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En este numero:

- El modelo convencional de producir alimentos en Chile y de la ausencia de políticas de desarrollo agrícola. Por Rodrigo Mundaca
- La pedofilia y la riqueza. Por Alicia Gariazzo
- Argentina, la defensa del petróleo se inscribe en su derecho como nación independiente y auto determinada por Enrique Villanueva

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Creatividad y liberación en la canción popular que resiste. Entrevista de Alex Ibarra a Eduardo Peralta

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Entrevista a Eduardo Peralta (E.P) Músico. Realizada por Alex Ibarra Peña (A.I) Colectivo de Pensamiento Crítico palabra encapuchada.

A.I: Eduardo, gracias por aceptar la entrevista. Eres parte de los artistas chilenos que les tocó vivir en tiempos de censura y persecución política, asumiendo un autoexilio, debido a tu pertenencia al movimiento del Canto Nuevo que realizaba resistencia al control hegemónico comunicacional de la dictadura. Siendo parte de este movimiento musical y desde una perspectiva testimonial, ¿qué aportes te parecen los más significativos para nuestra historia musical sea en términos estéticos o sociales-políticos?

E.P: El Canto Nuevo aportó una mirada más trovadoresca, más lírica y con mayor preocupación por el protagonismo de la guitarra (pienso en Gatti y Moraga, por ej.) También los elementos de humor e ironía aportaron otro punto de vista, con el retorno a Chile en los 80 del Payo Grondona y el Chere Arenas, que también colaboraron con su canción menos épica, más lúdica, más de juegos de palabras, que influyó bastante a varios creadores, y se desmarca bastante de los ponchos oscuros…

A.I: A tu regreso en la década del 80, junto con otros músicos como Pedro Yañez, te destacas en el oficio de payador. Este oficio musical y poético ha seguido vivo hasta nuestros días incluso en espacios urbanos.¿Cuál es la importancia que le viste a este oficio? ¿Tienes una evaluación sobre el movimiento actual de los payadores urbanos?

E.P: Es Pedro Yáñez quien rescató de la muerte el oficio de payador en Chile, junto a otros pocos colegas que lo acompañamos como pudimos en tiempos en que no había precisamente apoyo estatal a la cultura. La Paya en Chile no solo resucitó, sino que ahora hay muchos nuevos cultores, guitarroneros e improvisadores que hacen esperar una larga vida para este oficio. Tanto en dictadura como en democracia, la Paya ha sido una especie de terapia colectiva, en que la gente pide los temas, los pies forzados que se le ocurren, y los payadores improvisan, desde lo filosófico, lo político y lo humorístico, in situ, provocando muchas veces una complicidad muy fina, entrañable, entre payadores y público, que en tiempo de dictadura pienso que fue una importante válvula de escape. El disfrutar el escenario, además, yo lo aprendí en la praxis de la Paya, que significa dos en aymara (es decir, no existe payador solo!).

A.I: Tu interés por la poesía ha sido una constante en tu trayectoria artística, ya sea como trovador, payador, pero también recuperando parte de la tradición poética chilena y latinoamericana en tus presentaciones y grabaciones. ¿Consideras que la música es poesía o es algo distinto? ¿Qué le aporta la poesía a la música?

E.P: En el siglo XII y XIII en el Mediodía de Francia, en Galicia, en Austria, los poetas eran los trovadores, fue el Renacimiento el que especializó a los artistas. La hermandad de poesía y música es evidente. Huidobro hablaba de la música interior, y el soneto –que sigue practicándose hoy en día con fuerza- es una palabra italiana que tiene que ver con lo “cantábile”. Los sonetos son canciones! Yo creo que hay que cantar a los poetas, y por eso les he dedicado dos CDs, que llegan a 33 poetas chilenos musicalizados. El más reciente fue Nominado al primer Premio PULSAR, lo que es una gran cosa, pues fue el CD Encanto de las Lluvias, poetas nacidos antes de 1900, los más olvidados en nuestro país, de por sí desmemoriado culturalmente!

A.I: Una fuerte influencia reconocida en tu trabajo es la influencia de Georges Brassens. Dicho músico inspira el espacio que creaste para difusión de la música en el Mesón Nerudiano. ¿Qué te motivó a crear este espacio que se terminó convirtiendo en un lugar significativo para la difusión de música de calidad?

E.P: Mucha gente me decía en dictadura: “¿Por qué cantas esas canciones francesas? ¡Hay que cantar canciones comprometidas!” Claro, Brassens no es el discurso político tradicional, ni panfletario ni partidista, sino anarco, libertario por antonomasia, en que el humor, la ironía y hasta el sarcasmo poético tienen espacio. Yo siempre consideré que había que tener cojones para cantar ese mensaje laico de Brassens, tanto en dictadura como en democracia (El Gorila, El Mal Sujeto Arrepentido, la Guerra del 14, Puta de Ti), pues el nuestro es un país inquisitorial, fundamentalista, y hace bien despeinar un poco el cartuchismo político y religioso. En eso Brassens ha sido clave, pues además de filosófico, su canto es de alto vuelo poético, y no es fácil adaptarlo al castellano... Gracias a ese trabajo, en todo caso, he recibido mis únicos Premios de alto nivel, desde Francia, no en Chile.

A.I: Una característica que considero importante destacar de los “Lunes Brassensianos” es que es un espacio de colaboración entre los artistas. Logras aquí, dada tu capacidad, establecer una suerte de diálogo de estilos musicales. ¿Qué nos puedes comentar de esta experiencia de ir poniendo en diálogo distintos estilos musicales y concepciones estéticas? ¿Cuál es la opinión que nos puedes relatar de los músicos que han participado de esta experiencia?

E.P: El refugio subterráneo –no antiaéreo, sino anticonvencionalismo- en que se ha convertido el Mesón es uno de los regalos más hermosos que he podido recibir y entregar durante ya más de 18 años, todos los Lunes que estoy en Santiago. Luis Vera ha sido un notable anfitrión, casi siempre recitando a Neruda y otros poetas al inicio de los conciertos. Claro, el diálogo fructífero, muchas veces improvisado, con artistas tan diversos como Felo, Carmen Prieto, Flopy, Pedro Yáñez, Cristina Gálvez (que ahora vive en Münich), Hugo Moraga, Cecilia Echeñique, Zeca Barreto, Tito Escribar, Hugo González, Jorge Campos, Cecilia Frigerio, y tantos otros (suman 350 los artistas invitados), hacen que cada Lunes sea un prodigio, algo diverso, algo nuevo, la posibilidad de encuentro súbito, poetas que de pronto suben al escenario a leer sus versos (Oscar Hahn, Floridor Pérez, Manuel Silva Acevedo…), el privilegio de tener un lugar donde estrenar canciones recién hechas, con gente atenta, interesada… Lo que cuesta es difundir esta maravilla, pues el Lunes es un día difícil, y ya van más de 700…!

A.I: Desde esta misma experiencia que comentábamos recién, se puede advertir que eres un observador privilegiado de parte del actual movimiento musical chileno. ¿Consideras que estamos en un momento importante para la historia de la música chilena? ¿Con el riesgo de lo polémico e injusto que puede ser, te atreverías a destacar algunos nombres que se destaquen por su calidad y novedad?

E.P: Estamos en un momento de muchísima creación y de pésima difusión, lo que hay que mejorar... Las mujeres en particular han crecido mucho en calidad y cantidad en el tema trovadoresco. Hay muchos nuevos creadores que me interesan, te puedo mencionar a algunos que he escuchado, especialmente gracias a los Lunes: Pato Anabalón, Manuel Huerta, Pancho Villa, Cecilia Concha Laborde, Catalina Claro, Nelson Poblete (que vive en Barcelona), Tata Barahona, Eli Morris, Magdalena Matthey, Paula Herrera, Fabiola González, Isa Bornau, Natalia Contesse, Geraldine Thenoux, Maida Larraín… (Hay muchos y muchas más, lo que da esperanza)

A.I: Hace poco asistíamos a una discusión en torno a la difusión de la música chilena en las radios que lamentablemente no tuvo tanto interés público. Hay visiones críticas en torno a esta ley con argumentos interesantes que cuestionan el hecho de si la ley efectivamente cumple un ejercicio real de difusión y de apoyo a la creación musical nacional. ¿Nos puedes compartir tu opinión?

E.P: Muchos de los nombres de la TV actual son los mismos de la dictadura, muchos de los dueños de las radios igual, son nombres que se repiten y que siguen erigiéndose en monopolio hegemónico de “lo que existe”, y se entiende que se aferren a su feudo, ganan sueldos millonarios y disfrutan de una “popularidad” cacareada en diarios y radios que difunden lo mismo. La única ley que serviría es democratizar de verdad los medios de comunicación, que no son ni siquiera chilenos en algunos casos. La música que ofrecen tipo clan gigante o calducho de liceo es de bajo nivel… El mendrugo que ofrecen los medios en Chile a la Cultura –la diversa, la creativa, la aportadora, la que entusiasma, emociona, divierte y libera- es inaceptable!

 
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