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En este numero:

- Cuando Einstein, Freud y Von Suttner soñaban con la ONU
- Zapatistas “pasados de moda”, pero siempre vivos
- Militares democráticos construyendo integración sudamericana

- Sumario completo octubre de 2009





Sobre el autor

Bernard Cassen
Periodista.
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Página de inicio >> Octubre de 2009

Viejas respuestas a la crisis sistémica del capitalismo
Nuevas coreografías en el ballet de los “G”

por  Bernard Cassen

La proliferación de grupos “G” de Estados ¿no significa acaso el rechazo a afrontar globalmente el quiebre del sistema capitalista, del cual las crisis financiera, monetaria, energética, alimentaria y medioambiental no son más que sus componentes? El G20, que se reunió en Pittsburgh el 24 y 25 de septiembre pasado, se imagina como el nuevo guía para dirigir el planeta. Sin embargo, no dispone de la legitimidad necesaria, ni de un proyecto de recambio para un modo de organización del mundo que ha fallado.

¿Para cuándo un próximo “G” que se agregue a la lista ya bien provista que, hoy en día, va del G2 al G192, si se incluye a la Asamblea General de las Naciones Unidas? Esta proliferación es reciente. En efecto, después de la desaparición de la Unión Soviética, los únicos agrupamientos internacionales con gran visibilidad, y dotados de ese prefijo por comodidad mediática, eran el G77 y el G7, luego convertido en G8.

En los papeles las cosas eran muy simples: frente al grupo de numerosos países llamados “en desarrollo” existía otro grupo de unos pocos Estados que, bajo la férula de Washington y de su brazo armado –la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)– decidían los asuntos mundiales, sin otro mandato que el que se daban ellos mismos.

El G8, guardián de un orden económico que se confunde con los intereses de las grandes empresas transnacionales y de las finanzas globalizadas, ha llegado a concentrar sobre él la hostilidad general. No solamente la animadversión de los gobiernos que, aun cuando compartían la lógica política, estaban excluidos, sino también, y sobre todo, la repulsa de los movimientos sociales y ciudadanos que denuncian la ilegitimidad de ese club de ricos. En julio de 2001, en Génova, la confrontación alcanzó su paroxismo con la violenta represión llevada a cabo por la policía de Silvio Berlusconi, que dejó tras ella un muerto y centenares de heridos...

Texto completo en la edición impresa del mes de octubre 2009
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