Un anuncio reciente entre tantos otros: se ha concluido la restauración de la primera parte de la galerÃa de los Cristales en Versalles. Gracias a la generosidad de la empresa de obras públicas Vinci.
Con conmovedora ingenuidad, su director de comunicación explica en France 2 que Vinci no sólo está orgullosa de haber regalado a la nación el mantenimiento de su patrimonio, sino también de haber
movilizado para eso todas las capacidades de sus propios equipos a través de las filiales del grupo especializadas en restauración. Se entiende que bajo la apariencia de un mecenazgo desinteresado Vinci financió su facturación. Su generosa obra cultural es decididamente una buena operación, monetaria y simbólica.
A decir verdad, lo esencial del mensaje está en otra parte. No se dice nada de eso pero todo el mundo entiende: el Estado es o prescindente o financieramente incapaz, las empresas son ciudadanas, además tienen recursos, los capitalistas no se emocionan sólo con los dividendos, sino también con la cultura.
Hay varias maneras de considerar esta tendencia pródiga del capital, que por cierto no es nueva, pero de creciente amplitud. Cabe interpretarla como rivalidades de filantropÃa ostentosa, o bien como maniobras de legitimación de fortunas amasadas en condiciones más o menos inconfesables. Pero estas operaciones, aunque todavÃa puntuales en Francia, dibujan de hecho un horizonte mucho más general, una nueva frontera liberal cuya coherencia se anuncia de una radicalidad diferente de todo lo que el liberalismo pudo mostrar hasta hoy. Como siempre, basta con volver la vista hacia el otro lado del Atlántico para tener una prefiguración elocuente de ello, en la medida en que también allà el modelo está todavÃa en el estadio de la mera práctica, y necesita seguramente pasar al estadio doctrinal para contar con el impulso decisivo hacia su completa realización. Ahora bien, es posible que sea una ventaja adelantarse a los doctrinarios liberales en su esfuerzo. Decir antes que ellos lo que no tardarán en decir de todos modos por sà mismos no es tanto prestarles asistencia como desactivar por anticipado el efecto de sorpresa intelectual.
Texto completo en la edición impresa de mayo de 2006.
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