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Tres desafíos de un “acontecimiento” cultural. Por Pedro Celedón

Primer desafío: Transmitir la envergadura del “acontecimiento”.

Si siguiéramos la metodología de estudios de un especialista en comunicaciones como lo es Regis Debray, y quisiéramos realizar una lectura de la situación actual de nuestro país, de seguro repararíamos en la escases de debate (en los soportes comunicacionales), del derrotero y diseño final del proyecto con el cual Chile instala su Ministerio de las Culturas las Artes y el Patrimonio, el cual nace por primera vez después de más de doscientos años de vida republicana. Arturo Navarro (gestor cultura) que ha sido uno de los que han deliberado durante el largo camino iniciado en forma oficial en mayo del 2013, repara sobre lo mismo, señalando un “extraño silencio” sobre esta nueva institucionalidad.

Esto de verdad es extraño, ya que existen varios puntos que debieran suscitar no solo la circulación de la información al respecto (cosa que si ha sucedido) sino reflexiones y posiblemente sorpresa, o divergencia ante una institucionalidad que ha dado todas las señales para anunciar que no propone un aggiornamento administrativo del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA), sino que una nueva instancia cuya consolidación implicará el desafío de generar un cambio en las maneras de entender y gestionar la(s) Cultura(s).

¿Es el rol de los comunicadores del Estado y de los Medios, solo difundir (gesto que repudia radicalmente Baudrillard en su lucido artículo Transmitir más, comunicar menos) con fechas y escuetamente, el hecho de que en nuestro país ha surgido una institucionalidad que se auto denomina “Ministerio de las Culturas”? ¿Nada que discutir ante lo que esta señal presupone? Solo la desidia o la completa incomprensión podría inducirnos a no tomar en serio lo que está en juego, esto es, el aceptar que ya no hablaremos más desde el Estado: de la Cultura, sino de las Culturas, lo cual desborda con creces las operaciones hasta ahora implicadas en la creación y difusión de las artes, entendidas desde un modelo centralista, estéticamente homogéneo y profundamente euro centrista.

Las artes y el patrimonio no podrán sino pasar desde ahora por el filtro de diversas concepciones de mundo (culturas), profundamente imbricadas en aspectos de una memoria atenta a los aporte de diferentes visiones, abierta a los pueblos ancestrales, a la incorporación de los discursos locales y los aportes de los flujos migratorios.

Es justo señalar -que entendiéndolo o no- quienes votaron por este proyecto de Ministerio, están apoyando en la letra, la instauración de una postura pos colonialista, inclusiva, liberada de la estrechez de concepciones estéticas unilaterales y sin distingos entre lo docto y lo popular, condiciones de Las Culturas que algunos maestros que en septiembre reverdecen, como la celebrada Violeta Parra, el inolvidable Víctor Jara y el imprescindible Fidel Sepúlveda, de seguro celebrarían.

Este nuevo Ministerio ha contado con el apoyo masivo de todos los sectores políticos a la hora de votar por su constitución, convergencia que no ha requerido de acuerdos ni negociaciones que en unos años más nos avergüencen por transar sobre tópicos que restrinjan el desarrollo pleno del pueblo y su vida democrática. Tampoco ha sido necesario que el Ministro Ottone recurriera a efectos espectaculares para concitar apoyos a su aprobación, ni a fotografías con los parlamentarios de las bancadas con brazos unidos y en alto, aunque sin duda el acuerdo que involucró el voto de todos los sectores es una flor extraña en épocas de demarcación sectorial como son los periodos electorales.

Tal vez el primer desafío de esta nueva institucionalidad sea el Transmitir (como Baudrillard lo entiende) que lo propuesto y aprobado no es banal, que lo que estamos viviendo es un “acontecimiento” en su más rigurosa acepción deleuziana, es decir, “que estamos ante un movimiento del cual lo nuevo emerge”.

Es bueno relevar que ésta instancia administrativa fue diseñada con una amplia participación ciudadana, con el apoyo reflexivo de gremios, creadores, gestores. Con diálogos prolongados entre los administradores de los sectores involucrados y con aportes significativos de las diversas bancadas durante su tramitación. Relevar también el hecho de que quien sea el próximo Ministro del sector dirigirá a una institución que tiene como responsabilidad y desafío la administración de una macro-área, compuesta por los ámbitos bastante extendidos de lo que ha sido el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, La Dirección de de Bibliotecas Archivos y Museos (con una red de más de 450 bibliotecas públicas a lo largo de Chile, 24 Museos regionales y 3 nacionales) y el Consejo de monumentos nacionales (que debe administrar 884 espacios patrimoniales, 137 zonas típicas, 517 monumentos públicos y 46 santuarios de la naturaleza). La suma de todas las dependencias del nuevo ministerio implica gestionar 170 mil millones de pesos en un año y además 18 mil millones diferidos (para crear la propia institucionalidad) superando con creces las cifras que cada sector manejaba en forma individual.

Es sin duda un desafío no menor, utilizar eficientemente esos recursos conciliando demandas estructurales para estar presente a nivel nacional con áreas administrativas hasta ahora ausentes en las provincias. Equilibrar salarios y beneficios a todos los trabajadores públicos implicados, destinar fondos para las acciones interministeriales, puesto que esta nueva administración implica la generación de un organismo rector que es parte, por Ley, en toda actividad del Estado que involucre al amplio espectro al cual se ve abocado.

Debemos sumar a lo anterior, la responsabilidad/desafío de velar y apoyar a los proyectos en desarrollo, los que vendrán desde los diferentes concursos pronto a ser sancionados. Y todo esto tiene ante sí un desafío mayor, el ser gestionado desde un modelo administrativo que ha demostrado tener una profunda tradición sectorial y centralista, pero que ahora... ¡ya! … tendrá que cambiar para responder a conexiones y tomas de decisiones obligadamente integradas, lo que implica una versión renovada del concepto de la administración del Estado aplicable en una gestión que el 2018 ha destinado el 80% de sus recursos a las provincias.

Segundo desafío: asumir el Campo de las artes, desde su ciclo cultural completo.

Es prudente aceptar que un análisis más profundo de lo que será la figura global del nuevo Ministerio es difícil de realizar en este instante, puesto que su sinergia para responder a la nueva institucionalidad se nos ofrece desdibujada al interior de sus movimientos de cambio. Podemos sí augurar que aún con una conducta impecable desde la administración del Estado y manteniendo una verdadera participación ciudadana en el proceso, estaremos varios años trabajando en la construcción de un nuevo mapa del concepto de Cultura(s), y “el silencio” que en esta primera etapa ha rodeado a su parto lo podremos adjudicar, en parte, a que en los inicios de un cambio tan sustantivo, son pocos los que tienen la capacidad de imaginar la silueta que ofrecerá cuando esté en pleno funcionamiento.

Ante ello parece razonable iniciar ejercicios de aproximación al modo “micro” como nos enseñó sabiamente Foucault. Desde esta lógica abordaremos aquí las Políticas Públicas diseñadas para las Artes Escénicas, compuesta a los inicios de la transición a la vida democrática, por el Teatro y la Danza, luego desde 2011 enriquecida con la participación del Circo, y ahora, en esta nueva institucionalidad integrada además por los Narradores orales y los Titiriteros.

La nueva legislación aborda administrativamente a estas cinco disciplinas al interior de la conceptualización común de “Artes Escénicas”. Esto conlleva la percepción de un “Campo” (concepto definido por Bourdieu), el cual alude a un espacio de influencia pensado en términos de relaciones.

Trabajar desde y para un Campo, es un ejercicio que obliga a interconectar sectores cuya administración ha sido independiente al interior de la otrora estructura del CNCA. Los fundamentos para esta fusión han implicado la aceptación desde el Estado de un hecho que en los ámbitos de lo profesional y lo académico es desde hace unas décadas incuestionable: el reconocimiento que las disciplinas aquí convocadas han vivido partes del siglo XX y todo lo que va del XXI, un proceso de desbordamiento de los marcos tradicionales, con resultados en la difuminación de sus límites y la mixtura de sus lenguajes.

Incorporar en las políticas públicas a las Artes Escénicas en su noción de Campo, implica que estas han sido diseñada atendiendo a su “Ciclo Cultural completo”, lo cual obliga a hacerse cargo de un dialogo Arte/Estado desde los ámbitos de: la creación, formación, producción, difusión y exhibición, e investigación de cada práctica artística.

Esta mirada holística en las Artes escénicas (extrapolable a las otras áreas: Artes visuales, Fondo del libro, Audiovisuales, Música) es una oportunidad interesante para vislumbrar el profundo entretejido arte/sociedad que los diferentes proyectos de arte han establecido más allá de sus circuitos, aulas y escenarios tradicionales. Las artes escénicas (y las artes en general) hace decenios que contradicen las miradas reduccionistas del paradigma capitalista que desde Adam Smith les asignara un sitial en la etapa final de las satisfacciones sociales, allí, donde solo se despliega el tiempo del ocio. Esto, a pesar de que las artes, además de ser socialmente vividas desde ese instante privilegiado de encuentro obra/espectador, participan cotidianamente desde la educación, la salud, el desarrollo social e individual, los aportes patrimoniales, la integración con culturas ancestrales y se hacen cargo de la conexión con los flujos migratorios, contribuyendo a una identidad nacional con raíces territoriales y aspiraciones globales.

Como ciudadanos, ante esta nueva institucionalidad cultural, podemos legítimamente entender que, si la administración Estatal de los proyectos del Campo de las Artes Escénicas que sean apoyados, implica invertir en el amplio abanico en que estas actúan (su ciclo cultural completo), estamos en el camino de devolver a las artes el valor que milenariamente tuvieron en las sociedades pre-modernas, e iniciar la rectificación del modelo mercantilista del arte como mero espectáculo a consumir en tiempos de ocio, lo cual es un desafío servido para cualquiera de las coaliciones que llegue al gobierno.

Tercer desafío: un fértil abrazo con titiriteros y narradores orales

Una señal de lo analizado al respecto, es la incorporación en el sector de las Artes Escénicas a los Titiriteros y a los Narradores Orales, que a primera vista vienen a terminar de demoler los muros entre el arte docto y popular que el circo tradicional ya había fisurado.

Del texto sobre Políticas Públicas 2018-2023 se puede extraer que los Titiriteros, esos artistas que centran su lenguaje en generar discursos con un objeto que habla/actúa/narra, desde diferentes formas de manipulación, enriquecen al sector con una historia creativa que cruza completamente a la cultura occidental, estando presentes en el mundo griego como da cuenta Charles Magnin en Histoire des marionnettes. De allí se extrae que Aristóteles y Apuleyo hacen referencia a los títeres, y que un titiritero de Siracusa, Photeinos, tenía en Grecia permiso especial para dar representaciones públicas en el Teatro de Baco, escenario de primer orden en la cultura escénica de los orígenes occidentales.

En Chile, según los estudios de Iván Muñoz e Isabel Hernández, ya existía la presencia de muñecos gigantes en representaciones de los Auto Sacramentales de la época colonial, los cuales participaban en las procesiones. Su actividad la podían realzar en las calles y en la Casa pública de las Comedias, construida bajo el gobierno de Luis Muñoz de Guzmán, entre 1799 y 1803. Luego, desde los inicios de la vida republicana, los titiriteros estarán presentes en todas las regiones del país a “las horas de descanso, esparcimiento y participación social de la clase trabajadora” (Hernández, Muñoz p 48). Manteniendo esta vocación popular intacta hasta la actualidad, se encuentran en plena actividad 76 compañías nacionales. Sus obras son presentadas con equipos pequeños, 2 o 3 personas frecuentemente unidas por lazos familiares, pocos elementos de montajes y entregadas al público en narrativas breves. Si bien utilizan escenarios interiores, para los titiriteros las funciones en la calle son muy importantes, sintiéndose en ello descendientes de la cultura del juglar que enraíza al arte con la vida cotidiana.

Destacamos aquí el hecho de que este arte participa de una relación muy particular con la ciudadanía, ya que interviene tanto en conmemoraciones y festividades cívicas, como en rituales íntimos del hogar (generalmente cumpleaños), lo que implica en la práctica una presencia del arte actual en dimensiones profundas del tejido social

Los titiriteros y titiriteras en este nuevo escenario institucional, podrán rectificar algunos sin sentidos, como el hecho de que no cuenten con sistemas de estudios superiores ni siquiera para preparar a los profesores del nivel preescolar y de enseñanza básica, donde son indiscutiblemente considerados un instrumento pedagógico de primer orden. Estar focalizados al interior de artes escénicas abordadas desde su ciclo cultural completo, tendría que incentivar a la investigación en su lenguaje y la sistematización de su memoria creativa, instancias imprescindibles para la conservación, difusión y valorización de un arte complejo y de raíces extensas.

Por su parte, la Narración oral viene a incorporarse a la institucionalidad de las Artes Escénicas, con el prestigio de ser una práctica artística de origen ancestral, vinculada directamente a la expresión más primigenia, La Palabra, que se nutre de la tradición manifestada en mitos, leyendas, cuentos, relatos urbanos, rurales, cuentos de autor, adivinanzas, refranes y otras formas que sustentan la riqueza del patrimonio oral y escrito de la humanidad.

Según Cesar Muñoz (presidente del Círculo de Narradores Orales de Chile) los referentes culturales de la narración oral son universales, precisando en el citado texto de políticas públicas de las artes escénicas (en cuyos contenidos quien escribe participó), que se pueden encontrar entre sus cultores a los antiguos bardos, escaldo, aedos, juglares, tinques, griots y palabreros. En sus espectáculos los artistas narran oralmente historias verdaderas, ficticias o simbólicas, todas rescatadas de la tradición oral o escrita. Los tipos de narradores orales que actualmente reconocemos son: narradores orales escénicos (instancia de arte moderno), tradicionales o natural, e instrumentales (utilizan narraciones para un fin especifico, como arte terapia, desbloquear a pacientes en psicología, alfabetización de emigrantes, etc.)

Están aquí los referentes de pueblos originarios cuya cultura se transmitió por milenios en forma oral, representados en la figura de los Epewtufes, narradores tradicionales mapuches que portan en su memoria a los Epew y los Epian (relatos ancestrales). De esta rica tradición es heredera Paula Painén, quien ha sido honrada como Tesoro Humano Vivo por su labor de narradora de relatos mapuches.

Según el Catastro de las artes escénicas realizado el 2016, los narradores orales encuestados en las regiones IV, V, VI y Metropolitana son 400. De estos, 36 se dedican su tiempo completo al ejercicio. La difusión de sus trabajos está vinculada profundamente con programas de fomento al lector, actividades en los colegios, galas y fiestas comunitarias en centros municipales y vecinales. Se ha establecido entre los cultores de este sector una sinergia estrecha con las Bibliotecas CRA (Centros de recursos del aprendizaje) del Ministerio de Educación, participando en sus programas de manera regular, pero no sistemática.

Los narradores orales modernos se han formado mayoritariamente en talleres con artistas como Carlos Genovese, Fidel Arraigada, Carlos Acevedo y Patricia Mix. Desde hace solo un par de año se integran los que se forman en los talleres para estudiantes universitarios del programa Sansacuentos que se desarrolla en la sede Sausalito de la Universidad Católica de Valparaíso. Pero, el centro de formación por excelencia es el que ha propiciado la Fundación Mustakis desde el año 2009.

La investigación en el área cuenta con textos de dos intelectuales chilenos de primer orden, Fidel Sepúlveda y Gastón Soublet, ambos estudiosos de las narrativas orales. Se suma ahora el libro “Nûtram, compendio de las ponencias expuestas en el Primer foro teórico de narración oral en Chile, organizado por CINOCH en abril 2017.

Sin duda las Artes Escénicas vivirán una extensión de sus ámbitos de acción gracias a la incorporación de estos dos agentes patrimoniales de primer orden, y su mapa al interior de Ministerio se rediseñará con ellas, siendo un signo “micro” de este acontecimiento cultural que promete generar el movimiento del cual lo nuevo emerja. Este gran cambio institucional tiene en sus cimientos un movimiento ciudadano, ha surgido desde los sectores involucrados y la administración del Estado se ha hecho eco de ello. Dudo mucho que las actuales circunstancias, en las que la sociedad ha iniciado claramente el camino a la recuperación de los espacios democráticos, se acepte que en pocos meses más todo esto sea letra impresa y muerta. Los textos que conceptualizan y difunden las políticas públicas en cada área del arte involucradas con el nuevo ministerio para los próximos años, (aunque perfectibles) son vitales, sugerentes y prometen abrir posibilidades hasta ahora cerradas.

Está en manos de los incumbentes el velar por que se cumplan.

Pedro Celedón
Profesor titular de la PUC y La universidad Finis Terrae

 
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