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Se echan de menos los “10” en la política. Por Patricio Guevara

Logra tener una visión de campo casi perfecta. Cuando la pelota está en el aire, apunto de aterrizar, él, con sus pies talentosos, ya sabe si va a realizar una gambeta extraordinaria, o si dará el pase gol. Capaz de echarse el equipo al hombro, de tomar las riendas cuando es necesario y de ganar partidos solos sin hacer ningún gol. Ese es, en el Futbol, un “10”.

No hablamos de un caudillo, sino más bien de un jugador que juega para el equipo. Capaz de ser tan leal que baja cuando viene aquel contragolpe que deja mal parado a la defensa, o capaz de ir a cabecear la pelota que el mismo lanzó. Ya lo dice la canción; “…Y Jesús dijo me voy, de tácticas ya no hablo, pero un consejo les doy: la pelota siempre al diez que ocurrirá otro milagro…”

No he visto en el último tiempo políticos que tengan estampados el “10” majestuosamente en la espalda, más bien he visto políticos que puntean la pelota cuando ya está entrando al arco solo con la intención de recibir los aplausos. O políticos que reciben la pelota y les quema tanto tanto que no les queda otra que reventar a cualquier parte.

El “10” logra prender al equipo cuando éste ya está más que en el suelo, lo levanta y lo conduce a una victoria colectiva. Que lejos estamos en la política de esos “10”. Pues hoy por hoy, los jugadores que juegan en la política, apenas ven que la hinchada se está marchando del estadio, lejos de quedarse a ponerle el hombro, deciden cambiar de equipo, o en este caso, de partido.

De tarde en vez, vemos como un político sacude el polvo de sus pies e inventa una gambeta, pero antes de que los pulmones se llenen de aire para empuñar el grito desde la garganta, la galucha se entera de que la jugada estaba fuera de juego, que SQM o SOQUIMICH lo dejaron offside.

Qué triste se vuelve el futbol cuando no hay nadie para aplaudir, de ahí que la política se haya vuelto desmotivaste. Hacen falta los “leo Rodríguez y los Marcelo Espina” en el fútbol, como los “Salvador Allende y los Che Guevara” en la política, hombres capaces de morir con las botas puestas, capaces de pensar más de dos jugadas en el tablero y dar el jaque mate con elegancia.

Volvamos a exigir la magia en el balón, las almas de orquestas, los goles majestuosos. Si no exigimos, los “Lagos”, “los Zaldivar” y los “Escalona” nos convencerán de que ellos juegan bien a la pelota, sin tener ni porte ni investidura para vestir con elegancia ese “10” que usara el mismísimo Diego Armando.

Ya quedan pocos “10” en el fútbol, en la política de hace años que se extinguieron. Ya la hinchada no canta porque los jugadores no motivan, los partidos se resuelven por secretaría, en oficinas y entre gallos y medianoche.

 
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