La dictadura de Pinochet condiciona hasta hoy la naturaleza de la democracia chilena. Instaló tempranamente un modelo extremo de libre mercado y promovió su acelerada expansión sin establecer mecanismos reguladores elementales. De este modo cambió sustancialmente el perfil económico del paÃs: abrió unilateralmente la economÃa, destruyó los emprendimientos más débiles, promovió una variada oferta exportadora, descargó los costos del crecimiento en los sectores populares y extendió progresivamente la lógica mercantil al tejido cultural. El régimen militar, por otra parte, sólo pudo ser desplazado mediante un proceso de reposición democrática limitada.
La transición fue posible por factores contrapuestos. Por un lado, por la vigorosa y creciente demanda democrática expresada en las masivas protestas y las diversas
formas de rebeldÃa, resistencia u oposición protagonizadas por actores sociales y
partidos polÃticos que, en la primera mitad de los ochenta, lograron pasar de una fase defensiva de supervivencia a una de mayor activismo. Por otra parte, la transición respondió también a los intereses y temores de núcleos autoritarios, en particular de
los nudos de poder económico, tanto los históricos como los conformados bajo
dictadura al calor de las privatizaciones a precio de liquidación del patrimonio público, que aceptaron formas democráticas pero con garantÃas tales –algunas vigentes hasta ahora— que desfiguran el contenido de la democracia...
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