicacional e informativa propia.

Que es una tarea gigantesca, no hay duda. En frente están los oligopolios y los monopolios periodísticos, televisivos y radiales que, proporcionalmente, tienen la hegemonía comunicacional privada y empresarial más grande América Latina, Norteamérica y Europa y que da cuenta de una de las falencias del sistema comunicacional y democrático del país.

Quizá no es aventurado decir que el plantear e implementar cambios profundos en el sistema de medios, en la democratización de las comunicaciones y el desarrollo de una prensa popular, social y progresista, es golpear parte del ADN de los poderes fácticos, financieros y de derecha. Ello hace más titánica esta labor y este desafío. No olvidemos que en países como Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador y Venezuela, uno de los ejes de los poderes de la derecha está en oponerse y torpedear avances en la democratización de los medios.

Por ello es importante construir, también en este ámbito, la correlación de fuerzas y el argumento macizo para progresar en materia de prensa.
— - Desde El Siglo no tenemos problemas en decir que hoy como ayer, dando cuenta de las realidades actuales, una prioridad -que no siempre logramos alcanzar por deficiencias propias o recursos precarios- es informar bien del proceso político y social que se vive. Es imprescindible informar bien respecto al proceso de reformas en ámbitos sensibles como la educación, la salud, el trabajo y las pensiones; es necesario informar sobre las razones de transitar hacia una nueva Constitución; dar cuenta de las movilizaciones sociales, ciudadanas y regionales en todas su expresiones; es fundamental no cegar en reportar todo lo concerniente a verdad y justicia y denuncia de las violaciones a los derechos humanos.

Sólo un dato. Hace tres meses, cuando arrecian las críticas de la mala situación de la economía y las supuestas afectaciones al país por las reformas sociales, el Boston Consulting Group, reportó que la riqueza de las familias multimillonarias de Chile creció 7.6% y alcanzó los 345 mil millones de dólares. Dinero que permitiría financiar educación, construir hospitales, mejorar las viviendas, y beneficiar no a diez, sino a centenares de miles de familias chilenas. Gran parte de esa riqueza financiera, fue apropiada del trabajo de millones de chilenos.

Consideramos que hay otros temas que deben inquietar hoy al periodismo contrahegemónico. Es el tratamiento de temas contemporáneos que parecen no estar en la prensa popular y de izquierda y que van teniendo una fuerte incidencia en la realidad de nuestras sociedades.

Debemos abordar con acuciosidad y profundidad el tema de los refugiados, más de 65 millones en el mundo, y mucho más de 6 millones en América Latina; las consecuencias del crimen organizado cuyo lucro ilegal llega a los 2 billones de dólares, que incluyen los 320 mil millones de dólares que mueve el narcotráfico; el drama de la trata de personas y el comercio sexual infantil, que ya llegó a Chile; la severidad de la hambruna a nivel mundial que afecta a 925 millones de seres humanos; la agresión al planeta y las afectaciones medioambientales; la discriminación a la diversidad sexual y la continuidad de la violencia contra las mujeres: no es posible que el 35% de las mujeres de todo el mundo, hayan sido víctimas de violencia física o psicológica; no es posible que en nuestras sociedades hayan cientos de millones de niñas y niños que sufren el abandono, la discriminación, el abuso y la invisibilización.

Muchas de esas realidades las constatamos en nuestra tierra, en estos días. Debemos estar encima de todo ello porque son fenómenos originados en el esquema neoliberal, en el diseño del lucro a toda costa, en la extensión de la corrupción de sectores de la política, en actuaciones ilegales de grupos trasnacionales, en el desprecio al ser humano, en la discriminación a extendidos sectores de la población, en la degradación de los recursos naturales. En segundo lugar, porque de esos temas nuestra gente debe estar informada, sensibilizada y atenta.

Hoy, en estas horas, se firma la paz en Colombia tras 52 años de conflicto armado. Son hechos que también queremos resaltar siempre en nuestra cobertura informativa, porque nos dicen mucho de cómo se asumen en nuestra región procesos complejos, dando la mirada alternativa a distorsiones en los medios grandes. Como lo que está ocurriendo en espacios claves de la geopolítica como la zona de Siria y el papel real de Rusia. O el lineal proceso de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

Las conversaciones que cruzan hoy a la sociedad chilena, deben ser parte sustancial de la prensa democrática, progresista y de izquierda. Por eso, sobre todo en los últimos tiempos, se abrieron aún más las páginas de El Siglo a distintas expresiones de pensamiento y análisis.

— - El Apostol de Cuba, José Martí, dijo que “sólo quien sabe de periodismo, y de lo costoso del desinterés, puede estimar de veras la energía, la tenacidad, los sacrificios, la prudencia, la fuerza de carácter que revela la aparición de un diario honrado y libre”. Y sentenció: “No hay cetro mejor que un buen periódico”.

En El Siglo simplemente tenemos la voluntad y el compromiso de ser un periódico que cumpla los preceptos del periodismo tenaz, prudente pero agudo, veraz y crítico, aportativo a la batalla de las ideas y a la difusión de las luchas multifacéticas por transformar a este país en una tierra más fértil en justicia, equidad y democracia. Se dijo que El Siglo debe ser el cañón de largo alcance…un cañón capaz de lanzar al aire palabras multicolores que contribuyan a pintar el paisaje de estas tierras y dibujar los contornos de una historia que se construye.

Somos un periódico que forma parte del conjunto de medios contrahegemónicos que pretenden aportar a la diversidad informativa y la democratización comunicacional, y que deberían ser reconocidos, consultados y aprovechados por las fuerzas políticas y sociales progresistas y populares, porque a ellas se deben.

Esta es ocasión de rendir un homenaje cariñoso y sincero a obreros linotipistas y tipógrafos, a trabajadores de imprentas, a encuadernadores, a periodistas, fotógrafos, caricaturistas, secretarias, vendedores, diagramadores, informáticos, que con su noble, anónimo y aguerrido trabajo consiguieron que El Siglo llegara a sus 76 años.

Mujeres y hombres que sacaron el diario en años de dictaduras, en tiempos de clandestinidad, en momentos de luchas abiertas e históricas, en un empeño incansable. Nuevas manos toman el bastón del relevo de quienes hicieron nacer y desarrollaron este periódico. Bastón que irá de mano en mano, para que El Siglo siga otros siglos, para que siga siendo parte de la historia del periodismo nacional y de las luchas de los trabajadores y del pueblo.

Resuenan en nuestras conciencias las palabras del Presidente Salvador Allende cuando señaló que “es necesario insistir en que el periodista de Izquierda tiene que sentirse cada vez más comprometido con la lucha del pueblo, más comprometido con la gran batalla de Chile”.

Ese compromiso se mantendrá en la tarea de informar, analizar, escrudiñar, criticar, ser prolijos.

Vendrán vientos nuevos, marejadas fuertes, brisas reconfortantes, y las hojas de El Siglo, impresas o virtuales, se desplazarán con sus letras seguras entre las manos y los ojos de los habitantes de esta tierra para saber más y mejor de lo que ocurre entre sus llanos, montañas y mares, seguros de que la historia la hacen los pueblos y parte de ella la escribe la prensa popular y digna.

Muchas gracias.

Hugo Guzmán
Director de El Siglo

 
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