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En este numero:

- La batalla Venezuela
- Un “rigor” que no servirá para nada
- El “terrorismo incipiente” llega a Chile

- Sumario completo septiembre de 2010





Sobre el autor

Serge Halimi
Director de Le Monde Diplomatique.
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Página de inicio >> Septiembre de 2010

Fotografías sin Luces

por  Serge Halimi

El mes pasado, Bibi Aisha fue portada de Time Magazine (9 de agosto de 2010). Mutilada, según dicen, por talibanes afganos, Aisha ya no tiene nariz ni orejas (1). En Irán, Sakineh Mohammadi-Ashtiani, azotada por adulterio, fue condenada además a la pena de lapidación. Su rostro aún intacto se convirtió en un símbolo de unión contra el régimen de Teherán.

Ambas imágenes de mujeres hacen pensar, pero ¿en qué? No en la ferocidad de los islamistas afganos: los soviéticos ya la habían sufrido en una época en que, con la bendición de los intelectuales mediáticos, los occidentales armaban a los fundamentalistas. Las fotografías nada nos dicen tampoco sobre el régimen del presidente Mahmud Ahmadinejad: los fraudes electorales de sus partidarios y la represión a sus opositores, que incluye ahorcamientos, fueron sus rasgos característicos.

En lugar de llamar a la reflexión, ¿acaso estas imágenes no corren el riesgo de limitarla adosando –intencionalmente o no– un símbolo irresistible (mutilación que se desearía castigar, ejecución que se querría impedir) a un proyecto estratégico arriesgado (continuación de la guerra en Afganistán, escalada de las sanciones contra Irán)? Cuanto más poderoso es el símbolo, menos debe argumentarse el proyecto, ya que la emoción permite lo que la reflexión hubiera detenido. Para darle un sentido a su relato del tormento de Aisha, Time Magazine tituló: “Lo que sucederá si abandonamos Afganistán”. Unos días antes, 77.000 documentos publicados por Wikileaks habían confirmado sin embargo el fracaso moral, político y militar de la guerra occidental. Pero el impacto de una imagen exige menos tiempo que el análisis de varios miles de páginas. Una fotografía contra las Luces.

Durante mucho tiempo, los partidarios de la pena de muerte justificaron ese suplicio utilizando como argumento un horrible asesinato, preferentemente el de un niño. Cámaras de vigilancia, exámenes sistemáticos para la detección de drogas, condenas a prisión inconmutables, castración química de los delincuentes sexuales: numerosas medidas que atentan contra las libertades públicas –como la de transitar sin ser observado ni fichado– se adoptaron como consecuencia de una fotografía impactante, de un delito que el dispositivo en cuestión tal vez hubiera prevenido. Ciertamente, un “símbolo” puede también relevar combates justos; piénsese en Guernica o en Abu Ghraib. Pero una movilización impulsada por este único resorte será rápidamente reemplazada por otras emociones contrarias, a tal punto es inagotable el stock de víctimas disponibles. ¿Se producirán mutilaciones “si abandonamos Afganistán”? En todo caso, “nuestra” presencia no impidió las que se cometieron… A los talibanes no les faltan fotografías de civiles amputados o asesinados por misiles occidentales. Un día Time Magazine tal vez publique alguna. ¿La pondrá en tapa? ¿Y cuál será su leyenda?

1 En realidad, según una periodista estadounidense que conoce a Aisha, fue su suegro quien la habría desfigurado, para vengar su “honor”, con el posterior aval de los jefes de su aldea. Véase Ann Jones, “Afghan Women Have Already Been Abandoned”, The Nation, Nueva York, 12-8-10.

*Director de Le Monde diplomatique.

Traducción: Gustavo Recalde

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