En la traducción de Périès de El PrÃncipe de Maquiavelo, su capÃtulo XVIII titulado "De cómo los prÃncipes deben cumplir sus promesas" […] trata una cuestión de máxima actualidad: no sólo el respeto a los armisticios, los alto al fuego, los tratados de paz, sino también –y en el fondo como lo es siempre, ya que constituye la propia estructura de cualquier contrato y juramento– el respeto a las promesas de los soberanos ante una institución o tercero calificado, autorizado: por ejemplo, el respeto o no a las resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) por Estados Unidos o Israel, todo lo relativo a las resoluciones y también a los compromisos contraÃdos por la ONU referidos al terrorismo llamado internacional (noción que esta misma Organización considera problemática) y las consecuencias que en la actual situación tuvo para ella la autorización dada a Estados Unidos a fin de que asegurase su legÃtima defensa por todos los medios que él solo considerara apropiados.
Ahora bien, en el capÃtulo sobre la promesa que deben cumplir los prÃncipes, acerca de la cuestión de saber "Cómo los prÃncipes deben cumplir su promesa’" o "Si los prÃncipes tienen que ser fieles a sus compromisos", la misma cuestión (…) parece inseparable de la de "propio del hombre". Y esta doble cuestión, que en verdad parece ser sólo una, es tratada de manera interesante. Por allà vemos pasar al lobo, pero también a animales más heterogéneos.
En efecto, la cuestión de lo que es propio del hombre ocupa el centro de un debate sobre la fuerza de la ley, entre la fuerza y la ley. Es este capÃtulo, que se considera uno de los más maquiavélicos y no sólo maquiavélicos de Maquiavelo, empieza por admitir un hecho -subrayo la palabra hecho-: de facto, se juzga loable la fidelidad de un prÃncipe a sus compromisos. Es elogiable, convengámoslo. Tras lo que parece una concesión (sÃ, por supuesto es elogiable, es un hecho reconocido que, en tanto prÃncipe, en tanto derecho, un prÃncipe deberÃa cumplir con su promesa), Maquiavelo vuelve pues al hecho, que en realidad nunca ha abandonado. (…) Pocos prÃncipes son fieles, pocos prÃncipes respetan sus compromisos y la mayorÃa utiliza la astucia; casi siempre son astutos en lo relativo a sus compromisos. Dado que en verdad se ven obligados a serlo...
Texto completo en la edición impresa del mes de enero/febrero 2009
a la venta en quioscos, librerÃas
y en la librerÃa de Le Monde Diplomatique
San Antonio 434, local 14, Santiago
Teléfono: 664 20 50
E-mail: edicion.chile@lemondediplomatique.cl
Adquiéralo por internet en:
www.editorialauncreemos.cl