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En este numero:

- Centro de Encuentro y Formación Pedro Mariqueo, población La Victoria.
- Política y doble moral para proteger la corrupción. Por Enrique Villanueva
- BOLIVIA: ¿Por qué ganó Evo? por Atilio Boron

- Sumario completo



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Una de cal y una de arena: la corrupción de las instituciones. Por Alex Ibarra Peña

(JPEG) Es necesario que se diga en todos los medios la gravedad de llamada operación “Huracán”, montaje de persecución a líderes del pueblo mapuche. Sin duda, esta operación política se relaciona a la protección del capitalismo salvaje que se viene dando en distintos de nuestros países convirtiéndose en el principal daño a la democracia en nuestros días. Ya hemos hablado sobre la coordinación del Estado chileno y argentino en columnas anteriores, incluso señalando la semejanza de esta operación con nefastos hechos de nuestra historia política como el conocido “Plan Cóndor”. Una diferencia sustancial es que la operación Huracán es llevada a cabo por gobiernos civiles y que han sido elegidos en las urnas.

Claramente aquí tenemos un apoyo argumentativo para negar la legitimidad absoluta que se le suele otorgar a una proceso de elecciones, hay que alejarse de esa idea peligrosa del Leviatán. En el siglo XIX nuestros ideólogos formadores del Estado-nación como Bolívar, Camilo Henríquez y quizá más decididamente Francisco Bilbao, advertían que frente a la traición de las democracias representativas eran válidos los procesos revolucionarios. Actualmente varios movimientos sociales han asumido esta bandera de lucha proclamándose en rebeldía frente a las democracias corruptas. Paradigmáticos movimientos vinculados a las reivindicaciones indigenistas en nuestro continente vociferan “el mandar obedeciendo” que coloca siempre la voluntad comunitaria por sobre la de los representantes políticos.

Es grave para la ciudadanía la crisis de corrupción en toda América Latina. Hoy nos interesa aludir a la justicia. El sobreseimiento de la causa judicial en contra de líderes mapuches podría generar la imagen de un sistema de justicia autónomo que incluso es capaz de ir en contra de la voluntad del gobierno de mantener el acoso político al pueblo mapuche. Recordemos que como parte de la demagogia hace unos meses atrás Bachelet pedía perdón a este pueblo, pero siguen los carpetazos en tribunales, a pesar de la evidencia que deja al desnudo esta grave operación política antidemocrática, y como sabemos a favor de los intereses del capital, cuestión que hemos visto durante todo este gobierno. Pero que además veremos agudizarse en el gobierno que viene. Bachelet nuevamente hizo su pega a la perfección y deja el terreno llano al nuevo gobierno de derecha que no oculta sus garras en los días previos a la llegada oficial de Piñera. Lo que quiero decir es que este gesto de la justicia, es en vano si es que ésta asume la protección del gobierno de Piñera y que seguramente incluirá nuevas persecuciones al pueblo mapuche, recordemos la llamada ley Hinzpeter del gobierno anterior de Piñera. La posta represiva en los últimos años se ha mantenido intacta entre las principales figuras de la clase política al servicio del capitalismo salvaje.

No quiero quedar como un mal pensado, la reflexión política adquiere importancia cuando es una práctica que asume un enfrentamiento directo a las acciones problemáticas de la política. La justicia que hoy se nos quiere presentar como autónoma frente a las presiones políticas no tiene el prestigio ni el respaldo suficiente para gozar de dicha imagen. La muestra de su corrupción más evidente en estos días es “el arreglo” del emblemático senador de la derecha Iván Moreira, que pese a las pruebas rotundas del tráfico de influencias a favor del capital, no ha sido condenado como se hubiera procedido con cualquier ciudadano común que roba. Moreira por ser político no ha sido tratado como ladrón, problemas graves de nuestra cultura ciudadanos con mayor dignidad que la de este político son bastante más maltratados como ladrones.

Suelo defender la apatía política que puede haber en un proceso político en el momento de las elecciones, pero no estoy de acuerdo con la apatía política que acepta estas asimetrías a favor de los corruptos que son una lacra, un peligro para la sociedad. Los indignados, que pienso no somos pocos, tenemos una responsabilidad política que no puede ser eludida ni en los meses de vacaciones. La sociedad chilena sigue en su vía de revolución cultural que sigue siendo negada y hostigada por los privilegiados que están al servicio de los dueños de Chile.

Alex Ibarra Peña
Colectivo de Pensamiento Crítico
“palabra encapuchada”.

 
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