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Sobre el autor

François Ruffin




Página de inicio >> Marzo de 2007

Cuando el auge de la actividad inmobiliaria es estimulado por el apartheid residencial
Pensar la ciudad para que los ricos vivan felices en ella

por  François Ruffin

La actividad inmobiliaria aumenta repentinamente en las principales metrópolis occidentales. En muchos casos, el precio de los departamentos se ha duplicado en diez años. Aunque el fenómeno parece frenado en Estados Unidos, donde la “burbuja inmobiliaria” se desinfla, en otros lados sigue, alimentado por el deseo de los privilegiados de dedicar una parte de su fortuna a la compra de una residencia secundaria (o terciaria) en Madrid, Barcelona, Roma, Londres o Nueva York. La gran ciudad vuelve a ser deseable. Una vez limpiada, pintada, enriquecida, hecha segura y valorizada por nuevos museos, ya no puede ser habitada por habitantes que no tengan dinero o cultura. Y, precisamente, se deshace de ellos…

“¿Usted ve los trabajos en la calle?” Afuera hay grúas trabajando, vuela el polvo y los martillos neumáticos resuenan tras las empalizadas metálicas.

Dentro de su “espacio de venta”, Eric Foillard, director de Marseille République, se entusiasma: “va a ser magnífico, con calles pavimentadas, veredas de granito, árboles que antes no existían, el tranvía, que es más lúdico y más aéreo que el metro, y la Ópera, la segunda de Francia, además de un complejo al final del dique de la Joliette que será explotado por Luc Besson. Se llamará la Croisette”.

Se trata de un cambio ambicioso: la calle République -arteria central que a une ambos puertos- con sus cafetines vietnamitas, cuscús a toda hora y sus inquilinatos, hasta ahora se parecía menos a los Campos Elíseos que a un barrio popular de París como La Goutte-d’Or*. Pero, precisamente, se felicita Foillard, “el centro de la ciudad está en vías de ser reconquistado” y su empresa, en manos del fondo anglosajón Lonestar, vinculado a la Caja de Ahorro y a la Société Général, participa en la avanzada de esta “reconquista”. En una de las manzanas se va a implantar una decena de letreros luminosos de las firmas francesas más prestigiosas en productos de lujo. Cuatrocientos mil turistas que viajan en cruceros pasan por Marsella todos los años, lo que constituye una ocasión a aprovechar por las cadenas, ya que podrán descender del barco y tener marcas modernas a una distancia que puede recorrerse a pie…”

Texto completo en la edición impresa de marzo de 2007.
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