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Sobre el autor

Ibrahim Warde




Página de inicio >> Junio de 2006

EL escándalo Clearstream
Desregulación financiera, lavado de dinero y terrorismo

por  Ibrahim Warde

Clearstream. La palabra significa “arroyo claro”, pero también puede querer decir “corriente de agua que limpia”. El escándalo folletinesco que sacude a la sociedad de compensación luxemburguesa y salpica a los ámbitos dirigentes franceses da cuenta del carácter doble de la globalización financiera: la promesa de limpidez y el riesgo de lavado de dinero. Gracias a la revolución informática y a un mercado omnisciente y autorregulador, la globalización financiera debía traer consigo sus propios mecanismos de autodefensa. Pero en este mundo donde “el lenguaje está codificado, los no iniciados son dejados de lado, las reglas rara vez escritas y comunicables “, aparecieron enseguida enormes “agujeros negros”.

En 1998, en una obra titulada La nueva guerra, el senador estadounidense John Kerry observaba que “la apertura de las fronteras al comercio internacional y la autopista de la información beneficiaron a los terroristas tanto como a los hombres de negocios honestos y a los criminales”. En 2005, Moisés Naim, jefe de redacción de la revista Foreign Policy, señalaba que, lejos de limitarse a los márgenes de la economía global, las actividades ilícitas habían logrado instalarse en el corazón del sistema. El negocio más lucrativo que existe, el del crimen, había gangrenado la economía mundial. El terrorismo y la proliferación nuclear, el comercio de armas y de droga, la falsificación y la piratería, la trata, el tráfico de órganos, la evasión fiscal y el lavado de dinero, todos crecían considerablemente.

En un sistema fundado en la rapidez, la eficacia y el anonimato, los operadores más flexibles disponen de una ventaja sobre las autoridades políticas y judiciales, en la medida en que los reguladores nacionales se evaporaron en beneficio de un régimen de regulación global de contornos tan inestables como inciertos. Establecidas por ciertos organismos internacionales (como la Organización Mundial del Comercio, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Banco de Pagos Internacionales, el Grupo de Acción Financiera Internacional o el Comité de Basilea), las reglas del juego son ampliamente controladas por los países más poderosos (Estados Unidos a la cabeza), con el apoyo de establecimientos privados poco conocidos públicamente; entre ellos se encuentra Clearstream, descripta en estos términos por su antiguo jefe, André Lussi: “Los bancos tienen clientes, y nosotros tenemos a los bancos como clientes… somos como los escribanos del mundo.”

Texto completo en la edición impresa de junio de 2006.
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