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- Una cara hecha a mano
- El descenso de Túnez a los infiernos
- Pacífica oposición de los mapuches chilenos

- Sumario completo marzo de 2006





Sobre el autor

William Dalrymple




Página de inicio >> Marzo de 2006

Viaje al interior de las madrasas pakistaníes

por  William Dalrymple

En Pakistán las manifestaciones contra la publicación en Europa de caricaturas de Mahoma, en las que participaron decenas de miles de personas, cobraron mayor masividad y violencia. Lo cual refleja la inestabilidad de la nación, la fuerza de la oposición al presidente Pervez Musharraf y la influencia de las corrientes islámicas más radicales, cuyo ascendiente se hace sentir en las escuelas religiosas, las madrasas.

No lejos del río Indo, más arriba de Akora Khattack, en la provincia fronteriza del noroeste paquistaní, muy cerca de la ruta a Islamabad sacudida por el ruido de los camiones, se levanta la Haqqania, una de las más radicales entre las escuelas religiosas llamadas madrasas. Muchos dirigentes talibanes, entre ellos el mismo mollah Omar, fueron formados en esta institución. Se la acusa de haber inspirado la versión brutal y ultraconservadora de la ley islámica practicada por el régimen de los talibanes afganos, y sin embargo nada aquí hace pensar que la Haqqania se avergüence de sus ex alumnos. Al contrario, el director de la madrasa, Maulana Sami ul-Haq, proclama con orgullo que el día en que los talibanes soliciten nuevos combatientes, él cerrará la madrasa y enviará a todos sus estudiantes a tomar las armas. Así, de muy diversas maneras, el nombre de Akora Khattack encarna todo lo que los dirigentes estadounidenses más temen y detestan en esta región, bastión de la resistencia religiosa, intelectual, y a veces militar, contra la pax americana.

Durante la travesía por el Indo se levantan fuertes remolinos de polvo. A la sombra de las macizas murallas de la fortaleza de Attock, antes una defensa que protegía a India contra las incursiones afganas, la ruta está bordeada de álamos. A lo lejos, como el espinazo dentado de algún dragón, se levantan las colinas azules de Margall; al costado un cementerio, donde las banderas que adornan cada tumba flamean con el viento. A algunos kilómetros del río se levanta un conjunto de edificios de cemento deteriorados, una versión moderna de la arquitectura mogol. La ropa se seca sobre los techos y en los balcones de esas torres-dormitorio, mientras en el patio principal se ve ocupados a los estudiantes. Todos son de sexo masculino; todos llevan turbante y una barba espesa.

Leer texto completo en la edición impresa de marzo de 2006
En venta en la librería de Le Monde Diplomatique,
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