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Sobre el autor

Andrés Fielbaum
Estudiante de Ingeniería Civil Matemática y Magíster en Ingeniería en Transportes. Presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH). Militante de Izquierda Autónoma.
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Página de inicio >> Marzo de 2013

Un año electoral precedido de movilizaciones sociales
Los desafíos para un nuevo ciclo de luchas

por  Andrés Fielbaum

El 2013 habrá mucho en juego. A partir de la movilización estudiantil y de los conflictos sociales y medioambientales que han estallado en diversas regiones hasta ahora, se pondrá a prueba la posibilidad de abrir un nuevo ciclo de luchas sociales y políticas en Chile. Requeriremos de toda nuestra inteligencia y convicción, pero también de nuestra capacidad de despliegue práctico, material y humano.

Como señalaba Antonio Gramsci, “las clases subalternas, sufren de la iniciativa de la clase dominante, incluso cuando se rebelan”. Es que más allá de estallidos o conquistas parciales, no debemos olvidar la posición que jugamos en el escenario global de la lucha de clases. Más aun en un año de presidenciales, donde la política tradicional intentará reconstruir los términos del pacto de la transición y así cerrar las puertas que las mayorías han abierto estos últimos años.

A continuación buscamos aportar a la discusión con algunas líneas de acción para todos quienes nos sentimos parte de un proyecto alternativo de sociedad y no nos conformamos con los estrechos márgenes que ofrece la política tradicional.

Incidir en el escenario electoral

“Los gobiernos de la Concertación fueron de centroderecha”. Con esta frase Pablo Longueira, desde la derecha, grafica lo que cada vez para más amplias mayorías de chilenos se convierte en una certeza: las diferencias entre Alianza y Concertación no son significativas.

Para el bloque dominante, la próxima presidencial no se trata de una elección cualquiera, sino de una que permita probar el estado vital de su hegemonía. Vendrá precedida de dos años de movilizaciones sociales, una baja aprobación histórica de las coaliciones políticas, y la alta abstención de las elecciones municipales.

Frente a esta realidad, Derecha y Concertación han desplegado distintas estrategias. Unos insisten por todos sus medios que este modelo económico ha entregado beneficios y felicidad a Chile. Los otros, pese a pensar lo mismo, se han dedicado a la cooptación de dirigentes de los movimientos sociales para oxigenar el alicaído sistema político. Finalmente, su objetivo es común: actualizar la democracia de los acuerdos, y mantener abiertos los nichos de acumulación capitalista y el carácter subsidiario del Estado. En este escenario, ¿cómo hacer posible que el movimiento social avance y se proyecte políticamente? La respuesta no es fácil, y las movilizaciones de los últimos años nos imponen con mucha mayor urgencia hacernos cargo de esto.

Hacer como si el escenario no existiese o centrar la discusión en “votar v/s no votar” son opciones que quizás puedan acrecentar la falta de representatividad de la clase política, pero no se traducirán en avances del pueblo organizado, que no se miden en porcentajes de abstención ni votos nulos. El luchador social del siglo XXI debe ser capaz de trabajar en un espacio de base al mismo tiempo que disputa los espacios representativos. No hacerlo permite que, no sólo la esfera institucional, sino el conjunto de las relaciones sociales, estén bajo las riendas del enemigo.

No podemos omitirnos, pero tampoco entregarnos al enemigo y ceder ante las presiones de una supuesta marginalidad que se viviría si no se ingresa a la institucionalidad; ya hemos sido testigos de la capacidad del bloque en el poder de cooptar dirigentes sociales y entregarle cupos en la burocracia a cambio de la inclusión de ciertas demandas en un programa de gobierno, suponiendo que ahora sí que sí la famosa alegría llegará.

“Por ello cualquier brote de iniciativa autónoma es de inestimable valor”. Así termina la cita de Gramsci más arriba reseñada. Y es que los sectores subalternos, a partir de la conquista paulatina de su autonomía, tienen la capacidad de disputar la hegemonía y dirigirse hacia el Estado para quebrar de forma definitiva la dominación. De ese modo creemos que la izquierda revolucionaria debe enfrentar el proceso eleccionario. Las acciones que se realicen, pueden tener muchas formas, pero deben considerar que el objetivo central es aumentar los grados de autonomía del movimiento social y reducir su sujeción a la política tradicional.

Fortalecer y reorganizar la revuelta estudiantil

Si bien el 2012 no fue el año de profundización política de las movilizaciones que muchos esperábamos, impidió un cierre neoliberal en la coyuntura educacional. Esto resulta significativo, considerando la relevancia estratégica de la revuelta estudiantil en la posibilidad de apertura de un nuevo ciclo de luchas. Cualquier intento de expresión política de la izquierda revolucionaria en un año electoral, requiere de un movimiento estudiantil fortalecido y organizado.

Al ser un año de elecciones, se convierte a la vez en un año lleno de “ofertones”. Nadie quiere quedar mal con quienes poseen más aprobación que muchas de las instituciones oficiales. Y lo más importante seguirá siendo mantener las banderas del movimiento en alto sin concesiones ni vacilaciones.

Una primera tarea es consolidar la unidad al interior del movimiento estudiantil. La magnitud de los desafíos no da lugar a pequeñeces, divisionismos ni agendas paralelas. Secundarios, estudiantes de toda la educación superior, profesores y trabajadores, deben seguir un mismo marco discursivo y ser parte de la misma pelea, trabajar en conjunto por generar movilizaciones y demostrar la plena vigencia de la reivindicación estudiantil. Un segundo aspecto crucial es que nuestras demandas posean un sentido de proyecto y no puedan ser cooptadas por oportunistas y neoliberales. Educación gratuita, desmunicipalización, fin al lucro y democratización deben ser parte de un todo, que no se use simplemente como un relleno de la parte “Educación” de un programa presidencial, sino que permita proyectar al movimiento estudiantil más allá del 2014, sea quien sea quien use el sillón presidencial.

La sociedad post-Pinochet

Este 2013, se cumplen 40 años del golpe militar, 40 años de predominio del mercado por sobre los derechos. Más que un momento de nostalgia, debe ser una oportunidad. La memoria política no sólo se trata de una vuelta al pasado, sino también de aprovechar esas fuerzas para sembrar en el presente y cosechar en el futuro.

Posicionar la lucha por los derechos de todas y todos es un punto de partida. Instalar en la sociedad que la lucha por el derecho a la educación posee las mismas raíces que las luchas por una vivienda digna, salud pública gratuita, trabajo y previsión justa, erradicación del lucro y el negocio de nuestros derechos básicos se vuelve urgente. La unidad de los sectores en una misma movilización permitiría profundizar la politización de nuestra sociedad, obligándola a discutir de las raíces de los problemas y no tan sólo de los maquillajes que se le realizarán para que todo siga igual.

En términos concretos, los diferentes actores debemos ser capaces de demostrar nuestra fuerza en algunos hitos durante el año. Para mostrarle a los poderosos cómo vive la mayoría de Chile. Un fuerte remezón que podría abrir espacios para la incidencia de los sectores dominados en la discusión política durante el 2013 y años posteriores. Nos corresponde poner los cimientos para que así sea.

Si nos callamos, morimos

Debemos estar conscientes del sentido de las acciones en estos tres frentes. Para nosotros, se trata de darle rienda suelta a la expresión política de un proyecto de sociedad antagónico al que hoy conocemos. Los procesos de acumulación de fuerza a partir de la articulación social, de los avances en el campo estudiantil y de la incidencia en el proceso electoral, son parte de las distintas apuestas tácticas en las que las organizaciones de izquierda revolucionaria deben trabajar de manera coordinada para mantener abiertas las posibilidades de generar una reforma sustancial al carácter de clase de la política chilena.

La necesidad de levantar referentes políticos, sociales, culturales y morales para los sectores dominados de la sociedad chilena es imperante para enfrentar cualquiera sean los resultados de las elecciones del 2013. Herramientas que sirvan al pueblo, tanto para lograr avances en las distintas demandas reivindicativas de distintos movimientos, como también para hacer resistencia y generar identidades de clase que puedan hacer frente a la despolitización ejercida desde la dominación capitalista.

La proyección de las luchas sociales está en cuestión y tanto los silencios como las defensas de intereses corporativos por sobre los colectivos, inclinan el campo de batalla a favor del bloque dominante. Un permanente estado de alerta y nuestra interminable convicción están de nuestro lado. Aquí nada termina, aquí cada día es continuar.

1. Cuadernos de la cárcel, Antonio Gramsci.

*Estudiante de Ingeniería Civil Matemática y Magíster en Ingeniería en Transportes. Presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH). Militante de Izquierda Autónoma.

Publicado en la edición de marzo de 2013. Le Monde Diplomatique

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