El nuevo “Gran Juego” está en su apogeo. Esta vez, el petróleo y el gas se ubican en el corazón del conflicto. Pero la demanda de hidrocarburos no explica por sí sola la batalla que libran las grandes potencias para apoderarse de los yacimientos de las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central y del Cáucaso, que con el derrumbe de la URSS en 1991 escaparon a la influencia de Moscú.
El oro negro y el oro gris representan también el medio para una lucha de influencias destinada a controlar el centro del continente euroasiático. Por intermedio de majors petroleros, los oleoductos son como largas cuerdas que permiten a las grandes potencias amarrar en su seno geoestratégico a los ocho Nuevos Estados Independientes (NEI) de la región.
El “Gran Juego”, expresión que se ha convertido en legendaria con Kim, la novela de Rudyard Kipling, designaba en el siglo XIX la lucha de influencias entre grandes potencias, en muchos aspectos similar a la actual. En aquella época, lo que estaba en juego era lo que en ese entonces se conocía como “las Indias”, la joya de la corona británica codiciada por la Rusia Imperial. El combate duró un siglo y terminó en 1907, cuando Londres y San Petersburgo acordaron la división de sus zonas de influencia mediante la creación de un Estado tapón entre ellas: Afganistán. El acuerdo perdurará hasta 1991. “Hoy, si bien cambiaron los métodos y las ideas en cuyo nombre actúan las potencias, si los protagonistas no son los mismos, el objetivo último perdura. De una u otra manera, se trata de colonizar Asia Central con el fin de neutralizarse los unos a los otros. Es verdad que el gas y el petróleo se desean por sí mismos, pero también como un medio de influencia”, explica Muratbek Imanaliev, ex diplomático kirguizo (y antes soviético), que preside el Institute for Public Policy en Bichkek (Kirguizistán).
A partir del derrumbe de la URSS, los NEI ven en el petróleo un medio para alimentar su presupuesto y consolidar su independencia respecto de Moscú. A fines de los años ’80 la empresa estadounidense Chevron codiciaba el yacimiento de Tenguiz, uno de los más grandes del mundo, situado al oeste de Kazajstán. En 1993 adquirió el 50%. Del otro lado del mar Caspio, el presidente azerí Gueidar Aliev firmó en 1994 el “contrato del siglo” con empresas petrolíferas extranjeras, para explotar el campo Guneshli-Chirag-Azeri.
Texto completo en la edición impresa de julio de 2007.
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