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La crisis de la idea del “fin de la historia” y un recomienzo de la filosofía de la liberación. Entrevista al filósofo Alejandro Serrano Caldera por Alex Ibarra

Alejandro Serrano Caldera (ASC) es uno de los filósofos latinoamericanos que ha desarrollado planteos que se pueden clasificar dentro de la llamada filosofía de la liberación latinoamericana. Es un académico con una amplia producción escrita y un intelectual que ha dedicado buena parte de su trabajo a la actividad universitaria. Entrevistado por Alex Ibarra (AI) Colectivo de Pensamiento Crítico palabra encapuchada.

AI: Profesor Serrano es un privilegio que me haya concedido esta entrevista para publicar dentro de esta serie de entrevistas a destacados filósofos latinoamericanos, colaborando así con el tránsito de ideas en nuestro continente y con la difusión de la producción filosófica en el espacio público. Me gustaría partir con una pregunta bastante personal que se refiere a su biografía intelectual, ¿en qué momento siente usted interés por el pensamiento y escritura filosófica en su sentido más clásico? ¿cuál fue su motivación? Esto lo preguntamos debido a que en lo profesional usted ha tenido una larga trayectoria en lo teórico en el campo del derecho y en lo práctico en el sistema de justicia de su país.

ASC: Mi interés por el pensamiento y la escritura filosófica surge en mi desde muy joven, pero se afianza principalmente con la lectura constante durante mis años de estudiante universitario en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, en donde obtuve el título de Doctor en Derecho, y durante los años que estuve en Roma, en donde obtuve el Diploma de Perfeccionamiento en Derecho Sindical y del Trabajo en L’Universitá degli Studi di Roma, a mediados de los años 60. En realidad mi interés por la filosofía surge con la lectura de República de Platón y de La Política de Aristóteles, y se reafirma y desarrolla, dando un salto a los siglos XVIII, XIX y XX, con la lectura del Discurso sobre la Desigualdad entre los hombres y El Contrato Social de Rousseau. La Fenomenología del Espíritu, Enciclopedia de las ciencias filosóficas y Filosofía del Derecho de Hegel. Los Manuscritos Económicos y filosóficos, Crítica de la economía política y algunos textos de El Capital de Marx. Además, Así hablaba Zarathustra, de Nietzsche, y en el siglo XX, con la lectura de las obras de Ortega y Gasset, principalmente La rebelión de las masas y El tema de nuestro tiempo, entre muchas otras lecturas. Habría que mencionar también la influencia, en su momento, de la filosofía de Sartre, Camus y el pensamiento existencialista, el conocimiento personal de filósofos como Henri Lefebvre, Jacques Derrida, François Chatelet, y la amistad con Julio Cortazar durante mi permanencia en París, por más de cinco años como Embajador de Nicaragua en Francia. Además, habría que hacer referencia a la lectura de poetas, ensayistas y narradores latinoamericanos como Octavio Paz y Carlos Fuentes y, por supuesto la comunicación e intercambio con pensadores y filósofos de diferentes países de América Latina. En cuanto a la escritura filosófica, sobre la cual me pregunta también, mis primeros libros fueron Introducción al pensamiento dialéctico, publicado por el Fondo de Cultura Económica de México, en 1976; Dialéctica y Enajenación, publicado por la Editorial Universitaria Centroamericana, EDUCA, en San José, Costa Rica, en 1979; Filosofía y Crisis. Publicada por la Editorial Nueva Nicaragua, Managua, 1984; Editorial VOZES, Petrópolis, Brasil, 1984 (Filosofía e Crise); Editorial NUESTRA AMERICA, Universidad Nacional Autónoma de México, 1987; para mencionar algunos de mis libros filosóficos de esa época. Con respecto a la otra parte de su pregunta referida a mi relación con el Derecho, le diría que ésta se ha desarrollado principalmente a partir de la cátedra universitaria, en disciplinas como Derecho del Trabajo, Derecho Constitucional, Filosofía del Derecho, Teoría del Estado, y Ética y Deontología Jurídica, impartidas en diferentes universidades y diferentes momentos. También fui Presidente de la Corte Suprema de Justicia entre 1985 y 1988. En esa época, mi interés esencial, además de todo lo que concierne a la administración de justicia, era demostrar no sólo que es compatible el Estado de Derecho y el proceso revolucionario, sino que la revolución debe ser una oportunidad para enriquecer el ordenamiento jurídico e institucional, la coexistencia entre libertad y justicia y el respeto a los derechos y garantías fundamentales de la persona. De ese período son mis libros, El Derecho en la Revolución, Editorial Nueva Nicaragua, Managua, 1986, el que fue publicado en francés por Editions L’Harmattan, Paris, 1987, con el título Droit et Sandinisme, con Prefacio de Louis Joinet, Magistrado, abogado general ante la Corte de Apelaciones de Paris; y en inglés, con el título The Rule of Law in the Nicaraguan Revolution en el volumen 12 de International & Comparative Law Journal de la Universidad de Loyola de Los Ángeles, 1990, con Prefacio del Profesor Robert W. Benson. Junto a éste cabría mencionar el libro La transformación judicial en Nicaragua, Ediciones Jurídicas, 1988. Ambos libros, junto con otros escritos y mi libro en dos tomos de Derecho del Trabajo, Editorial Universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, UNAN, 1971, Tomo I y en 1972, Tomo II, que fue el primero de mis libros publicados, constituyen el núcleo de mis escritos jurídicos.

AI: Sin duda dentro de su producción escrita resulta importante destacar la atención que usted presta a una producción filosófica situada geopolítica y socialmente, de ahí que varios autores le consideren como un filósofo de la liberación latinoamericana. ¿Puede destacar algún acontecimiento histórico social que haya sido fundamental en esta vocación?

ASC: En efecto, varios autores me han ubicado dentro del movimiento conocido como filosofía de la liberación. Creo que para mí ha sido muy importante considerar necesario el nexo entre realidad y razón, pensamiento y acción, teoría y práctica, a partir del cual, he llegado a considerar al pensamiento como vida pensada y la realidad, como pensamiento vivido. Por ello la reflexión filosófica siempre ha sido para mí una forma de preguntar e intentar responder las exigencias del contexto histórico. Pues un pensamiento desligado de su realidad es una abstracción y un vacío, y una acción ajena al pensamiento, es un acto mecánico e instrumental. Esa necesaria conexión e interacción entre teoría y práctica, es para mí el sentido esencial del filosofar, en el plano de la filosofía es comunicación necesaria que en nuestro contexto asume como condición la lucha por la libertad y la liberación histórica, social y política. En ese sentido los acontecimientos históricos y políticos de Nicaragua y, diría la percepción de lo que ocurre en diferentes países de América Latina, han sido un factor fundamental en el ejercicio de mi actividad filosófica. Además, habría que considerar la importancia que ha tenido la amistad y comunicación con grandes pensadores latinoamericanos, como lo fueron los maestros Leopoldo Zea y Arturo Andrés Roig, y muchos otros con quienes me he encontrado en diferentes eventos y con quienes he mantenido comunicación e intercambio y que prefiero no mencionar pues puedo omitir involuntariamente a alguno de ellos. Creo importante también señalar la influencia que han tenido en su momento en América Latina algunas corrientes de pensamiento como la teología de la liberación, la teoría de la dependencia, y la pedagogía de Paulo Freire, las que constituyeron una línea teórica relevante que en algún sentido, pienso, incidió en lo que llamamos filosofía de la liberación.

AI: En algunos de sus textos usted ha abordado el marxismo, por ejemplo tal vez nos pueda conceder que temas como la dialéctica y el trabajo los ha tratado desde esta perspectiva. ¿Reconoce usted el desarrollo de un marxismo latinoamericano, en el sentido de una producción alternativa al marxismo clásico? Lo digo por que claramente ha reconocido la importancia de la significación histórica de la Revolución Cubana.

ASC: En efecto, en algunos de mis textos he abordado el marxismo, incluso hay un libro mío, La Permanencia de Carlos Marx, Ministerio de Educación, Managua, 1983, en el que se aborda desde una perspectiva crítica el tema del marxismo, tratando de librarlo tanto de la sacralización como de la satanización a las que a veces lo conducen las posiciones radicales y extremas. En Cuba, que usted menciona en la pregunta, hay pensadores muy valiosos por su rigor filosófico y profundidad científica, entre los que me permitiría mencionar a Pablo Guadarrama que ha abordado el tema desde la perspectiva de la filosofía latinoamericana, a la que ha enriquecido con sus reflexiones.

AI: Uno de los temas importantes de la filosofía nuestra americana es la visión crítica o problemática frente al problema del universalismo, por ejemplo, el filósofo cubano Pablo Guadarrama ha instalado la noción de “pensar con cabeza propia”, sin embargo usted también había visualizado la necesidad de una filosofía local. ¿Nos puede hacer un resumen de su planteo frente al problema del “universalismo filosófico”?

ASC: La idea de la filosofía ha estado ligada a la idea de la universalidad, entendiendo por ésta el conjunto de valores y principios de carácter universal que trascienden al tiempo y al espacio. Esta idea se ha ligado a aquella de que la universalidad filosófica corresponde a la filosofía europea, a partir de ese concepto que se ha denominado eurocentrismo. Frente a esto han surgido dos ideas extremas: una de ellas, la que considera la filosofía, desde cualquier lugar en que se la ejerza, como una reproducción del pensamiento europeo, como una descripción de escuelas y de nombres a través de las cuales transitan las ideas fundamentales del pensamiento filosófico. La otra, la que asume, por una parte, que la autenticidad filosófica sólo puede alcanzarse prescindiendo de lo que el denominado pensamiento universal ha producido, y por la otra afirmando su identidad circunscribiéndose a la reflexión de los problemas limitados a su tiempo y lugar. En realidad, para mí lo universal sólo se alcanza desde el propio contexto y circunstancia en que se ejerce la función del pensamiento filosófico, pero sin limitarse exclusivamente a esa circunstancia, pues el pensamiento filosófico debe trascender tiempo y medio, pero a partir de esa singularidad específica. No se trata ni de pensar en el vacío, ni de amurallarse en aldeas conceptuales, lo que significa asumir el lugar y la época, como el referente necesario, la situación desde la cual el pensamiento filosófico se proyecta a los problemas de carácter general y global. La universalidad es pues una relación dialéctica entre lo particular y lo general. Lo anterior exige el reconocimiento del otro, de lo otro, la conducta de interculturalidad que partiendo de la propia circunstancia es capaz de reconocer y de interactuar con otras realidades. Pero la labor filosófica no se agota en la multiculturalidad, entendida como reconocimiento de la pluralidad de culturas, ni siquiera en la interculturalidad, entendida como interacción entre las diferentes categorías culturales, sino que debe considerársele, además, como síntesis que resulta de ese proceso de acción recíproca, como unidad en la diversidad, que es el nombre que me he permitido dar, desde mi perspectiva, a esta forma y naturaleza de la filosofía y el filosofar. Este pensamiento lo planteo en mi libro La Unidad en la diversidad, Ediciones Progreso, 1993, y lo estructuro y desarrollo en los cinco volúmenes de mis OBRAS, publicadas por Editorial Hispamer entre 2008 y 2014, en los que se organizan los principales ejes temáticos de este pensamiento. Volumen I, Escritos filosóficos y políticos I. Volumen II: Escritos filosóficos y políticos II. Escritos sobre la Universidad. Volumen III: América Latina ante la razón filosófica. Volumen IV: Escritos sobre el pensamiento, la política y la cultura nicaragüense. Escritos Jurídicos. Volumen V: La razón Crítica: Filosofía, Derecho, Política y Cultura. Además de lo anterior en ese volumen V, se incluyen las valoraciones a este pensamiento, que hemos elaborado y propuesto, a través de libros y ensayos de filósofos y pensadores latinoamericanos, entre ellos, Andrés Pérez Baltodano, Fernanda Beigel, Pablo Guadarrama, Miguel Rojas Gómez, Juan Bautista Arríen, Vicente Baca Lagos, Michael Cárcamo, entrevistas con Julio Icaza Gallard y Alberto Ycaza. En resumen, esta idea de la universalidad viene desarrollada en mi trabajo mediante la relación dialéctica entre lo particular y lo universal, a partir del contexto específico que no limita sino que es una situación espacio-temporal que con sus características singulares, incide en la construcción de los conceptos y categorías de síntesis con las que trabaja el pensamiento filosófico. Para concluir sobre este punto, quisiera hacer una referencia a Rubén Darío, ejemplo en la poesía y en el arte de esta idea de universalidad que se debate en el plano de la filosofía. Sus ansias de universalidad en el arte, con las que se opone a todo provincianismo no apagan su fe en las tradiciones con las que se opone a toda forma de dominio imperial. “He comprendido –dice- la fuerza de las tradiciones en el pasado, y de las previsiones en lo futuro”. Su obra deja como lección de fondo la idea de que lo universal se inicia en las raíces de la propia tradición, y que la identidad verdadera es aquella capaz de incorporar a lo propio el fruto de otras culturas y civilizaciones.

AI: Hace unos días Francis Fukuyama visitó nuestro país invitado como conferencista por un banco importante. Uno de sus textos más conocidos, desgraciadamente de escasa circulación en Chile, es El fin de la historia. Reaparición del mito en el cual hace frente a la ideológica posición neoliberal del mencionado intelectual del norte. Parte del argumento que usted empleaba en dicho texto aludía a la necesidad de mantener un cierto compromiso con la utopía en cuanto ésta puede ser vista como la fundamentación de un proyecto alternativo. ¿Cuál es su balance actual frente a la desacreditada tesis del fin de la historia? ¿Cuál es su visión del pensamiento utópico latinoamericano?

ASC: En efecto, en el año de 1993, publiqué mi libro El fin de la historia: Reaparición del mito, en la Editorial 13 de Marzo de la Universidad de la Habana. Es un cuestionamiento a las teorías del fin de la historia, particularmente a la de Francis Fukuyama, sostenida en su libro, El fin de la historia y el último hombre. En mi libro hago la crítica a lo que denomino los filósofos de la uniformidad universal y realizo una reflexión desde el plano de la filosofía sobre temas como: socialismo, democracia y libertad; del capitalismo industrial al capitalismo tecnológico; la filosofía de la post modernidad o ideología del neoconservatismo; las tendencias del mundo contemporáneo; frente a la alienación civilizadora; metafísica de la técnica; apuntes para una filosofía de la libertad; América Latina: reflexiones para una filosofía de la historia; entre otros. A mi juicio el balance a la tesis del fin de la historia es negativo. La historia ha reaccionado frente a los que anunciaron su finalización. Pienso que es un error de perspectiva suponer el fin de la historia, pues esta no termina sino que cambia, que es lo que ha ocurrido. En este momento observamos el rechazo creciente a las teorías del mercado absoluto y total, al monoteísmo de mercado como le llamó Roger Garaudy, o la idolatría de mercado, como la denominó Franz Hinkelammert. Junto a lo anterior y desde otra perspectiva, observamos las profundas transformaciones que ha introducido la revolución tecnológica y cibernética en el contexto de la sociedad actual y en el ethos individual y colectivo. Nuevas situaciones económicas, políticas, sociales, históricas y culturales han surgido, transformando las contradicciones de la historia contemporánea. Al mismo tiempo se mantiene también, la lucha por la libertad, la justicia y la dignidad del ser humano. En cuanto a la utopía del pensamiento latinoamericano y a la utopía en general, lo primero que hay que hacer es recuperar el sentido esencial del término, usado con mucha frecuencia para descalificar por iluso todo pensamiento o idea que quiera transformar la realidad. La utopía es la vocación del ser humano por la transformación de lo que existe en algo mejor, más humano, más digno, más justo, y si bien es cierto que la utopía es el lugar que no existe, habría que recordar que si no existe es porque no ha sido construido todavía.

AI: Suele reconocerse que muchas soluciones para la participación democrática se encuentran desde un fortalecimiento de la educación pública, por cierto, no podemos dejar de lado en esta entrevista su larga trayectoria dentro de la institución universitaria en su país y en Centro América. ¿Considera usted que el sistema actual de universidades en América Latina contribuye al fortalecimiento de las democracias que emergen por estos días? ¿Qué aportes da la universidad a estas democracias? ¿Visualiza algunos temas pendientes al respecto?

ASC: Estoy convencido en lo esencial de la educación pública, y de la educación en general, para promover y fortalecer la participación democrática y el desarrollo integral de toda sociedad. Sin una verdadera educación no hay desarrollo posible, pues no se trata únicamente de crecimiento económico y producto interno bruto, sino de la realización de los valores constitutivos del ser humano y de la sociedad. Creo que el sistema universitario latinoamericano podría contribuir más al fortalecimiento de una verdadera democracia, basado en esos valores y principios a los que nos hemos referido y que atañen tanto a la persona y a la comunidad social, como a los aspectos políticos, institucionales, económicos y sociales. En ese sentido la Universidad debe favorecer la existencia de un pensamiento crítico capaz de reconocer los avances que se realicen y de cuestionar todas aquellas acciones que limiten los derechos fundamentales de la persona y la sociedad. El pensamiento crítico ha sido y es una función fundamental de la Universidad, y un elemento imprescindible para cumplir la misión integral e histórica que le corresponde. Creo que en este punto está pendiente una mayor presencia y participación de la Universidad latinoamericana en general, sin perjuicio de las situaciones particulares y específicas. El pensamiento crítico puede y debe ejercitarse en cualquier ámbito, pero tiene su sede principal en la Universidad. Considero necesaria la relación entre Universidad y sociedad, pues en este sentido la misión universal de la Universidad en la ciencia, la técnica y las humanidades se incorpora a la realidad concreta de la que forma parte. Un aspecto importante de esta relación universidad sociedad, es la que se refiere a la participación de la institución universitaria, en el carácter que le corresponde, en la circunstancia política y social a la que pertenece. En este punto concreto y en relación a Nicaragua, considero oportuno mencionar la iniciativa de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, UNAN-Managua, de impulsar un diálogo entre el gobierno, los partidos políticos, los sectores empresariales, sindicales, estudiantiles y otras organizaciones de la sociedad civil, en la búsqueda de un acuerdo nacional que lograra sentar las bases de un proyecto de nación. Esta actividad se llamó “La Nicaragua Posible”, y se realizó entre 1990 y 1992, a través de encuentros y foros-debates, dentro del período en el que fui Rector de esa institución. Aunque no se logró el objetivo de un contrato social en nuestro país, creo que fue una experiencia muy valiosa para la Universidad y para Nicaragua, porque permitió iniciar un relativo acercamiento entre diferentes sectores, a partir del debate de las ideas, del diálogo y del ejercicio del pensamiento crítico.

AI: Para varios intelectuales los procesos políticos que vienen realizándose en el Cono Sur son fuente de optimismo debido a ciertas configuraciones populares representativas en las construcciones democráticas. ¿Qué visión tiene de estos fenómenos políticos? ¿Hay elementos de comparación con los sucesos políticos en Centro América?

ASC: Pienso que la preocupación social en todo sistema político es un elemento imprescindible, pues no se puede justificar la democracia sólo a partir de los aspectos jurídicos e institucionales del Estado de Derecho, aunque tampoco puede justificarse sin ellos. Quiero decir que el Estado de Derecho es necesario pero no suficiente. Sin él no existe democracia, pero ésta puede no existir aunque exista apego a la institucionalidad desconociendo, no obstante, los problemas sociales, cuyo reconocimiento es esencial para construir una verdadera democracia. En el caso de América Latina, al que se refiere su pregunta, difícilmente puede construirse la democracia aunque se invoque al pueblo como origen y destino de todo el proceso político, económico y social, si junto a esto se produce la configuración del caudillo de los siglos XIX y XX en nuestras sociedades, mediante un proceso cuyas características más relevantes son: la concentración de poder; la violación de los principios fundamentales de la Constitución y el sistema legal; la pretendida justificación de las medidas de facto, por ser éstas supuestamente adoptadas en nombre del pueblo; y en general la centralización del poder, la abolición de la separación e independencia de poderes y del principio de subordinación del poder a la ley, todo lo cual lleva a configurar, con otro discurso, un sistema que ha sido causa de las luchas y confrontaciones a través de la historia de nuestros países. En Centroamérica, observo este fenómeno en mi país, Nicaragua, en donde se reproducen los elementos que hemos mencionado con anterioridad, y se tiende a configurar la presencia del caudillo, como única forma para el ejercicio del poder, lo que elimina la posibilidad de alternabilidad en el mismo y el funcionamiento adecuado de los elementos propios de un sistema democrático.

AI: Considerando estas construcciones democráticas mencionadas ¿Considera usted que el intelectual, o si quiere más específicamente, el filósofo, realiza un aporte sustancial? ¿En qué se evidencia? ¿O el intelectual o filósofo se encuentra en deuda?

ASC: Creo que realiza un aporte importante pero considero que tendría que ser mayor, no sólo a nivel latinoamericano sino también a nivel mundial. A nivel de América Latina estimo que debe aportar en forma más significativa en la consolidación de la democracia, el Estado de Derecho y la institucionalidad, como condición para que se produzca un auténtico desarrollo en la región, el que, como ya expresamos, tiene necesariamente como condición el respeto a los Derechos Humanos y los derechos y garantías fundamentales del ciudadano y la sociedad. Pienso que el filósofo, y en general el intelectual, debe contribuir al fortalecimiento de la educación en los valores y principios de ese sistema democrático y en la construcción de un ethos que sea la plataforma moral de la sociedad latinoamericana. Además de esa responsabilidad regional, creo que el filósofo y el intelectual tienen una responsabilidad a nivel global, pues vivimos en un mundo en el que se ha pretendido imponer la idea del capitalismo corporativo transnacional, del mercado absoluto y del totalitarismo financiero especulativo, imponiendo como tabla de valores la utilidad, la ganancia y el beneficio económico, sin importar los medios utilizados para conseguirlo y sin tener en cuenta los verdaderos valores que confieren su dignidad humana a la persona. Ante el colapso moral de este sistema y ante la profunda crisis económica y financiera que enfrenta desde el año 2007, una de cuyas causas principales se ha debido a la intención de prescindir de la razón crítica y de utilizar la razón únicamente como un mecanismo al servicio de sus intereses, la filosofía y el pensamiento adquieren una importancia excepcional en la búsqueda de formas sociales, ontológicas y axiológicas que puedan ofrecer una alternativa ante la crisis contemporánea. Es quizás a través de la filosofía y el pensamiento crítico que puede buscarse la construcción de un nuevo contrato social planetario que exprese un plano de coincidencias mínimas a nivel global, regional y nacional. El fracaso de la sociedad comunista y de la sociedad consumista, exigen a la filosofía su interacción con los hechos de la realidad concreta en la búsqueda de esa opción sobre la cual sustentar la libertad y dignidad del ser humano.

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