Página de inicio

Colecciones

Publicidad

Suscripciones

Libros

Librería

Postgrados y postítulos

AGENDA - Encuentros

Fotos

Contáctenos

Otros sitios


Se puede imprimir

En este numero:

- Fundaciones
- Diversidad versus igualdad
- Cóleras populares

- Sumario completo junio de 2008





Sobre el autor

Carmen Norambuena
Profesora Titular de la Universidad de Santiago de Chile. Doctora en Historia de América. Especialista en temas de población, migraciones y exilio. Actual Decana de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Santiago de Chile (Usach).
plus...



Página de inicio >> Junio de 2008

“Chile se ubica, Chile está, Chile es…”

- Voto de los chilenos desde el extranjero: las lecciones de otros países conosureños.

por  Carmen Norambuena

El sentimiento del amor al terruño es tan antiguo como el hombre mismo. Los documentos históricos y literarios así lo testimonian; los propios textos bíblicos están poblados de narraciones que atestiguan el dolor de quien abandona su lugar de origen. La huida, el ostracismo, el exilio, la deportación constituyen una de las mayores afrentas e ignominia que el hombre ha debido soportar a través de la historia.

En nuestro pasado colonial, son conocidos los sentimientos de los padres jesuitas que, debido a la real orden de expulsión, de 1767, debieron abandonar las tierras americanas rumbo a Europa. Aun cuando muchos de ellos no eran oriundos de América, habían desarrollado en estas tierras su vida y ministerio evangelizador, por lo que el destierro les impactó de tal manera, que sus testimonios expresan el sufrimiento y dolor experimentado.

En el siglo XIX, son abundantes los relatos de muchos chilenos que por diversas circunstancias, obligadas o voluntarias, debieron vivir fuera de Chile. Más cercano a nosotros, en el último tercio del siglo XX, la ola de golpes militares que conmovió al cono sur americano provocó la salida de cientos de miles de personas siguiendo las múltiples direcciones de la rosa de los vientos. Unos y otros llevaban entre lo más preciado, como bagaje inalienable, ese imaginario constituido por recuerdos, historias cercanas, lazos familiares, formas de sentir y de vivir que les permitió sobrellevar la lejanía del suelo que los vio nacer y crecer. Allí alojaron otros “Chiles” y, allí, quieren seguir siendo reconocidos como tales.

Se ha dicho que entre los derechos básicos de las personas está el derecho a vivir en su patria, el derecho a la libre movilidad; sin embargo, cuando las circunstancias devienen en una partida, en una migración o en un exilio, los derechos se amplían a otros no menos significativos para aquellos que sobrellevan la expatriación. En ese momento, los derechos que se reclaman son el derecho a ser acogidos y, por cierto, el derecho al retorno. A juicio de muchos -y nuestro-, debería incluirse, el derecho a no perder los lazos de unión con su país y el de estar ligado a sus ancestros, lo cual se debe traducir, expresamente, en no perder nacionalidad y el derecho de ejercerla, entre otras formas, a través del derecho a voto.

Cifras estimativas señalan que hoy viven fuera más de un millón de compatriotas. Antiguos y nuevos migrantes, que por razones políticas, económicas o de índole familiar han debido abandonar el país y conforman los otros “Chiles” distribuidos hasta en los más apartados confines del planeta.

¿Por qué los chilenos que viven fuera no tienen el derecho a voto?

Más de una década lleva una propuesta de ley (que el diputado Carlos Dupré presentara en la Cámara baja y que fuera aprobada y luego suspendido su trámite) sobre el voto de los chilenos en el exterior y aún no es posible llegar a acuerdos. Otras dos o tres iniciativas posteriores también han fracasado. Independientemente de las razones que para tales efectos se hayan esgrimido, el tema es que a miles de nuestros compatriotas se les impide ejercer un derecho tan simple como el de seguir siendo ciudadano de su país de origen, sin importar el lugar y tiempo donde resida.

La reciente presencia en Santiago de Chile de la Ministra de la Secretaría Nacional del Migrante del Ecuador, ha contribuido a revivir el debate del tema de los chilenos en el exterior. La académica y Secretaria de Estado presentó la política que esa nación está implementando para el regreso voluntario de sus migrantes, a través del llamado “Plan Nacional de Desarrollo Humano para las Migraciones”. La cifra de nacidos en ese país que hoy reside fuera de sus fronteras nos asombra: uno de cada cuatro oriundos de esa tierra ecuatoriana vive fuera de ella. A nuestro juicio, el mensaje más valioso que esa nación está planteando es un concepto que debe invitarnos a meditar: la idea de “comunidad geográfica histórica”. El gran alcance de este postulado es la concepción de nación que involucra al señalar que “el Ecuador constituye una unidad geográfica e histórica de dimensiones naturales, sociales y culturales, legada por sus antepasados y pueblos ancestrales”.

Para ello están trabajando en una de las mesas de la Asamblea Nacional Constituyente, que el Ecuador ha votado para la posterior elaboración de una nueva Constitución. En el apartado “por la dignidad nacional y ciudadanía universal”, figura el tema de las migraciones, desde la perspectiva de la movilidad humana y con un enfoque transversal en la Constitución. Así, “Ecuador propugna el principio de la ciudadanía universal, el cual reconoce a todo ser humano su dignidad plena como titular de derechos y deberes más allá de su nacionalidad, del país en que resida, de su condición migratoria y del grupo de movilidad humana al que pertenezca”.

¡Qué gran lección nos está entregando el Ecuador!
La normativa que Chile se dé respecto de los connacionales migrantes, ad portas de un nuevo centenario es sin duda, uno de los temas más relevantes a debatir. Del mismo modo, las políticas públicas que de ellas deriven, deben, de manera imperativa, involucrar no sólo al ciudadano migrante, no exclusivamente al Estado chileno, sino que deben asumirse como tarea de todos. Y esto no como declaración de buenas intenciones, sino que deben conjugarse la acción de la escuela, de los medios de comunicación, del mundo político, empresarial, en fin, cada cual desde su función específica debe abordarlo. Es por eso que la decisión gubernativa debe ir acompañada de políticas públicas eficaces.

La presidenta Michelle Bachelet preside, a partir de este 24 de mayo, el primer año de existencia de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), que reúne a los integrantes del MERCOSUR, más los del CAN, más Chile, Guyana, Surinam y Venezuela.

Desearíamos que este nuevo esfuerzo en pos de la integración de las naciones suramericanas, incluyera entre los temas de gran relevancia -como la integración física a través de la reactivación de los llamados “corredores bioceánicos” o, como los referidos a la energía y sus derivaciones- el tránsito de migrantes de un país a otro. Más aún, que al migrar no perdieran sus más elementales derechos como personas y como ciudadanos. Es decir, el derecho a seguir siendo chilenos, no obstante donde vivan. Constituyendo pequeños “Chiles” o “Chilitos”. Chile se ubica, Chile está, Chile es, allí donde residen los chilenos, tal y como lo han definido y proclamado ya otras naciones. En su Mensaje del 21 de mayo, en tono imperativo la Presidenta Bachelet expresó: “Voto a los chilenos en el exterior, ahora ya. Porque la verdad, estimados amigos y amigas, que Chile tiene dos caminos: o la inclusión o el desarraigo y ningún país se hace grande cerrando las puertas a sus compatriotas que viven más allá de sus fronteras. Cumplamos la palabra”. Esta es la esperanza de “todos” los chilenos.

 
Contáctenos | Todos los derechos reservados | Todos derechos reservados © 2012 Le Monde diplomatique.