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- LE MONDE DIPLOMATIQUE Nº 182 en quioscos - Sumario MARZO 2017

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Sobre el autor

Serge Halimi
Director de Le Monde Diplomatique.
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Aprender de la experiencia

por  Serge Halimi

“La experiencia es una escuela dura, pero no hay otra que instruya a los imbéciles” (1). Muerto en 1790, Benjamin Franklin inventó el pararrayos, pero no podía prever la existencia de la Unión Europea… En la que la experiencia no tiene ningún efecto sobre la instrucción.

Consultados de manera directa, los pueblos rechazan el libre comercio; el Parlamento europeo sin embargo acaba de votar un nuevo tratado -esta vez con Canadá-. Sus principales disposiciones se van a aplicar sin esperar la eventual ratificación de los parlamentos nacionales. Una segunda experiencia habría instruido imbéciles, incluso endurecidos. Desangrada desde mayo de 2010 por los “remedios” para caballos del Eurogrupo, del Banco Central Europeo (BCE) y del Fondo Monetario Internacional, Grecia vuelve a estar cerca de una falta de pago. Sin embargo en su cuerpo tapado de equimosis se siguen aplicando jeringas mal esterilizadas, a la espera de que la derecha alemana decida expulsar a Grecia del hospital-cuartel de la zona euro. ¿Un último ejemplo? Los presupuestos sociales están bajo tensión en varios Estados de la Unión, que ya rivalizan en imaginación para pagarles menos a los desempleados y dejar de curar a los extranjeros. Al mismo tiempo, todos parecen ponerse de acuerdo para aumentar los créditos militares, para responder a… la “amenaza rusa”, aunque el presupuesto de defensa de Moscú represente menos de un décimo del de Estados Unidos.

La lección de la experiencia
El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ¿terminó midiendo el carácter indefendible de semejantes prioridades? Inspirado en la sabiduría de su amigo François Hollande, anunció que no pediría un segundo mandato. Al momento de entrar en funciones, hace tres años, había advertido que su comisión sería “la de la última oportunidad”. Ahora bien, en este momento dedica “varias horas por día a planificar la salida de un Estado miembro”. Se entiende que el 11 de febrero pasado haya suspirado: “No es un oficio con futuro”.

En 2014, Juncker, candidato de la derecha europea hasta entonces conocido por su defensa del paraíso fiscal luxemburgués, llegó a presidente de la Comisión gracias al apoyo de una mayoría de parlamentarios socialistas europeos. “No sé qué es lo que nos distingue”, confesaba en aquel entonces su competidor socialdemócrata Martin Schulz. “Schulz adhiere ampliamente a mis ideas”, admitía como respuesta Juncker. Una misma proximidad ideológica explica el voto, el 15 de febrero pasado, del Tratado de Libre Comercio con Canadá: la mayoría de los eurodiputados socialdemócratas formó bloque con los liberales. Y cuando se trató de Grecia, uno de los errores de mayor responsabilidad de sesenta años de política europea, el rechazo alemán de discutir el monto -sin embargo insostenible- de la deuda de Atenas fue apoyado por el gobierno socialista francés. Y sostenido con una arrogancia que rozaba con el fanatismo por el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, un laborista holandés (2).

En período electoral suele plantearse el tema de “reorientar” a la Unión Europea. La intención es loable, pero más vale ser instruido por la experiencia… Ella permite identificar a aquellos con los que sería mejor no contar. Con el fin de ahorrarse una nueva desilusión en un frente del que casi todo el resto depende.

1. Benjamin Franklin, Almanaque del Pobre Richard, 1732.
2. Léase Yanis Varoufakis “Humillar a Grecia y destruir a Europa”, Le Monde Diplomatique, edición chilena, agosto de 2015.

*Director de Le Monde diplomatique. Editorial marzo 2017.
Traducción: Aldo Giacometti


Texto en francés

« L’expérience est une école sévère, mais nulle autre n’instruira les imbéciles. » Mort en 1790, Benjamin Franklin inventa le paratonnerre mais ne pouvait prévoir l’existence de l’Union européenne… Celle dont l’expérience n’a aucun effet sur l’instruction.

Consultés directement, les peuples rejettent le libre-échange ; le Parlement européen vient pourtant de voter un nouveau traité – cette fois avec le Canada. Ses principales dispositions s’appliqueront sans attendre l’éventuelle ratification des Parlements nationaux. Une deuxième expérience aurait instruit des imbéciles, même endurcis. Saignée depuis mai 2010 par les « remèdes » de cheval de l’Eurogroupe, de la Banque centrale européenne (BCE) et du Fonds monétaire international, la Grèce est proche d’un nouveau défaut de paiement. Des seringues mal nettoyées se succèdent pourtant dans son corps labouré d’ecchymoses, en attendant que la droite allemande ne décide d’expulser Athènes de l’hôpital-caserne de la zone euro. Un dernier exemple ? Les budgets sociaux sont sous tension dans plusieurs États de l’Union, qui déjà rivalisent d’imagination pour moins payer les chômeurs et cesser de soigner les étrangers. Au même moment, chacun semble s’accorder pour augmenter les crédits militaires, afin de répondre à… la « menace russe », bien que le budget de la défense de Moscou représente moins du dixième de celui du Pentagone.

Le président de la Commission européenne, M. Jean-Claude Juncker, a-t-il fini par mesurer le caractère indéfendable de telles priorités ? S’inspirant de la sagesse de son ami François Hollande, il a annoncé qu’il ne solliciterait pas un second mandat. Au moment de prendre ses fonctions, il y a trois ans, il avait averti que sa commission serait « celle de la dernière chance ». Or, en ce moment, il consacre « plusieurs heures par jour à planifier la sortie d’un État membre ». On comprend que le 11 février dernier il ait soupiré : « Ce n’est pas un métier d’avenir. »

En 2014, M. Juncker, candidat de la droite européenne jusque-là connu pour sa défense du paradis fiscal luxembourgeois, est devenu président de la Commission grâce au soutien d’une majorité de parlementaires socialistes européens. « Je ne sais pas ce qui nous distingue », avouait à l’époque son concurrent social-démocrate Martin Schulz. « M. Schulz adhère largement à mes idées », admettait en retour M. Juncker. Une même proximité idéologique explique le vote, le 17 février dernier, du traité de libre-échange avec le Canada : la majorité des eurodéputés sociaux-démocrates a fait bloc avec les libéraux. Et, lorsqu’il s’est agi de la Grèce, l’une des erreurs les plus coupables de soixante ans de politique européenne, le refus allemand de discuter du montant – pourtant insoutenable – de la dette d’Athènes a été appuyé par le gouvernement socialiste français. Et relayé avec une arrogance proche du fanatisme par le président de l’Eurogroupe, M. Jeroen Dijsselbloem, un travailliste néerlandais.

En période électorale, il est souvent question de « réorienter » l’Union européenne. Le dessein est louable, mais autant être instruit par l’expérience... Elle permet d’identifier ceux sur qui mieux vaudrait ne pas compter. Afin de s’épargner une nouvelle désillusion sur un front dont presque tout le reste dépend.

 
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