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- Sueños de autosuficiencia alimentaria
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Sobre el autor

Serge Halimi
Director de Le Monde diplomatique, París.
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Página de inicio >> Marzo de 2009

¿Para qué sirve la OTAN?

por  Serge Halimi

El presidente francés Nicolas Sarkozy anunció el regreso de Francia a las filas del comando integrado de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), imprimiendo un giro histórico a la política exterior francesa, cuya dirección marcó hace más de cuatro décadas Charles de Gaulle. Si el objetivo de Sarkozy resulta enigmático, los peligros que ostenta ese cambio de rumbo, así como la identificación de la seguridad europea con la Alianza Atlántica y la cada vez mayor confusión entre los roles de las Naciones Unidas y de la OTAN, no constituyen buenos augurios.

Nicolas Sarkozy quería que su presidencia marcara la ruptura con un “modelo social francés” al que la quiebra del capitalismo al estilo estadounidense le acaba de insuflar nuevos bríos. ¿Decidió entonces poner fin a otra tradición francesa: la independencia nacional? Si bien nunca mencionó tal “ruptura” a lo largo de su campaña electoral, y luego condicionó el regreso de Francia al comando integrado de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a un fortalecimiento de la defensa europea, Sarkozy anunció en efecto que la decisión del general De Gaulle había cumplido su ciclo.

Hace cuarenta y tres años, el fundador de la Quinta República abandonaba el comando integrado de la Organización en una época en la que sin embargo la Unión Soviética mantenía bajo su férula a muchos países de Europa. Cabe preguntarse entonces por qué motivo –o con vistas a qué guerras– Francia debería volver atrás hoy que el Pacto de Varsovia ya no existe y que muchos de sus antiguos miembros (Polonia, Hungría, Rumania, etc.) se integraron a la Unión Europea (UE) y a la Alianza Atlántica.

¿Se trata de colocar ochocientos oficiales tricolores en Norfolk, Virginia, en el cuartel general de la OTAN? ¿De complacer a los industriales del armamento, amigos de Sarkozy, que descuentan que un regreso a las filas de Francia les permitirá vender más equipos militares? ¿De convencer a los estadounidenses de que, como París ya no juega en solitario, podrían autorizar a Sarkozy a convertirse en uno de los que determina su círculo de influencia? Más probablemente, el Elíseo espera sacar provecho de la simpatía que inspira el nuevo Presidente de Estados Unidos para torcerle el cuello a una imperdonable excepción francesa. Aquella que, en momentos de la guerra de Irak, vio a París enfrentar a todos los Dr. Strangelove del “choque de civilizaciones”. Muy a pesar de varios partidarios actuales de Sarkozy, entre ellos Bernard Kouchner, su ministro de Relaciones Exteriores.

La mayor parte de los Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) no pertenece ni a la OTAN ni a la Unión Europea; seis de los países miembros de la UE tampoco pertenecen a la OTAN (Austria, Chipre, Finlandia, Irlanda, Malta, Suecia). No obstante, una confusión se está instalando entre las tres estructuras. Apunta a extender el perímetro geográfico de la organización militar y a confiarle misiones de “estabilización” que exceden ampliamente sus talentos y su jurisdicción.

Invocando la transformación del planeta en una “terre sans frontières” (“tierra sin fronteras”), una pequeña mayoría de diputados europeos (doscientos noventa y tres votos contra doscientos ochenta y tres) acaba así de reclamar, el 19 de febrero, que en materia de “fenómenos como el terrorismo internacional, (...) la delincuencia organizada, las amenazas cibernéticas, la degradación ambiental, los desastres naturales y otros” (1), se construya “una asociación aún más estrecha” entre la Unión Europea y la OTAN. Bajo la forma de elegante metáfora, la exposición de los motivos precisa que “sin una dimensión militar la UE sería como un perro que ladra pero no muerde”.

Preocupados por no ahorrarnos ningún truco, los diputados respaldan sus propósitos con un recuerdo de “nuestra dolorosa historia”, de Hitler, de Munich, y con unas líneas de “Elie Wiesel, superviviente del Holocausto”. “¿No nos gustaría que alguien acudiera cuando pedimos auxilio?”, alegan entonces. Sin embargo, secar las lágrimas de los civiles nunca fue el mayor talento de los oficiales estadounidenses. Ni durante la guerra de Kosovo, ni durante la guerra de Irak, ambas llevadas a cabo en violación de la carta de las Naciones Unidas. Pero, explican los diputados europeos, muchos Estados miembros de la ONU se equivocan al remitirse a “la doctrina de no alineación heredada de la Guerra Fría (que) socava la alianza de las democracias”...

Se entendió, “la futura defensa colectiva de la UE” a la que adhirió el jefe de Estado francés se organizará únicamente en el marco de la Alianza Atlántica. Al mezclar misiones civiles y militares, no dudará en desplegarse muy lejos de la antigua “cortina de hierro”, hasta los confines de Pakistán. Dentro del propio partido de Sarkozy, dos ex primeros ministros, Alain Juppé y Dominique de Villepin, ya muestran su preocupación por tal orientación. Vale decir el peligro del giro que ésta señala.

1 Resolución del Parlamento Europeo sobre el rol de la OTAN en la arquitectura de seguridad de la UE, 19-2-09, www.europarl.europa.eu/sides/ getDoc.do?pubRef=-//EP//NONSGML+REPORT+A6-2009-0033+0+DOC+PDF+V0//ES

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