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En este numero:

- Francia y la Otan
- Geografía de la crisis griega
- Chile, una sociedad secuestrada por la derecha

- Sumario completo marzo de 2013





Sobre el autor

Gonzalo Leiva Rojas
Matrón; Magíster en Administración en Salud y académico de la Escuela de Obstetricia y Puericultura de la Universidad. de Santiago.
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Página de inicio >> Marzo de 2013

Salud, economía y felicidad

por  Gonzalo Leiva Rojas

El año 2012 fuimos testigos de un discurso político poco habitual. Me refiero a la intervención de José Mujica, Presidente de Uruguay, en Rio+20. En esa ocasión, Mujica hizo un fuerte cuestionamiento al actual sistema económico de libre mercado, y la forma cómo los gobernantes están haciendo política, señalando que “el desarrollo no puede ser en contra de la felicidad, sino al contrario, tiene que ser a favor de ésta”, para rematar diciendo “el primer elemento del medio ambiente se llama felicidad humana”. Fue un discurso que nos golpeó a muchos por el derroche de honestidad y sentido común ofrecido, y eso se agradece en estos tiempos.

Desde hace unas décadas, muchos economistas, sociólogos, psicólogos, psiquiatras, e incluso salubristas se han interesado en el estudio de la felicidad relacionándola con distintas áreas, entre ellas la economía y la salud. Ya en el año 1971 los psicólogos Brickman y Campbell concluían en un estudio que “la mejora en la riqueza, en los ingresos y otras circunstancias objetivas de entorno de las personas, no producían efectos reales en el bienestar de las mismas”. Hasta entonces se hablaba de bienestar. Hoy, y pese a lo complejo que resulta, se han utilizado cuestionarios para poder determinar la felicidad, que entendemos es subjetiva.

Pese a lo que señaló Bricman y Campbell, dentro de un país determinado y en un momento temporal dado, la correlación entre nivel de ingresos y felicidad existe, y es sólida. Es decir, en un país y momento dado los ricos son más felices que los pobres. Con esa información podríamos señalar que los países más ricos son los más felices, y si bien es una tendencia, no representa una regla, ya que hay países con ingresos per cápita más bajos que otros, pero con índices de felicidad mayores. Según Layard, ícono de la economía de la felicidad, “desde la 2a Guerra Mundial, el aumento de la renta nacional ha generado, sin duda, cierto aumento de la felicidad, incluso en los países ricos. Pero esta felicidad adicional se ha visto contrarrestada por el aumento de la infelicidad, derivado de unas relaciones sociales menos armoniosas”. En tanto, en los últimos 50 años, muchos países han duplicado sus rentas, pero la felicidad de la población no experimenta modificaciones, tanto así que en 2006 Di Tella y Mc Calla concluyeron que al aumentar el PIB en un país, no aumenta la felicidad.

También hay mucha evidencia respecto de cómo repercute el ingreso ajeno en nuestra felicidad, es decir, podemos tener mucho, pero si vemos que otros tienen más, o lo mismo que nosotros, eso afecta nuestra percepción de felicidad. Respecto de lo anterior Layard señala: “Si los ingresos de todo el mundo se incrementaran a la par, nuestra felicidad ascendería, pero sólo dos tercios lo haría si únicamente aumentaran los nuestros”.

Además, cuando relacionamos salud y felicidad, la evidencia existente también es apabullante. Las personas más felices, en general, sufren menos alteraciones cardio y cerebrovasculares y, como su sistema inmune se refuerza, disminuyen las posibilidades de contraer enfermedades. Un estudio de la Universidad Complutense de Madrid señala que las personas más felices tienen nueve veces menos posibilidades de sufrir de depresión y cuatro menos de padecer de insomnio. El componente social tras el concepto de felicidad es clave, sin embargo el ámbito de la medicina ha intentado relacionar algún gen con esto. Por el momento, el que tiene más posibilidades de estar vinculado es el relacionado con la serotonina. Eso explicaría, por ejemplo, el porqué quienes hacen deportes son más felices, puesto que luego de una sesión de ejercicios liberan serotonina, endorfinas, oxitocina y otras sustancias que favorecen el bienestar.

Luego de todo lo anterior, me parece importante plantear la siguiente pregunta: ¿Cuál debe ser el rol fundamental y prioritario de un Estado, aumentar el PIB o la felicidad de las personas? La respuesta me parece casi obvia y espero no ser el único que así lo piensa. Por lo tanto, quienes gobiernan un país deberían plantearse como objetivo fomentar los factores que influyen positivamente en los niveles de felicidad y tratar de disminuir o evitar aquellos que influyen negativamente. Tan en serio se han tomado eso algunos países que, por ejemplo, Bután creó el “Ministerio de la Felicidad”.

¿Sabemos cuáles son los factores que más influyen en la percepción de felicidad y bienestar? Afortunadamente sí. Entre los elementos que producen más infelicidad se encuentran los relacionados con el trabajo, básicamente con la calidad de éste y las circunstancias en las que se realiza. Sólo como dato, hoy en Chile cerca de 800 mil asalariados reciben el sueldo mínimo, lo que significa que alrededor de 3,2 millones de personas viven con éste. Y, además, somos el segundo país de la OCDE que más horas trabaja a la semana.

Como segundo factor relevante aparece la vida familiar armoniosa y las relaciones sociales. Aquí planteo la pregunta: ¿Qué vida familiar armoniosa puede tener una persona que sale de casa a las 7 de la mañana y regresa a las 10 de la noche, luego de viajar cerca de 3 horas en transporte público? Las políticas de trabajo deberían enfocarse en compatibilizar la vida familiar, entendiendo la importancia que ésta tiene.

Finalmente la salud, la educación, la vida política y los valores comunitarios aparecen también como relevantes. Nuestro sistema de salud y el de educación son temas de debate desde hace años producto de las tremendas iniquidades que ahí se producen, por lo tanto no ahondaré en eso. Respecto de la vida política en Chile, hace rato los ciudadanos no tomamos más decisiones que acercarnos a una urna cada cierto tiempo. Además, y lamentablemente, Chile aparece como el país más individualista luego de EEUU, según un estudio de la Universidad de Sussex, en Inglaterra, que analizó a 36 países. Este último dato no sorprende mucho, ¿o sí?

En abril de este año, la ONU analizó la creación del PIB de felicidad, y al mismo tiempo se dio a conocer el “Primer informe mundial sobre felicidad” realizado por la Universidad de Columbia. Chile ocupó el lugar 43, entre 156 países. ¿Cómo mejorar esto? “Promover un sistema educativo menos obsesionado por la idea de que la vida es una lucha competitiva y que asuma y promueva, en la teoría y en la práctica, valores como la confianza, la solidaridad y el altruismo podrían ser una buena vacuna contra la infelicidad” señaló Layard, y lo comparto plenamente.

El actual paradigma económico de basarse en el PIB, claramente no es suficiente. En todas partes la gente quiere ser feliz, y los Estados, al menos el chileno nunca se ha enfocado en aquellos factores que inciden directamente en el bienestar y felicidad de los ciudadanos, y si lo ha hecho, no ha sido suficiente si consideramos que el 40 por ciento de las licencias médicas se explican producto de la depresión. Nos falta mucho aún para demostrar en acciones, que entendimos las palabras de José Mujica en Rio+20. Espero que algún día lo hagamos.

*Gonzalo Leiva es matrón; Magíster en Administración en Salud y académico de la Escuela de Obstetricia y Puericultura de la Universidad. de Santiago.

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