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- Los paranoicos del complot
- El sueño costarricense de los “nicas”
- Laberinto palestino

- Sumario completo diciembre de 2006





Sobre el autor

Mohammed El Oifi




Página de inicio >> Diciembre de 2006

Un aspecto desconocido de la alianza entre Riad y Washington
Viaje al corazón de los diarios árabes

por  Mohammed El Oifi

Desde 1991, los medios enfeudados al regimen de Arabia Saudita dominaron el campo panárabe. Dos grandes diarios, Al-Hayat y Asharq Al Awsat, se convirtieron en correa de transmisión de un punto de vista “liberal proestadounidense”. Pero esta visión es cada día objeto de mayor oposición, y tanto la afirmación de la cadena Al Jazeera como los proyectos de nuevos diarios ponen en peligro esa hegemonía.

Fue en el International Herald Tribune donde Mona Eltahawy, editorialista egipcia residente en Nueva York, eligió denunciar la decisión del diario Asharq Al Awsat de prescindir de sus servicios como colaboradora. Este periódico panárabe –dirigido al público de todos los países árabes y no al de un Estado en particular– que se presenta como el “diario internacional de los árabes” es propiedad del príncipe saudita Salman Ben Abdelaziz, gobernador de Riad, el hombre de quien Mona Eltahawy sospecha haber estado detrás de la decisión de despedirla. Esta reacción poco común de un editorialista árabe fue considerada lo suficientemente grave como para que numerosos periodistas, especialmente Jihad al Khasen y Samir Attallah, dos de los principales pilares de la red periodística saudita-libanesa, reaccionaran y defendieran al diario.

Desde la Guerra del Golfo de 1990-1991 y gracias al monopolio que ejercieron los príncipes en el campo mediático panárabe a partir de la desaparición de Bagdad, la diplomacia saudita pudo imponer su propia clave de lectura de los acontecimientos en la región. Pero actualmente las cosas cambiaron; la influencia saudita se debilitó. Por un lado, la transformación del campo mediático árabe, especialmente desde el lanzamiento de la cadena de televisión Al Jazeera, con sede en Doha (Qatar), en noviembre de 1996, puso fin al monopolio saudita-libanés sobre los circuitos de la información panárabe. Por otro lado, el debilitamiento de las posiciones diplomáticas de Riad después del 11 de septiembre y el marco impuesto por Estados Unidos a la política árabe e islámica del reino los obligaron a un repliegue al espacio del Estado-Nación y a un discurso “primero Arabia Saudita”, que entra en conflicto con la vocación panárabe de estos medios de comunicación.

Texto completo en la edición impresa de diciembre de 2006.
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