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En este numero:

- Un año de gobierno de Alan García
- Por una verdadera solución
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- Sumario completo agosto de 2007





Sobre el autor

Bernard Cassen
Director General de Le Monde diplomatique.
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Página de inicio >> Agosto de 2007

El derecho a trabajar en su propio idioma
Contra el “todo en inglés”

por  Bernard Cassen

“Batalla perdida de antemano”, “rechazo de la modernidad”, “tufillo a chauvinismo”, “a proteccionismo” e incluso “a nacionalismo”, “a colonialismo”, y podríamos seguir la lista... Si en algo sintonizan, en Francia, buena parte de la extrema izquierda, la izquierda “bobo” (burgueses bohemios) y algunos sectores aparentemente progresistas, con los gendarmes de la globalización liberal –“élites” de la comunicación y los medios, directivos de los grandes grupos industriales y financieros, funcionarios de alto rango- es en espetarle alguna de esas descalificaciones a todos aquellos que se empeñan en reivindicar el derecho a crear, contratar, trabajar, acceder a la información y a la diversión en su idioma, en este caso el francés.

Desde 1994, este coro alzó su voz contra la ley Toubon “relativa al uso de la lengua francesa”, aún vigente, y que entre otras disposiciones, tiene la arrogancia de exigir el uso obligatorio, aunque no exclusivo, de la lengua francesa, para los empleados de cualquier empresa instalada en Francia. Quien había dado la nota en la tapa de Le Monde era Edwy Plenel: según él, esta ley expresaba “la añoranza de una Francia extinguida, que impuso su lengua a través de su poderío colonial, imperial, diplomático, económico”, y no era más que “la puesta en escena de la nostalgia de una gloria muerta, la expresión de una decadencia a la que no nos resignamos, pero que somos incapaces de conjurar”.

Todo lector del texto incriminado –que en ningún pasaje alude al lugar del francés en el mundo- es inducido a interrogarse retrospectivamente sobre el sentido de este ejercicio de “decadentología” aguda. Si tomamos distancia, podemos presumir que la intención era señalizar y preparar el terreno para la denuncia, por parte de Philippe Sollers, de una Francia “enmohecida”, y en contraste con ella, para la promoción de la “globalización feliz”, por parte de Alain Minc, que había precisado su camino de acceso: la imposición del inglés como materia obligatoria en el sistema educativo...

Texto completo en la edición impresa de agosto de 2007.
En venta en quioscos, librerías,
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