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- LE MONDE DIPLOMATIQUE Nº 192 en quioscos - Sumario ENERO-FEBRERO 2018

- Sumario completo





Sobre el autor

Serge Halimi
Director de Le Monde Diplomatique.
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Irán en la mira

por  Serge Halimi

El 5 de febrero de 2003, el secretario de Estado estadounidense Colin Powell esgrimía ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas un frasco pasible de contener ántrax y comentaba unas fotografías satelitales de sitios secretos donde supuestamente se fabricaban armas químicas. Esta fabulación –luego reconocida por el propio autor– serviría luego de rampa de lanzamiento publicitaria para la Guerra de Irak. El 11 de diciembre de 2017, la embajadora estadounidense ante la Organización de las Naciones Unidas, Nicky Haley, se presentó ante los fragmentos enormes de un misíl pretendidamente iraní que no alcanzó su objetivo. Afirmó que había sido lanzado, desde Yemen, contra un aeropuerto civil saudita, “un país del G20”. “Con el riesgo de matar a centenares de civiles inocentes […] Imaginen simplemente si hubiera tenido como objetivo el aeropuerto de Washington o de Nueva York. O bien el de París, Londres o Berlín”. ¿Acaso su alcance no le permitía llegar hasta allí? No importa: una vez más, se trata de fabricar miedo para justificar la guerra. Catorce años después de haber destruido Irak, el gobierno estadounidense tiene en la mira a Irán.

La falta de imaginación sería divertida si el tema diera pie a la fantasía. En 2003, Powell también había denunciado la existencia de lazos “siniestros” entre Saddam Hussein y Al Qaeda. Nuevamente, el 1° de noviembre pasado, la historia se repite: la CIA hizo públicos una gran cantidad de documentos secuestrados en Pakistán durante el asesinato de Osama Ben Laden y que probarían la existencia de relaciones contra-natura entre algunos de sus epígonos (sunnitas) y el poder (chiita) de Teherán. Pareciera que Washington ha olvidado ya su apoyo –real en este caso– a Ben Laden cuando luchaba en Afganistán contra los soviéticos. O la venta ilegal de armas a Irán por parte de Ronald Reagan cuando éste último buscaba financiar a sus amigos de la extrema derecha nicaragüense.

En ese entonces, nadie lo usó como pretexto para declararle la guerra a Estados Unidos… En cambio, hoy el deseo de atacar a Irán une a la monarquía saudita, el gobierno israelí y varios dirigentes estadounidenses. El influyente senador estadounidense Tim Cotton, presentado como el próximo director de la CIA, espera impaciente la ocasión. En su opinión, todos los desafíos diplomáticos de Washington (Irán, Corea del Norte, China, Rusia, Siria, Ucrania) conllevan en efecto una “opción militar”. Y el peligro planteado por Irán, superior para él al de Corea del Norte, justificaría “una campaña naval y aérea de bombardeos contra su infraestructura nuclear” (1).

El presidente Barack Obama revelaba, hace dos años, que el presupuesto militar iraní sólo representaba una octava parte del de los aliados regionales de Estados Unidos, y cuarenta veces menos que el del Pentágono. No obstante, el redoble de tambores contra una supuesta amenaza iraní está en auge. Ante semejante clima de guerra psicológica, ¿acaso el ministro francés de Relaciones Exteriores no tenía nada mejor que hacer, el pasado 18 de diciembre, que denunciar, en Washington, la voluntad de “hegemonía” de Irán?

1. “A Foreign Policy for ‘Jacksonian America’”, The Wall Street Journal, 9/10-12-17.

*Director de Le Monde Diplomatique.

Traducción: Pablo Stancanelli


Texto en francés:

La cible iranienne
Par Serge Halimi

Le 5 février 2003, le secrétaire d’État américain Colin Powell brandit devant le conseil de sécurité des Nations-Unies un flacon pouvant contenir de l’anthrax et commente des photos satellite de sites secrets où se fabriqueraient des armes chimiques. Cette affabulation -reconnue plus tard par son auteur - servira ensuite de rampe de lancement publicitaire à la guerre d’Irak. Le 11 décembre 2017, l’ambassadrice américaine auprès des Nations-Unies Nicky Haley s’installe devant les fragments énormes d’un missile prétendument iranien qui n’a pas atteint son objectif. Et elle soutient qu’il fut tiré, depuis le Yémen, contre un aéroport civil saoudien, « un pays du G20 ». « Au risque de tuer des centaines de civils innocents [...] Imaginez seulement qu’il ait pris pour cible l’aéroport de Washington ou de New York. Ou celui de Paris, Londres ou Berlin ». La portée de l’arme ne lui permettait pas d’arriver jusque là ? Peu importe : une fois encore, il s’agit de fabriquer la peur pour justifier la guerre. Quatorze ans après avoir détruit l’Irak, le gouvernement américain a pris l’Iran pour cible.

Son manque d’imagination serait réjouissant si le sujet se prêtait à la fantaisie. En 2003, M. Powell avait également dénoncé l’existence de liens « sinistres » entre Saddam Hussein et Al Qaïda. Là encore, rebelote le 1er novembre dernier : la CIA rend publique une moisson de documents saisis au Pakistan lors de l’assassinat d’Oussama Ben Laden et qui prouveraient l’existence de liens contre-nature entre quelques-uns des épigones (sunnites) de ce dernier et le pouvoir (chiite) de Téhéran. C’est à croire que Washington a déjà oublié son appui, bien réel cette fois, à Ben Laden lorsqu’il guerroyait en Afghanistan contre les Soviétiques. Ou la vente illégale d’armes à l’Iran par Ronald Reagan quand celui-ci espérait ainsi financer ses amis de l’extrême droite nicaraguayenne.

À l’époque, nul n’en tira prétexte pour déclarer la guerre aux États-Unis… En revanche, aujourd’hui, le désir d’en découdre avec l’Iran soude la monarchie saoudienne, le gouvernement israélien et nombre de dirigeants américains. L’influent sénateur républicain Tim Cotton, présenté comme le prochain directeur de la CIA, n’attend que cette occasion. À son avis, tous les défis diplomatiques de Washington (Iran, Corée du Nord, Chine, Russie, Syrie, Ukraine) comportent en effet une « option militaire ». Et le danger posé par l’Iran, supérieur selon lui à celui de la Corée du Nord, justifierait «  une campagne navale et aérienne de bombardements contre son infrastructure nucléaire. »

Le président Barack Obama relevait, il y a deux ans, que le budget militaire iranien ne représentait qu’un huitième de celui des alliés régionaux des États-Unis, et un quarantième de celui du Pentagone. Néanmoins, les roulements de tambour contre une prétendue menace iranienne battent leur plein. Dans un tel climat de guerre psychologique, le ministre français des affaires étrangères n’avait-il vraiment rien de plus intelligent à faire, le 18 décembre dernier, que de dénoncer, à Washington, la volonté d’« hégémonie » de l’Iran ?

 
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