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Un nuevo modelo para la investigación, la ciencia y la tecnología. Por Felipe Villanelo

La investigación, la ciencia y tecnología que se hace en Chile está en una interesante etapa de auge, dado por su éxito en varios aspectos como indicadores de productividad, aplicaciones en la vida real, la visibilidad de algunas temáticas de “fama mundial” y en la cantidad de nuevos investigadores. Sin embargo, los éxitos de este modelo sirven también para explicar su agotamiento: hay madurez en varias temáticas relacionadas con las ciencias naturales (neurociencias, astronomía, física teórica, microbiología, entre otras), pero otras se han quedado rezagadas por el modelo de pseudo-mercado de asignación de fondos; algunas instituciones hacen bastante investigación, pero el mercado educativo ha igualado instituciones públicas, con todas sus trabas burocráticas y falta de financiamiento; con instituciones privadas, varias de ellas orientadas al lucro con casos de discriminación en sus líneas de investigación; el éxito en indicadores bibliométricos se ha relacionado con las precarias condiciones laborales de los trabajadores del conocimiento (profesionales, técnicos, académicos “taxi”, estudiantes de postgrado, etc) y por último hay una importante cantidad de nuevos investigadores e investigadoras que no encuentran espacios para desarrollar su labor. En este texto indicamos que desde el Frente Amplio creemos que un nuevo modelo para la investigación debe superar el antiguo, y debe proponerse como objetivo crear conocimiento con una orientación explícitamente pública.


De un tiempo a esta parte, distintos análisis del sistema de creación de conocimiento, lo que se conoce muy simplificadamente como la ciencia y la tecnología, comparten que una deficiencia importante de nuestro modelo es la falta de conexión entre la investigación y la sociedad. Este razonamiento, es un importante progreso ideológico, considerando que hace no tantos años la falta de recursos parecía el único problema a resolver, como si solo se necesitará más de lo mismo.

Sin embargo, al contrario de lo que se pudiera pensar, el conservadurismo sigue siendo un actor relevante en el mundo de la investigación y por ello, esta desconexión entre ciencia y sociedad es abordada con propuestas interesantes, pero que no cuestionan en absoluto el modelo instalado. El modelo actual de financiamiento de la investigación fue instaurado a principios de los 80 y tuvo por objetivo reconstruir una comunidad científica casi inexistente a la fecha.

Chile, antes del golpe de Estado tenía una comunidad científica activa y respetada, pero muy pequeña, instalada en Universidades públicas e instituciones estatales, de alguna forma comprometida con el modelo desarrollista. La primera mitad de la dictadura vino a destruir esa comunidad, ya sea por la exoneración, exilio o asesinato de muchos académicos o por la destrucción de las instituciones públicas. Pero en la segunda mitad, la llegada de los Chicago Boys impulsó la necesidad de reconstruir esa comunidad. Por ello el primer objetivo del financiamiento público a la investigación fue tener algo a lo que se pudiera llamar “investigación nacional”, aunque solo sirviera para llenar indicadores.

Luego de 35 años de la creación de este plan que tuvo su estreno con Fondecyt, el objetivo principal parece haberse alcanzado. Una comunidad relativamente madura al menos en algunos temas, instituciones con cuerpos investigativos importantes, éxito en cuanto a indicadores bibliométricos, más una masa crítica de investigadores jóvenes que pujan por entrar en un esquema que ya parece ser incapaz de acomodarse más.

Desde el Frente Amplio, hemos propuesto superar el esquema actual y apuntar a tener un ecosistema de creación de conocimiento con una orientación explícitamente pública. Esto porque el modelo actual consiguió tener una masa crítica de investigadores, pero sin una articulación que le dé sentido, ya que esa articulación no era su objetivo, su objetivo era crecer en investigadores relativamente buenos en lo que hacen, sea lo que fuera que investigan. Hoy estamos en un momento clave para darle sentido a todas esas investigaciones e investigadores, y que ese sentido apunte al bien común de toda la sociedad.

Algunos han querido caricaturizar este objetivo, diciendo que se impondrá mediante una supra comisión política ajena al quehacer investigativo, pero nada sería más ajeno a nuestra visión. Lo que proponemos en cambio es basarse en tres pilares fundamentales, donde el primero es dar financiamiento basal a instituciones públicas de investigación, llamadas por definición y por historia, a crear conocimiento en las distintas disciplinas del saber: Universidades públicas e Institutos de Investigación del Estado. Estamos seguros de que alojar la investigación en instituciones públicas fortalecidas, con una misión clara, es lo que permitirá que exista un equilibrio virtuoso entre este sentido público deseado, libertad académica y motivaciones particulares de investigadores e investigadoras.

Con instituciones públicas fortalecidas, sólidas en investigación, liberadas de la carga del mercado de la educación superior, es posible pensar en articular al resto de las instituciones que participan del proceso, tanto públicas como privadas y con orientaciones diversas. Muy diferente al esquema actual que iguala todo tipo de instituciones y las pone a competir en un esquema de pseudo-mercado, regido por indicadores bibliométricos, en línea con los designios de modelo neoliberal, que en ciencia tuvo altos exponentes como Popper y Polanyi, que defendieron a ultranza la “libertad de investigación” por sobre cualquier planificación u orientación estratégica, tal como ocurre en educación con las sabidas consecuencias en calidad y segregación.

Este esquema de pseudo-mercado ha tenido un éxito relativo en términos de indicadores de productividad de la ciencia nacional, que han puesto a Chile en el podio latinoamericano, a pesar del escaso financiamiento. Sin embargo, el reduccionismo de “medir” toda la investigación según este tipo de indicadores ha generado y profundizado un conjunto de desigualdades entre temas de investigación, entre géneros, entre territorios. En definitiva, ha contribuido a formar una masa crítica de investigación de calidad, pero sin una orientación de conjunto y por lo tanto con una importante desafección con los intereses o necesidades del pueblo que financia, mediante sus impuestos, dichas investigaciones.

Un segundo pilar es la necesidad de tener un sistema democrático de diseño, difusión, y evaluación de la investigación. Esto debería operar por lo menos a 3 niveles, uno institucional, uno regional y uno nacional. El primero implica que los grandes proyectos de investigación debieran discutirse y decidirse en el seno de las instituciones donde se realizarán, incorporando una mirada multidisciplinaria, que se haga cargo de las distintas formas de investigación y difusión del conocimiento generado. Dos características impensadas en el esquema actual que deja toda la responsabilidad en cada investigador por separado, dificultando en demasía los esfuerzos colectivos o que se alejan de las formas clásicas orientadas exclusivamente a la publicación en revistas especializadas.

Los otros dos niveles de participación incorporan la mirada de la sociedad civil organizada tanto a nivel regional como nacional. Esto porque la participación de la sociedad no debe reducirse a ser solo receptores pasivos de información científica, sino que también como participantes activos del proceso investigativo y creativo mismo. Para ello hemos propuesto la creación de Consejos regionales y nacionales del conocimiento, donde participen representantes de instituciones públicas y de la sociedad civil organizada, como sindicatos, ONGs, gremios de pymes o cooperativas, entre otros. Estas Mesas deberán analizar y proponer temas de investigación con focos regionales, así como nuevos instrumentos de financiamiento de investigaciones, como complemento al esfuerzo de las instituciones públicas.

Un último pilar dice relación con la descentralización territorial de la investigación. Un efecto importante del esquema de pseudo-mercado es la concentración en unas cuantas instituciones, ubicadas en la capital o un par de capitales regionales. Desde el Frente Amplio creemos que hay que transferir más poder a las regiones y en investigación eso es vital, dada las diferencias de todo tipo que se presentan en cada lugar. Para ello el fortalecimiento de las instituciones públicas de investigación debe comenzar por las Universidades públicas regionales y la creación de Institutos de Investigación del Estado con focos aplicados y presencia regional. Además, la articulación con otras instituciones relacionadas con el conocimiento (con la divulgación, la educación, la transferencia tecnológica, entre otras) debe necesariamente hacerse a nivel regional y no nacional, atendiendo a las realidades particulares de cada zona.

Creemos que estos tres pilares permitirán reconstruir un verdadero ecosistema de creación de conocimiento distribuido por todo el territorio, donde las instituciones públicas formen una columna vertebral que articule los distintos esfuerzos nacionales por poner el conocimiento en sintonía con la realidad nacional. Para ello el protagonismo de quienes hacen investigación es fundamental, de modo de construir una estrategia nacional de investigación participativa, no desde arriba, sino que desde los territorios y desde los espacios donde se construye el conocimiento día a día.

Felipe Villanelo Lizana
GAP: Grupo de Apoyo Programático del FA

 
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