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- Carta abierta de Elena Varela
- INDIGNADOS DEL MUNDO UNÍOS por Nelson Aquiles Soto
- Aysén es una fotografía actualizada de lo que pasa en todo Chile por Enrique Villanueva Molina

- Sumario completo



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Hugo Chávez - Homenajes - Venezuela: ¿Un chavismo sin Chávez?

A Hugo Chávez Frías

¿Qué es la vida? ¿Qué significa cambiar el mundo?

La muerte del líder continental Hugo Chávez nos da la ocasión de reflexionar sobre la importancia de la conciencia en el proceso de liberación de los pueblos de América Latina, pero también sobre la idea y el concepto de cambiar el mundo y sobre lo que podríamos llamar verdad desde un punto de vista filosófico.

En cosa de horas, la dimensión de un hombre puede cambiar, puede transformarse, y es lo que sucedió el 5 de marzo del 2013 con Hugo Chávez. Su muerte lo hace grande y eterno.

Entendemos por eterno algo intemporal, entendemos aquí la eternidad como una posibilidad intrínseca del tiempo, una posibilidad interna del tiempo. Esto es extraño pero corresponde a un fenómeno que no podemos negar, Chávez muere y por eso vive, revive. Vamos a evocar entonces la memoria de un dirigente político ejemplar. Lo positivo de hablar de memoria, es que podemos obviar los conceptos de vida o de muerte, y podemos hablar de una memoria viva. En realidad quizás es más preciso hablar de reminiscencia. De pronto nos acordamos, de repente nos recordamos de todo lo que hizo Chávez, claro no personalmente, sino lo que se pudo hacer por sus ideas, en base a sus ideas, lo que se puso en marcha por sus gobiernos, bajo su dirección. Digo reminiscencia porque ya conocíamos lo que había hecho, estaba en nuestra memoria, de alguna manera ya lo sabíamos o lo intuíamos. Digo nos recordamos, por que muchos de nosotros, presionados o apurados por la reflexión sobre otros hechos, no alcanzábamos a percibir de manera inmediata lo que estaba pasando en Venezuela y en los países del ALBA.

Hoy nos damos cuenta de la importancia de la creación de la UNASUR, del CELAC , del Banco del Sur y de Telesur, todos proyectos impulsados por el pensamiento bolivariano de Chávez.

Al ver los cientos de miles, quizás los millones de venezolanos esperando durante largas horas para decirle adiós a su líder, de repente algo cambia en el análisis y en la percepción de este gran presidente venezolano. Esa multitud altera la lectura de los hechos, transforma al observador, transforma la historia. El entierro de Chávez se convierte en un acontecimiento histórico.

Chávez es el mismo, pero de repente lo vemos otro. Es la relación de Chávez con nosotros, o la nuestra con él, que se transforma. Osea estamos hablando de relación. El comandante nos «aparece» diferente. Aparecer quiere decir en este caso “estar ahí”. Osea, si somos observadores, Chávez desaparece para aparecer. Este concepto de aparecer es interesante. No quiere decir que Chávez es una aparición, sino que se nos aparece, está ahí, reaparece como un ser múltiple, como una individualidad múltiple, con una potencialidad infinita.

Desde hace mucho tiempo, desde Parménides, el ser y el pensamiento son el Mismo. Hugo Chávez fue una unidad múltiple, en la cual ser y pensar marchaban unidos. Al pensar la revolución bolivariana, la hacía existir. Chávez porque existía pensaba, al pensar existía, y de esta manera se materializaba una idea, su idea. Esta idea, como hemos tenido la ocasión de verlo en el emocionado homenaje del pueblo venezolano, se materializa en el pensamiento del pueblo, ese pueblo que aprendió a leer y a escribir, que salió del analfabetismo, y que a través de la educación pasa del estado de individuo al de sujeto.

El pueblo sale de lo invisible y participa en la reflexión política. La multitud entra de esta manera en el espacio público. Este momento es crucial para entender lo que está pasando hoy en Venezuela, donde estamos siendo testigos de una lucha violenta entre los empiristas, defensores de lo "finito", de la finitud, las fuerzas de la reacción y los dialécticos, que piensan y defienden la noción de "infinito", las fuerzas de la transformación social. Hay que decir que la contradicción entre empirismo y dialéctica, es la contradicción primera, fundamental(1).

Como dice Alain Badiou, los empiristas son una amenaza muy importante, son las fuerzas de reacción, aquellas que hay que vencer, son el enemigo.

Estas son las fuerzas que nos dicen que no hay otro modelo salvo el del "neoliberalismo". Son las fuerzas que proponen siempre la reforma, cada vez más reforma, pero para hacer lo mismo. Osea se trata verdaderamente de fuerzas conservadoras. Chávez es un excelente ejemplo de lo que puede ser combatir el "empirismo", al no aceptar la realidad como una finitud y proponerse cambiarla. El empirismo propone adaptarse a la realidad y nos dice: las cosas son como son; hay un límite que nosotros no podemos superar; debemos aceptar la dura verdad de la realidad.

Este empirismo lo podríamos llamar: "la finitud de la modernidad" (2). Este empirismo hace el elogio de la novedad, pero sobre la base de una sociedad invariable. Las fuerzas de transformación piensan que la finitud no es más que un resultado, pero éste es transitorio. Al ser transitorio, se puede cambiar, y ésto es lo que entendió tan bien, de manera tan clara, Hugo Chávez.

Chávez no reforma, ¡Chávez revoluciona! Su combustible es el pueblo transformado en sujeto. Las fuerzas del empirismo siempre van a hacer todo lo que esté en sus manos para detener al sujeto, para frenarlo. En las situaciones extremas intentan golpes de estado violentos y mortíferos. Un pueblo transformado en sujeto es algo muy diferente de un grupo de personas reclamando o manifestando. Un pueblo-sujeto es aquél que está consciente de las transformaciones, las entiende y las apoya, pero tambien las critica. Solamente un pueblo convertido en sujeto puede seguir transformando de manera radical la sociedad. Las fuerzas reactivas tratan por todos los medios de detener a este sujeto.

El título del artículo del Time de esta semana sobre la muerte de Chávez es significativo: The end of the revolution. Osea las fuerzas del empirismo quieren creer y hacer creer que con la muerte de un dirigente se acaba todo proceso revolucionario. El pueblo de Venezuela tiene la responsabilidad histórica de demostrar que la transformación de la sociedad puede continuar, sin Chávez, pero siempre inspirado en sus ideas, que fueron nobles y generosas.

Chávez, con una inteligencia política rara, entendió que la libertad es algo muy importante. Entendió que es algo fundamental, que está a la base del ser, que se trata de una cuestión ontológica. Intuyó que la libertad es simultánea al ser. "Nosotros no elegimos de ser libres, estamos condenados a la libertad"(3). Cuando un pueblo piensa y aprende a leer y utiliza la razón, se transforma en un pueblo libre, osea en un pueblo que es capaz de pensar su libertad. El solo hecho de pensar en votar por A o por B, es un gesto de libertad. Lo es mucho más aún, si este pueblo-sujeto conoce la diferencia entre A y B. Pareciera que es el caso en la Venezuela actual.

¿Qué es cambiar el mundo? Esta fue una de las preocupaciones de Chávez, él entendió que viviendo intensamente su compromiso participaba en la búsqueda de una verdad. La verdad es un proceso, y este proceso es infinito, inacabado. Se puede pensar que las verdades, si éstas son universales, existen, pero pueden ser perfeccionadas. Badiou lo diría de esta manera: escapar a la finitud significa vivir tan intensamente el presente, que el mañana esté ahí, como una promesa efectiva. Para Badiou, la espera no es una figura de progreso.

No podemos saber si Chávez conocía a Badiou, pero sí podemos decir que su pensamiento intuía este tipo de reflexiones. Chávez entendió que la idea debe ser pensada como algo activo, y que ésta no existe si no orienta en su existencia práctica. En este sentido Chávez era un pedagogo ejemplar. Sus ideas las explicaba a todo su pueblo y sin reposo. Chávez entendía la idea como la promesa de otra cosa, como una virtualidad o posibilidad de una transformación de este mundo.“ No se puede ser fuerte sino partiendo de otro principio, no del mundo real.

Nosotros no podemos ser reducidos a la finitud. La ley de la verdadera vida es el infinito“ (4).

Qué es vivir ? Qué es la vida ? Lo que da sentido, fuerza y felicidad a la vida, según Badiou, es estar comprometido con un proceso o transcurso de verdad, con algo que no es reductible a la individualidad. Es decir, vivir según una idea, como lo pensaba Platón. Vivir sobrepasándose a sí mismo.

¿Qué es una vida digna de ese nombre? Chávez decidió que una vida digna de ese nombre es aquella trazada sobre la base de una idea. Su idea, él la llamó bolivariana. Comprometido con su idea, luchando por su idea, y para decirlo con una “metáfora poética del infinito“, Chávez vivió en inmortal.

Hasta siempre Hugo Chávez.

1) Alain Badiou, Seminario sobre la inmanencia de las verdades (2012/2013), École Normale Supérieure, Paris

2) Ibid

3) Jean Paul Sartre, l’Étre et le néant, Gallimard, 1943

4) Alain Badiou, Seminario sobre la inmanencia de las verdades (2012/2013), École Normale Supérieure, Paris

Eduardo Valenzuela Bejas
Músico, Magister en Artes de la Universidad Paris 8
11 de Marzo del 2013


Un mensaje póstumo a Hugo Chávez

Marta Harnecker

6 marzo 2013

¡Quién iba a pensar querido Hugo que el hombre lleno de vitalidad que conocí hace algo más de 10 años en un avión que nos conducía hacia el Vigía, y que combinaba maravillosamente humanidad y sentido político, iba a partir un día tan cercano a otra morada! ¡Un hombre con tanta, tanta energía y con tantos, tantos proyectos por realizar! Se que el tiempo te apretaba como una camisa estrecha cuando tenías la eternidad por delante, me imagino tu angustia cuando supiste que tenía los minutos contados. Me pregunto una y otra vez por qué ese vendaval que te llevo a la historia te jugó una tan mala pasada, por qué perdiste esta batalla cuando rendirte no estaba en tus planes.

Me imagino cuántas cosas pasaron por tu mente antes de partir: los momentos de tu vida en los que te sentiste invadido por el amor de tus seres queridos y por el inmenso amor de tu pueblo y muchos otros pueblos del mundo; las decisiones que tomaste y que ahora, en una nueva perspectiva, tal vez no tomarías; los ritmos de los procesos que acelerarías y aquellos que impulsarías más lentamente; las ganas de tener más tiempo para curar heridas que causaste sin querer. Habrás pensado más de una vez en cuán importante es construir una dirección colectiva para asegurar la continuidad del proyecto por el cual has dado la vida. Habrás pedido tiempo para completar esa tarea. Estoy segura que hay algo que tiene que haberte reconfortado inmensamente y es la reacción de tu pueblo: constatar cómo había madurado en todos esos años en que fuiste su conductor, cómo había logrado mucha mayor unidad de la que nunca antes había existido, cómo –ocurriese lo que ocurriese— tú estarías siempre presente en su corazón.

Querido presi amigo, ten la certeza que tu vida no ha sido en vano, tus palabras, tus orientaciones, tu entrega ejemplar a la causa de los pobres, servirán de brújula para tu pueblo y para los pueblos del mundo, y serán nuestro mejor escudo para defendernos de los que pretendan destruir esa maravillosa obra que tú empezaste a construir. Yo siempre he dicho que hay que medir al proceso revolucionario venezolano no tanto por las medidas transformadoras adoptadas —que son muchas—, sino por el crecimiento del sujeto revolucionario, y esa obra es ¡tu obra! El proceso podrá tener muchas debilidades —y tú sabes con cuánto dolor yo te abrumaba haciéndotelas notar—, pero lo que tú has logrado con tu pueblo, eso ¡nadie lo podrá borrar jamás!

MH


UN HOMENAJE AL PRESIDENTE QUERIDO POR SU PUEBLO.

por Enrique Villanueva

Hace unas horas falleció el Comandante Hugo Chávez Frías, el presidente que será recordado como amigo de su pueblo, un hombre que con tesón y convicción inicio el camino encabezando una rebelión militar en contra de la corrupción que entonces agobiaba al país. Un camino que luego pudo concluir recorriendo toda la nación, golpeando puerta por puerta y la conciencia de los venezolanos, pidiendo su apoyo y su voto para llegar a la presidencia y cumplir su promesa de una Venezuela sin pobres.

En los años previos a su elección como presidente, lo vimos con una consecuencia sin limites, levantando las consignas que luego fueron las promesas que cumplió y por las cuales nunca dejo de luchar: por una Asamblea Constituyente, contra la corrupción, por la defensa de las prestaciones sociales, para democratizar y redistribuir el ingreso petrolero y por construir el Gobierno Bolivariano.

Chávez no llego a la presidencia por casualidad, lo hizo con el apoyo y el voto mayoritario de los pobres, de las clases medias empobrecidas y de los eternos excluidos, fue el líder que terminó con el sistema bipartidista que durante años se alterno y repartió el poder desde 1958. Chávez desde el principio enarboló las banderas que muchos habían abandonado y sus sueños, la construcción del Socialismo Bolivariano del siglo XXI, como el mismo lo dijo muchas veces, como una “alternativa al modelo salvaje del capitalismo y con ello asegurar la mayor suma de seguridad social, mayor suma de estabilidad política y la mayor suma de felicidad, para nuestro pueblo”.

Por sus sueños y por la coherencia de sus planteamientos el gobierno que encabezó fue amenazado en varias oportunidades y la mas reciente sucedió en Venezuela entre el 11 y el 14 de abril de 2002. En ese entonces un grupo de militares se apoderó del mando de las Fuerzas Armadas y lo destituyó de su cargo, con el apoyo de la embajada de Estados Unidos, alentando a la oposición venezolana para impedir la aprobación de unas leyes que legislaban sobre la propiedad de los recursos esenciales del país, alentando un paro petrolero que llevó al mínimo la producción de crudo.

Chávez y su gobierno vencieron esos momentos de traición y fueron las FFAA rescatadas por Oficiales leales y por el pueblo, quienes lo reubicaron en su cargo, con movilizaciones impresionantes a través del todo el país.

Un triunfo popular que reafirmó el legado de Chávez construido sobre la base de un Gobierno soberano, que no responde a los dictados del Imperio ni a los de la burguesía alguna. Un pueblo además que se siente profundamente orgulloso de sus raíces culturales e históricas, y en pleno proceso de recuperación del control de sus riquezas naturales y sus ingresos.

En el campo internacional y con una profunda visión latinoamericanista Chávez se puso al frente y como precursor de una política de integración, reubicando a nuestro continente en una posición de peso en el concierto internacional, impulsando el sello de la autodeterminación.

Chávez es el creador de la CELAC y el gran impulsor de la integración latinoamericana, con ello creó un nuevo momento no solamente en América Latina, sino en el Mundo, con una América Latina hablando con voz propia, en un proceso no solo político, sino integrador visto en toda la dimensión de la palabra.

Pero mas allá de sus legados políticos indiscutibles, y sobre todo para quienes estuvimos cerca de quienes iniciaron la Revolución Bolivariana en 1998, cuesta asimilar la dolorosa noticia del fallecimiento de Hugo Chávez Frías. Cuesta porque se va un gran impulsor de la inconclusa lucha por nuestra segunda y definitiva independencia latinoamericana, manteniendo una postura digna a nombre de su país y de nuestro continente.

Finalmente y mas allá de sus detractores a Chávez lo recordará su pueblo con cariño, porque cerró filas junto a el como uno más, por ello la sabiduría popular lo consignará como su imagen, porque fue su sabia la que lo nutrió y por eso es su ejemplo y su espíritu, el vivo aliento presente en la continuidad de su obra.

Nuestra admiración por siempre Comandante!

Dr. Enrique Villanueva M. Vicepresidente Centro de Estudios Exonerados Fuerza Aérea 1973 CEEFA 73


Y LLEGÓ EL COMANDANTE CHÁVEZ Y MANDO A PARAR.

Miguel Díaz G.

Marzo 2013.

En 1986 amigos del Chile profundo, perseguido en esa época, consiguieron que la FAO me enviara a un curso internacional sobre Desarrollo Agrícola en Venezuela. Para mi viajar al norte, a las tierras de Simón Bolívar y de nuestro admirado Francisco de Miranda era algo muy exótico, un mundo nuevo por descubrir.

Saliendo del aeropuerto de Maiquetía hacia Caracas un brutal paisaje urbano me abismó. Una ciudad circundada por innumerables cerros, poblados por cientos de miserables viviendas populares en la más espantosa de las pobrezas. Taciturno murmuraba en el bus hacia el centro: “Venezuela, Venezuela que hay en tu corazón”. La capital, en algunos sectores brillaba y brillaba en las noches, plétora de barrios caros, elegantes y luminosos. Me vino a la memoria un verso del Canto General de Neruda: “Vi la luz derramada a raudales en la casa de los ricos” y un viejo poema del Crepusculario “Barrio sin luz”. Ciudad militarizada por cientos de guardias, que miraban con ojos huidizos hacia las casuchas pobres, colgadas de los cerros vecinos. En esos días, en Caracas, junto a los universitarios de la Universidad Central de Venezuela y nuestros exiliados pobres hicimos varios mítines en solidaridad con Chile. Recolectábamos dinero y afecto que traíamos para la lucha interna.

Los compañeros venezolanos siempre fueron generosos con nuestros presos y militantes exiliados. Las llamadas Casas Chile, donde se acogió el exilio pobre, fueron nuestra recalada. La pequeña Venecia (Venezuela) como le llamaron a este país los conquistadores españoles, por los palafitos de los indígenas locales, que en algunas zonas se asemejaban a callejuelas venecianas, era una tierra de ominosas diferencias.

Después de meses de recorrer sus ciudades y campos, Maracay, Barquisimeto, Valencia, Caracas y tras las huellas de Carabobo, en todos los lugares era lo mismo: el llanero lloraba su tristeza mientras la oligarquía doméstica a lo largo de muchos años se adueñaba de los lugares donde fluía la gigantesca renta natural del país. Una refinada y clasista burocracia petrolera generación tras generación se adueñó de Petróleos de Venezuela, la principal empresa del país. En el intertanto el pueblo fue sumido durante décadas en la más espantosa ignorancia y exclusión. Las familias bien, democráticas y pudientes, iban de compras cada fin de mes a Miami, acostumbrados a los productos importados, en un desmedro inconcebible de su propia agricultura e industria nacional. El pueblo meta arepa y café, en cada esquina.

La política era una actividad simple en esa época. Se sucedían sin cesar los gobiernos democratacristianos del COPEI y los socialdemócratas de la ADECO. Siempre, eran los mismos, generación tras generación. Para el pueblo, por el contrario nada cambiaba y cada lustro se sumía más y más en la pobreza, la ignorancia y la marginalidad. Mientras tanto la renta petrolera subía y subía por la enorme carestía del crudo a nivel internacional. Las oligarquías partidarias de otras partes de América, que compartían el mismo estilo, hacer democracia representativa como ellos le llaman, en sus malos tiempos se exiliaban en Venezuela. Algunos de estos, incluyendo conocidos ex - ministros e intelectuales chilenos, crearon empresas y se hicieron inmensamente ricos en suelo venezolano. Pero en la patria de Bolívar, a pesar de la inmensa riqueza del país, el pueblo continuaba cada vez más pobre e ignorante. Para ellos, no había colegios, vivienda o salud y menos: desarrollo económico. Para las familias oligarcas: todo, durante muchas décadas.

En Maracay, la ciudad del último dictador venezolano, el General Pérez Jiménez previo a los siguientes cuarenta años de democracia representativa inútil, yo vivía en una modesta casa de barrio. Mi anfitrión, un miembro del Partido Comunista Venezolano, ya entrado en años, en las tardes, a la sombra de los bellos samanes y en medio del canto de los turpiales me decía como un viejo maestro: “Estamos en un reflujo político y social arrecho. Pero en algún momento esto va a cambiar. Tú, no pierdas la esperanza que en Chile se abrirán de nuevo las grandes alamedas”. Y se reía porque sabía que la lucha era muy dura en esos años. Había estado en la guerrilla y en las grandes luchas del pueblo venezolano. En aquella, que fue la excepción, que se lanzó al monte en tiempos de Guevara. Me llenaba de confianza, a pesar del dolor y la sangría que vivíamos en Chile en esa época.

Una vez, durante este tiempo, con algunos compañeros exiliados fuimos a un acto político de los ADECOS, y fuera del estadio de beisbol donde se realizaba, había camiones con grandes acoplados, refrigerados, con cientos de cajas de cerveza Polar. La más famosa de allá. Entramos al estadio y allí había miles de personas, bastante ebrias y en el suelo del campo deportivo, miles de latas de cerveza vacías que habían sido repartidas por los organizadores. Así se hacía la democracia representativa del país.

El campo venezolano estaba reducido a la marginalidad absoluta. Aparte de las comunidades campesinas, que vivían igual que siempre, los empresarios agrícolas eran unos mártires porque los alimentos se importaban todos desde USA. Miles de pobladores rurales inundaban día a día las ciudades tras el espejismo de la vida urbana moderna, engrosando su marginalidad. “Venezuela, Venezuela que hay en tu corazón”.

Los doctores de la oligarquía educada en universidades de USA, se sucedían sin pesar ni cesar en los altos cargos de los gobiernos de turno. En el intertanto la renta petrolera había subido exponencialmente y el país era cada vez más rico. Sin embargo, el pueblo era cada vez más pobre y marginal. Los llaneros, arpa en mano cantaban a sus desgracias sentados sobre la inmensa riqueza petrolera del subsuelo de la cual nada les llegaba. En Ocumare, en la costa, los negros dele que dele al tambó y lamentando su suerte, como en las viejas plantaciones de cacao. La delincuencia de los que robaban poco, era cada vez más alta en las ciudades y las cárceles no daban abasto. La de los que robaban mucho, como siempre, permanecía intocada, más bien era algo no ventilado como ocurre siempre.

Muchos años después, de estar en la tierra de Bolívar y de haber conocido y compartido con su pueblo, el año 2000 en Bogotá, me encontré con un alto funcionario de la FAO venezolano con quien compartimos en su país en esos tiempos, que residía en Roma, a quien le pregunté cómo estaban. Me dibujó un cuadro patético, de irracionalidad, ineficiencia y exclusión. Muchos miembros de su familia que por décadas habían trabajado en Petróleos de Venezuela habían sido despedidos. Además, ya no había nanas, estaban todas estudiando. El país –a su juicio- se había puesto enormemente vulgar porque en todo el populacho quería participar y decidir. El “populismo” – así lo dijo-se había adueñado de Venezuela. El gasto público era muy ineficiente. A su juicio, la prestigiada democracia venezolana se transformaba paulatinamente en una dictadura, con un pueblo ignorante que no distinguía entre el bien y el mal. Yo le dije, pero cómo, si hace 10 años atrás la pobreza era de 63% y ahora es solo de un 30%, la salud, universidad y jubilaciones ahora son masivas y gratis. Le dije: ¿Qué pasó antes que con tanta riqueza, el pueblo era pobre y marginal? Esbozó una sonrisa incómoda y cruzó la sala dirigiéndose al baño.

Recordé otra frase y me dije musitando: Y llegó el Comandante Chávez y mandó a parar.


¿Un chavismo sin Chávez?

por Steve Ellner* Publicado en la edición chilena de Le Monde Diplomatique, septiembre de 2012

La elección presidencial del 7 de octubre de 2012, según todas las encuestas, las ganaría Hugo Chávez, a pesar de su enfermedad, un cáncer del cual él señala que ya se sanó. Muchos se preguntan ¿qué sucedería con el proceso político revolucionario, si Chávez perdiera las elecciones o si falleciera?

“Un favor siempre se obtiene a cambio de otro favor”, reconoce Joanna Figueroa. Esta habitante de Viñedo, un barrio popular de la ciudad costera de Barcelona, en el este de Venezuela, prometió militar por la reelección de Hugo Chávez desde el momento en que el Estado le proveyó un techo en el marco de la “Gran misión vivienda”, un ambicioso programa de viviendas sociales. Ella misma construyó su casa, junto con un “equipo de trabajadores” compuesto por un albañil, un gasfiter y un electricista asignados por el consejo comunal. Su trabajo consistía en mezclar el cemento. “Amor con amor se paga”, profesa, retomando la divisa vigente entre los adeptos de Chávez. El éxito de este eslogan, que se oye un poco en todo el país, da muestras del vínculo emocional que aún existe entre muchos venezolanos y su presidente.

El escrutinio del 7 de octubre de 2012 cristaliza intereses considerables. Aunque al candidato de la oposición, Henrique Capriles Radonski le guste presentarse como un renovador sin prejuicios ideológicos, no deja de pertenecer al partido conservador Primero Justicia (PJ), que defiende los intereses de los inversores privados y considera con desconfianza cualquier intervención del Estado en la economía. Sin embargo, la oposición se ha calmado después su golpe de Estado fallido de 2002 y de su decisión, tomada por despecho y sobre la marcha, de boicotear las elecciones nacionales. Hoy, sus dirigentes participan en el proceso electoral y manifiestan su ferviente apoyo a la Constitución de 1999, adoptada con una aplastante mayoría de los votos y que ellos habían rechazado en aquel momento. Incluso lograron nuclearse detrás de un candidato común, designado en febrero último a través de una elección primaria.

El balance positivo de la Misión Vivienda, que procuró un techo a miles de hogares modestos haciéndolos participar, al mismo tiempo, en la implementación del programa a escala barrial, probablemente no sea ajeno a la persistente popularidad de Chávez, que sigue liderando las encuestas. Por más que la oposición se jacte de que la victoria es suya, está empezando a verse cierto desánimo. El director de prensa Rafael Poleo, figura influyente de la derecha y enemigo encarnizado de Chávez, recientemente desaprobó la candidatura de Capriles por considerarla “incapaz de llegar a cualquier lado”. La declaración tenía lugar después de la publicación en mayo de un estudio de opinión que otorgaba el 43,6% de los votos al presidente saliente, contra solo un 27,7% a Capriles. El balance de la gestión de Chávez obtenía, por otra parte, un 62% de opiniones favorables. Un trago tanto más amargo cuanto que el autor de la encuesta, el Instituto Datanalisis, pertenece a un fiel de la oposición, Vicente León. Trece años gobernando

La popularidad de la que parece gozar Chávez tiene motivos para sorprender, habida cuenta de sus trece años en el poder y del hastío que semejante longevidad instala necesariamente en la opinión. Asimismo, su candidatura podría verse perjudicada por las incertidumbres relacionadas con su cáncer, que se hizo público el 30 de junio de 2011 (aunque no se develó la localización y la gravedad de la enfermedad). Por otra parte, la oposición no dejó de denunciar la imprevisión del presidente, quien se abstuvo de designar a un reemplazante capaz de asegurar la continuidad del poder en caso de vacancia precipitada. Tanto dentro como fuera del país, los medios cercanos al mundo de los negocios explotan con gusto los problemas de salud del jefe de Estado venezolano para reducir sus probabilidades de una reelección. Como indica un estudio realizado por el periodista Keane Bhatt, el duelo bajo los trópicos entre “la fragilidad de Chávez” y la “energía juvenil” de Capriles se ha impuesto como un clásico en la producción de Reuters, de Associated Press o del Miami Herald (1). La irrupción de la enfermedad también reaviva la espinosa cuestión del liderazgo dentro del movimiento de Chávez, que está empezando a reconocer que la concentración del poder en sus manos no presenta únicamente ventajas: mientras que sus ministros van y vienen, el presidente -cuyo retrato adorna la cuasi totalidad de los afiches bolivarianos- reina como la única encarnación de un proceso político que parece depender únicamente de él.

Durante una visita a Brasil, en abril de 2010, un periodista le preguntó a Chávez si algún día pensaba ceder el lugar a otro dirigente: “No tengo sucesor a la vista”, respondió éste. ¿Aún sigue siendo así hoy? El año pasado, le admitió a uno de sus antiguos asesores, el profesor universitario español Juan Carlos Monedero, que acababa de ponerlo en guardia contra los peligros de un “hyper-leadership” en Venezuela: “Tengo que aprender a delegar más el poder”. En los períodos en los que sus tratamientos lo alejaban de sus funciones, varios responsables políticos llenaron el vacío y emergieron como posibles sucesores. Especialmente el actual ministro de Asuntos Exteriores, Nicolás Maduro, un ex dirigente sindical que presidió la comisión encargada de la nueva legislación laboral y que cuenta con un sólido apoyo dentro de las organizaciones de trabajadores. O también el vicepresidente ejecutivo, Elias Jaua, muy popular entre la base militante del movimiento chavista. Sin olvidar al presidente de la Asamblea Nacional, el pragmático Diosdado Cabello, un ex teniente que tiene un sólido apoyo dentro del ejército. Fuera de la omnipresente tutela de Chávez, “algunos de nosotros pensábamos que iba a ser difícil continuar con el proceso -explicaba el ex asesor Monedero en mayo último-. Actualmente, no tenemos más ese temor, ya que hay docenas de personas que podrían continuar el trabajo sin el más mínimo problema”.

De haber un tercer mandato, el futuro político de Chávez seguramente dependerá de la aptitud de su equipo para profundizar los cambios introducidos, para elaborar nuevos programas sociales capaces de revigorizar la base popular y para luchar contra la inseguridad. (2) El camino ya recorrido no impide que se considere esta posibilidad. Elegido por primea vez en diciembre de 1998 gracias a un programa moderado concebido para borrar la imagen belicosa a la que había quedado pegado después de su tentativa de 1992, el antiguo alborotador de la Academia Militar de Caracas se había apurado a hacer votar una nueva Constitución, a lanzar una vasta reforma agraria y a renovar por completo la legislación social y económica. En 2005, proclama su conversión al socialismo y nacionaliza los sectores estratégicos de la economía, como las telecomunicaciones, los bancos, la electricidad y el acero. A partir de 2009, la “revolución bolivariana” extiende su control a empresas más pequeñas, pero cruciales para la vida cotidiana de la población. Acompañada de una escalada verbal contra la “burguesía”, la “oligarquía” y el “imperialismo estadounidense”, esta política de expropiación, no obstante, persigue un objetivo menos polémico: garantizar la soberanía alimentaria del país.

Hoy, algunos bienes de primera necesidad como el arroz, el café, el aceite o la leche se producen en el país a través de una red de empresas públicas y están disponibles a precios accesibles. En junio último, Venezuela inauguró, incluso, su primera línea de fabricación de mayonesa a base de aceite de girasol. La implementación de nuevos servicios públicos reconocidos como competitivos -alimentos, bancos, telecomunicaciones- sugiere que un Estado no es necesariamente incompetente para administrar empresas. La demostración es menos sólida en el caso de las industrias pesadas como el acero, el aluminio o el cemento, siempre sujetas a los conflictos sociales y las fallas de la red comercial. Al asegurar él mismo la venta de los materiales de construcción a los barrios que los necesitan, sin pasar por intermediarios preocupados por sus márgenes de ganancia, el gobierno espera resolver al menos una parte del problema. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la tasa de pobreza en Venezuela bajó un 21% entre 1999 y 2010. Pero ese comienzo de redistribución en beneficio de los más modestos no alegra a las clases medias, que siguen siendo mayormente hostiles al presidente saliente. Si bien las encuestas otorgan a este último una ventaja de veinte puntos sobre su rival, las proporciones se invierten en cuanto nos acercamos a los barrios caros. Entre los más ricos, el elogio del bolivarianismo suele suscitar una hostilidad visceral, ligada al terror, sabiamente alimentado por la oposición y los medios patronales, de que el gobierno termine prohibiendo algún día la propiedad privada. A lo cual se suma, en ciertos casos, un resentimiento hacia los pobres, que parecen acaparar para sí toda la generosidad del Estado. Sin embargo, el gobierno no ha escatimado los gestos en favor de las clases medias y altas, como la instauración de una tasa de cambio preferencial para los viajes al extranjero.

Henrique Capriles

Mientras que Chávez parece querer despegarse de algunas exageraciones del pasado, Capriles juega claramente la carta del hombre de la renovación. No deja pasar una sola ocasión de recordar que tiene sólo 40 años y que, por lo tanto, no es responsable de las políticas calamitosas infligidas a los venezolanos antes de 1998 (aunque los partidos que estaban en el poder en aquel entonces hoy le dan su apoyo). En sus discursos, suele asociar la “manera antigua de hacer política” con los episodios de intolerancia y polarización que han marcado el país, tanto antes como después de la llegada al poder de Chávez. Defendiéndose del sectarismo, promete no eliminar los programas sociales del gobierno actual, sino, al contrario, mejorarlos. Por ejemplo, propone hacer votar una nueva ley, bautizada “Misiones para Todos por Igual”, que garantizaría a los ciudadanos de todas las tendencias y todas las etiquetas políticas las mismas condiciones de acceso a los programas sociales. El 1 de febrero de 2011, entrevistado por una cadena de televisión privada, explicaba: “Lo positivo del balance de Chávez es que ha vuelto a poner a la orden del día la cuestión de la lucha contra la pobreza. Pero ahora hay que ir más lejos y superar los simples discursos para terminar con ese mal”. Sin ninguna duda -los números de la CEPAL lo sugieren-, los programas sociales del gobierno venezolano no se basan en “simples discursos”. Pero las palabras de Capriles (que corroboran las de Teodoro Petkoff, un ex guerrillero que hoy es portavoz del establishment local) representan una forma de victoria ideológica para Chávez. Asimismo, revelan que, para el candidato de la oposición, el antiguo teniente coronel podría no ser ese loco dictador que los medios privados denuncian desde hace años.

Si bien la oposición ya no cuestiona la eficacia de la política social bolivariana, Chávez y Capriles, en cambio, adoptan posiciones diametralmente opuestas en materia de política económica. La cuestión que enfrenta a los dos bandos con la mayor virulencia es la de las expropiaciones. Para los adeptos de Chávez, la expropiación es una herramienta para construir una economía mixta para el interés general, en especial en los sectores de la construcción, los bancos y la alimentación: al atacar vivamente el control de los monopolios privados sobre esos sectores vitales, el Estado ha puesto fin a las penurias artificiales que antes sufrían los consumidores. “¿Cómo es posible que esta vez no se observe ninguna de las penurias que azotaron al país durante cada periodo electoral pasado? -se interroga el diputado Irán Aguilera, cercano a Chávez-. Porque las empresas estatales llenan el vacío creado por el sector privado con fines políticos.”

Por su parte, la oposición se propone devolver lo antes posible al sector privado sus derechos inalienables. “No tengo la intención de pelearme con los empresarios ni con quien sea a este respecto”, admite Capriles con franqueza. El favorito de los empresarios esgrime que las empresas controladas por el Estado han sufrido una caída de su producción, no obstante sin proporcionar estadísticas que apoyen esta tesis. Prefiere poner el acento en el gran regreso de los inversores extranjeros, esperando que su cuerno de la abundancia le permita cumplir su principal promesa: la creación de tres millones de empleos en seis años. La ortodoxia liberal que impregna su programa también afecta la seguridad social, que ya no estaría controlada por el Estado, sino por un sistema mixto que favorecería el “ahorro individual y voluntario”. La Mesa de la Unidad Democrática (MUD), coalición heteróclita formada por los partidos que apoyan a Capriles, reclama, por su parte, una “flexibilización” de la ley que regula el control del Estado sobre la industria petrolera “a fin de promover la competencia y la participación del sector privado”. (3)

Más allá de sus deseos de sumar adeptos, no es seguro que el candidato antichavista pueda seducir más allá de las clases medias que componen la base de su propio partido, el PJ. Primero, porque proviene de una familia de empresarios que han hecho fortuna en los sectores más variados, del inmobiliario a la industria, pasando por los medios de comunicación: un perfil poco habitual dentro de la clase política venezolana. Luego, Capriles es el antiguo alcalde de Baruta, un gueto selecto de la aglomeración de Caracas. No es seguro que la imagen modesta y juvenil que intenta dar de sí mismo alcance para contrabalancear semejante currículum entre los electores menos favorecidos, por más hartos que estén de Chávez.

El dirigente de la oposición no siempre es ayudado por sus propias tropas. Recientemente, el MUD atacó vivamente la Misión Vivienda, calificando de “fraude” y de “fracaso” la expropiación de los terrenos destinados a la construcción de viviendas sociales. Una ofensiva arriesgada, tratándose del programa estatal más popular del gobierno de Chávez. Según el ministro de Información, Andrés Izarra, ya se han alcanzado los primeros objetivos, con la construcción de doscientos mil viviendas desde el lanzamiento del plan, en 2011.

Siempre ligado a su pasado militar, Chávez lo presentó como una “guerra” que debía movilizar al conjunto del gobierno y del movimiento bolivariano. En algunos barrios, los estudiantes reciben una beca para formar “brigadas” encargadas de construir las casas. Pero el papel principal lo tienen los cerca de treinta mil consejos comunales creados desde 2006. Ellos son quienes reclutan a los trabajadores, calificados o no, y quienes seleccionan a los beneficiarios del programa. El contrato para pasar “del tugurio a una vivienda digna” estipula en qué lugar y según qué normas debe edificarse la nueva casa. Cada trabajador recibe su salario al final de la obra, bajo la forma de un cheque emitido por un banco nacionalizado, pues los pagos en efectivo dieron lugar a malversaciones en el pasado. Por otra parte, se han tomado medidas para evitar la reventa especulativa de las viviendas. “Este es un proceso de aprendizaje, donde los errores cometidos anteriormente por falta de control se van corrigiendo sobre la marcha”, nos explica Leandro Rodríguez, del Comité de Participación Ciudadana del Congreso Nacional.

Chávez eligió oportunamente la fecha del 1 de mayo, en plena campaña electoral, para promulgar el nuevo Código Laboral, última gran iniciativa de su mandato. Los progresos que este aporta no son menores: reducción del tiempo de trabajo a cuarenta horas semanales (contra cuarenta y cuatro antes), prohibición de la subcontratación en favor de empleos estables, extensión de la licencia por maternidad a veintiséis semanas (contra dieciocho antes). El texto también restablece el antiguo sistema de indemnizaciones por despido, eliminado en 1997 por el gobierno liberal de aquel entonces. De ahora en más, el trabajador despedido recibirá una indemnización que corresponderá al monto de su salario mensual multiplicado por el número de años que trabajó en la empresa, una reivindicación de larga data de los sindicatos venezolanos. Capriles manifestó su desacuerdo con esta nueva legislación, arguyendo que no resolvía el problema del desempleo ni la suerte de los trabajadores clandestinos privados de protección social. Luego precisó la naturaleza de su queja: “Chávez sacó esa ley de la galera para que lo ayude a ganar el 7 de octubre”.

Repercusiones internacionales

El resultado del escrutinio tendrá un impacto mayor en todo el continente americano. Capriles ya prometió restaurar relaciones amistosas con Estados Unidos, mientras que otros miembros de la oposición anunciaban una revisión completa de los programas de ayuda y cooperación establecidos entre Venezuela y algunos de sus vecinos. También está previsto un acuerdo de ese tipo con China, la cual proporcionaría créditos baratos a cambio de petróleo. Por último, durante la visita del presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad a Caracas, en junio último, Capriles no perdió la oportunidad de denunciar la insólita alianza con Teherán y exigió que el gobierno “mejor se ocupe de los intereses de Venezuela creando empleos para los venezolanos”.

El activismo panamericano de Chávez se concretó a través de la creación de varios organismos supranacionales: la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) -presidida por su confidente, Alí Rodríguez Araque-, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), fundada en Caracas en diciembre último y, por último, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), que reúne, entre otros, a Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador y Nicaragua. (4) En junio último, por instigación de Chávez, el bloque latinoamericano condenaba vigorosamente la destitución ilegal del presidente paraguayo Fernando Lugo, denunciando la inercia de Washington y del organismo controlado por éste, la Organización de los Estados Americanos (OEA). La respuesta inmediata del presidente venezolano (retiro de su embajador en Paraguay, suspensión de las entregas de petróleo) le valió, también, las reprimendas de Capriles.

Estados Unidos

Ante la perspectiva de una alternancia en Caracas, una febril impaciencia se ha apoderado de Washington. Para la Casa Blanca, y para la clase política estadounidense en su inmensa mayoría, Chávez sigue siendo el enemigo público número uno en esta parte del globo. Tres semanas antes de dejar la presidencia del Banco Mundial, en junio último, Robert Zoellick resumía la esperanza general: “Los días de Chávez están contados”. Y predecía con regocijo que, privados de la ayuda venezolana, algunos países como Cuba y Nicaragua vivirán pronto “tiempos difíciles”. Este escenario soñado, agrega Zoellick, brindaría “una oportunidad para transformar el hemisferio occidental en el primer hemisferio democrático”, en oposición al “santuario de los golpes de Estado, los caudillos y la cocaína” que encarna, en su opinión, la pesadilla bolivariana. A principios de 2012, el ensayista Michael Penfold advertía en la revista Foreign Affairs: “Si Chávez gana en octubre, gran parte de la oposición política venezolana quedará reducida. En muchos aspectos, será como volver al casillero inicial”. (5) Aun entre los especialistas de América Latina, las comparaciones entre el presidente venezolano y sus homólogos de igual tendencia rara vez son ventajosas para él. En un libro dedicado al auge de los movimientos de izquierda sudamericanos, los investigadores Maxwell Cameron y Kenneth Sharpe describen a Chávez con los rasgos de un déspota encarnizado en “desmantelar las instituciones políticas del Estado” y en “crear un partido oficial sometido a él”, mientras que el presidente boliviano Evo Morales simbolizaría “un movimiento político en el cual la función del dirigente no consiste en monopolizar el poder”. (6)

Sólo unos pocos intelectuales consideran que Chávez ha hecho un mejor trabajo que sus homólogos de Bolivia, Ecuador u otros países. Jeffrey Webber, un profesor universitario comprometido, coautor de otro libro sobre las izquierdas latinoamericanas, califica a Morales de “neoliberal reconstruido”, pero aplaude a Chávez por haber “revivificado la crítica del neoliberalismo y vuelto a poner a la orden del día el debate sobre el socialismo”. (7) No sin razón, los políticos y los observadores de todas las tendencias tienden a reservar un trato particular para el régimen venezolano. Grandes expropiaciones, programas de cooperación en beneficio de países vecinos más pobres, etc.: pocos gobiernos del mundo pueden jactarse de haber impulsado reformas tan audaces, o expoliadoras, según el punto de vista. Una nueva victoria de Chávez en octubre podría acelerar la dinámica de transformación social que está en curso en Venezuela. Su programa “para la gestión bolivariana socialista 2013-2019” preconiza una intervención más masiva del Estado en los sectores del comercio y el transporte a través de “centros de distribución local para la venta directa de productos” que eliminaría los intermediarios y volvería caduco el modelo de la gran distribución dominante en el resto del mundo.

Otro objetivo es extender los poderes democráticos que ejercen los consejos comunales. Cientos de “comunas en construcción” a lo largo del país -que agrupan, cada una, unos doce consejos comunales o más- garantizarían ellas mismas los servicios de utilidad pública como la distribución del gas o el agua. En total, las nuevas comunas representarían a un 68% de la población. Dispondrían de las mismas prerrogativas que el Estado y los municipios, en especial para la elaboración de los presupuestos, la planificación y la recaudación de impuestos.

A una escala más amplia, la reelección de Chávez consolidaría el “corredor de izquierda” que atraviesa América Latina y restringiría aún más la esfera de influencia de Estados Unidos. El avance de las izquierdas sudamericanas durante las últimas décadas ha favorecido los procesos de unión en el plano del continente. Si bien la derecha ganó las elecciones en Chile en 2009, no hubo que esperar demasiado para ver derrumbarse la popularidad del presidente Sebastián Piñera. El año siguiente, la victoria en Colombia del centrista Juan Manuel Santos auguraba una desventura similar, pero el nuevo presidente pronto se sumó a la causa de una unión latinoamericana reivindicada por la izquierda, dándose incluso el lujo de hacer frente a Whashington sobre varias cuestiones clave. (8) Prácticamente solo Paraguay, después de la caída de Lugo, camina actualmente a contracorriente de sus vecinos.

Pero, nuevamente, es en Venezuela donde el escrutinio de octubre cobra su significado más decisivo. La derrota de Chávez tendría como consecuencia -más allá de lo que diga su rival- el devolver al país a la situación que conocía antes de 1998. Un nuevo mandato elevaría su reinado a dieciocho años; es mucho, tal vez demasiado. Sin embargo, la transformación social de un país en un periodo tan largo, bajo la conducción de un jefe de Estado elegido democráticamente, representaría una experiencia sin igual en la historia. 

1. Keane Bhatt, “Our man in Caracas: The U.S. media and Henrique Capriles”, Nacla, 18 de junio de 2012, www.nacla.org.

2. Léase Maurice Lemoine, ¿Arde Caracas?, Le Monde diplomatique, edición chilena agosto de 2010.

3. VenEconomía, Caracas, vol. 29, n° 6, marzo de 2012, p. 2.

4. Steve Ellner, “Latin American unity takes center stage at Cartagena summit”, Nacla, julio-septiembre de 2012.

5. Michael Penfold, “Capriles Radonski and the new Venezuelan opposition”, Foreign Affairs, 26 de enero de 2012, www.foreignaffairs.com.

6. Maxwell Cameron, Kenneth Sharpe, “Andean Left Turns. Constituent Power and Constitution Making”, en Latin America’s Left Turns. Politics, Policies and Trajectories of Change, Lynne Rienner Publishers, Boulder, 2010, pp. 68 y 74.

7. Jeffery Webber, “Venezuela under Chávez. The prospects and limitations of twenty-first century socialism, 1999-2009”, Socialist Studies/Etudes Socialistes, Victoria (Canadá), 2010; Webber, “From left-indigenous insurrection to reconstituted neoliberalism in Bolivia”, en Barry Carr and Webber (bajo la dir. de), The New Latin American Left. Cracks in the Empire, Rowman and Littlefield, Lanham (Maryland), 2012.

8. Léase “Histoire des gauches au pouvoir”, Manière de voir, n° 124, agosto-septiembre de 2012.

*Profesor de Historia en la Universidad de Oriente (Venezuela).

Traducción: Julia Bucci

Publicado en la edición chilena de Le Monde Diplomatique, Septiembre de 2012


La demonización de Chávez Por Eduardo Galeano*

"Hugo Chávez es un demonio. ¿Por qué?, porque alfabetizó a más de dos millones de venezolanos que no sabían leer ni escribir, aunque vivían en un país que tiene la riqueza natural más importante del mundo, que es el petróleo. Yo viví en ese país algunos años y conocí muy bien lo que era. La llaman la "Venezuela Saudita" por el petróleo.

Tenía a más de dos millones de niños que no podían ir a las escuelas porque no tenían documentos. Ahí llegó un gobierno, ese gobierno diabólico, demoníaco, que hace cosas elementales, como decir "Los niños deben ser aceptados en las escuelas con o sin documentos". Y ahí se cayó el mundo: eso es una prueba de que Chávez es un malvado malvadísimo.

Ya que tiene esa riqueza, y gracias a que por la guerra de Iraq el petróleo se cotiza muy alto, él quiere aprovechar eso con fines solidarios. Quiere ayudar a los países suramericanos, principalmente Cuba. Cuba manda médicos, él paga con petróleo. Pero esos médicos también fueron fuente de escándalos. Están diciendo que los médicos venezolanos estaban furiosos por la presencia de esos intrusos trabajando en esos barrios pobres.

En la época en que yo vivía allá como corresponsal de Prensa Latina, nunca vi un médico. Ahora sí hay médicos. La presencia de los médicos cubanos es otra evidencia de que Chávez está en la Tierra de visita, porque pertenece al infierno. Entonces, cuando se lee las noticias, se debe traducir todo. El demonismo tiene ese origen, para justificar la máquina diabólica de la muerte."

*Escritor y periodista uruguayo, autor de "Las venas abiertas de América Latina".


Hugo Chávez y la Plaza Bolívar

Tito Tricot

No había ni una gota de viento, sólo una braza ardiente que te caía desde el cielo. Ni una triza de lluvia, sólo la respiración vacilante en medio de un calor desconocido e implacable. Y yo ahí, perdido en medio de una revolución mágica, hasta que en un rincón de la Plaza Bolívar apareció de la nada Hugo Chávez. O tal vez siempre estuvo ahí y la nada era yo, pero lo único que importa es que el tiempo se detuvo en el aire y dibujó una breve luciérnaga mientras el comandante hablaba a su pueblo. En un rincón de la plaza fue cuando le vi y escuché su palabra; palabra increíble para un chileno de un Chile casi sin memoria, de un país donde la revolución es casi un susurro que deambula por entre las piedras; donde se reprime al pueblo mapuche simplemente por ser mapuche; donde a los Movimientos Sociales se les perfora su solidaria ternura porque se les teme hasta siempre. El mismo país donde la Democracia no sale de su estupor al no entender el que se hable en su nombre cuando jamás ha visitado Chile en las últimas dos décadas.

En eso pensaba cuando me pareció que el presidente Chávez escrutaba mi asombro con una mirada comprensiva, como queriendo decir: el pueblo chileno es valiente, Allende fue valiente, la lucha contra la dictadura fue valiente. Nada es imposible. Aunque, para ser honesto, creo que nunca siquiera supo que me hallaba en la plaza, en Venezuela, en la revolución bolivariana. Jamás atisbó mi ímpetu de abrazarlo por haber despertado a América Latina en medio del canto. Sí, porque el presidente cantaba sin vergüenza alguna. Y bien cantaba, con la alegría del que hila sueños colosales sin ser Bolívar; que cabalga con rumbo sin ser Sucre, y trazando a América Latina sin ser Miranda.

Era nada más Hugo Chávez, con todas sus virtudes y todos sus defectos; el que bregó por la integración latinoamericana, por la solidaridad entre los pueblos; el que impulsó la conformación de UNASUR, Unión de Naciones Suramericanas; que promovió la creación de CELAC, Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe. El mismo que generó y consolidó las numerosas Misiones bolivarianas abocadas a ayudar a los desposeídos y que constituyen expresión de una profunda solidaridad.

La Misión Milagro, que funciona en el ámbito oftalmológico, ha sanado de problemas oculares a más de 2 millones de latinoamericanos de escasos recursos. La Misión Barrio Adentro busca garantizar una salud de calidad a los pobres, mediante el establecimiento y funcionamiento de consultorios y hospitales populares. Por su parte, la Misión Cristo tiene como objetivo terminar con la pobreza en Venezuela. Asimismo, la Misión Guaicaipuro está destinada a promover los derechos de los pueblos indígenas. Y así, casi una treintena de Misiones humanitarias. Porque Chávez era un hombre terrenal que conocía los problemas del pueblo venezolano, pero también creía en Dios. Algunos piensan que Dios no existe o que sus ojos son fríos como el hielo, pero el presidente Chávez sí creía y sí confiaba y sí oraba. Después de todo es lo único que importa, entonces, seguramente en el hálito de las nubes añiles, su Dios esbozará una sonrisa al conocer por fin al comandante del que tanto le habían hablado.

En nada de eso pensaba en mitad de la Plaza Bolívar en Caracas cuando quise creer que Hugo Chávez irisaba de mariposas mi asombro.

Dr. Tito Tricot Sociólogo Director Centro de Estudios de América Latina y el Caribe- CEALC Chile 5 de marzo 2013


EL MILITAR HUGO CHAVEZ INTENTO DERROCAR A CARLOS ANDRES, SALIO DE PRISION EN MARZO Y AMENAZA CON SUBLEVARSE DE NUEVO

No. 0917- 34 30 de mayo de 1994

"quiero compartirles la entrevista que le hice en 1994, recién salido de la cárcel. Fue la primera entrevista de Chávez publicada en México y -según él mismo me dijo tiempo después- la primera a nivel internacional. De ese encuentro nació una amistad que ha perdurado hasta ahora..."

Ximena Ortúzar

CARACAS, Venezuela.- Encabezó un movimiento militar destinado a derrocar a Carlos Andrés Pérez. Fracasó. Fue enjuiciado, condenado y encarcelado. El presidente Rafael Caldera lo indultó, y fue así como el teniente coronel Hugo Chávez Frías abandonó la prisión el 26 de marzo pasado y advirtió que reincidirá si la situación del país lo amerita. El 4 de febrero de 1992, al reconocer que su intento golpista había fracasado, dijo ante las cámaras de televisión: "hemos depuesto las armas... por ahora". Alabado por algunos, satanizado por otros, Chávez –retirado del ejército– dedica sus energías a concitar "un gran movimiento social que termine de una vez por todas con el drama de Venezuela". Entre una y otra gira por los 22 estados el país, concede a Proceso una entrevista.

BOLIVARIANO Y ZAPATISTA

–Usted intentó sacar a Carlos Andrés Pérez del poder. El fue destituido y hoy está preso. ¿Se siente usted satisfecho? –De ninguna manera. No odio a Carlos Andrés Pérez. No me alcé contra él como persona sino como cabeza de un gobierno corrupto. –Pero al atacar el Palacio de Miraflores, Carlos Andrés Pérez pudo haber muerto... –Era una posibilidad. Más aún, en nuestro movimiento había quienes propiciaban ultimarlo. Mi posición fue contraria. Proponía capturarlo y enjuiciarlo frente al país, con cámaras de televisión presentes, para que todo el mundo viera que es posible un gesto de dignidad en este país. A mi juicio, asesinar a Pérez habría sido un error político grave. Porque Pérez muerto el 4 de febrero de 1992, habría ingresado en el Panteón Nacional con los próceres y se habría convertido en un mártir de esta mal llamada democracia. Hoy, en cambio, está preso. –¿Cómo se define a sí mismo? –Como un revolucionario. –¿Podría ser más preciso y más explícito en ese punto? –Me formé como revolucionario en el ejército, al que llegué a los 16 años, persiguiendo otro sueño: quería ser beisbolista. La única forma de lograrlo era acercándome al centro del país, y la única forma de llegar al centro era ingresando en el ejército. Y así lo hice. Era un medio para llegar al béisbol. –¿Qué lo hizo cambiar de meta? –Mi encuentro con Simón Bolívar. Comencé a leer, a saber... Rescaté a Bolívar, pero no a "San Simón Bolívar" sino al Bolívar pueblo, el Bolívar revolucionario, el rebelde, el hombre; no el mito, no la leyenda. Conocí las luchas emancipadoras y quiénes las libraron; descubrí a mi abuelo, militar rebelde, guerrillero, que murió preso. Gracias a todo eso, terminé por descubrirme a mí mismo y abandoné definitivamente el sueño de ser un pelotero profesional. –Y hoy tiene un sueño más ambicioso... –Mucho más. Mi proyecto actual es nada más y nada menos que ayudar a que Venezuela alcance una verdadera democracia. Y eso se logra con un pueblo en movimiento y un ejército nacional ligado a su pueblo, identificado con él, apoyándolo en sus luchas reivindicativas. No estamos inventando nada. Muchos hombres lo entendieron antes y muchos lo entienden hoy. Por eso cuando los indios chiapanecos se alzaron en armas, celebré el hecho. Me enteré en prisión, por un diario venezolano. Entonces recorté el retrato de Emiliano Zapata que venía con la nota y lo pegué en la puerta de mi celda, en señal de solidaridad con el movimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. El grito de Chiapas me resonó fuerte en el alma. –¿Se identifica usted con el subcomandante Marcos? –Totalmente. Con sus proclamas, con su decisión, con su proyecto. Me siento un zapatista.

FUSILES Y LIBROS

Una vez definido en sus metas, el oficial Hugo Chávez se dedicó a lograrlas. Para ello fundó, con tres compañeros de armas, el Movimiento Bolivariano Revolucionario (MBR-200, el número corresponde al bicentenario de la muerte de Simón Bolívar). Dice creer firmemente en una nueva concepción de las fuerzas armadas. Se basa en el hecho de que hoy muchos oficiales jóvenes reparten su tiempo en adquirir conocimientos militares y en estudiar. Y en lugar de andar todo el día con el fusil al hombro, dedican horas a cargar y leer sus libros. Esa fue su experiencia y la ha transmitido. –Usted ha dedicado muchos años a la formación ideológica propia y ajena. ¿A quiénes más descubrió leyendo? –A Eduardo Galeano, por ejemplo. Su libro La Venas Abiertas de América Latina ha sido fundamental en mi formación. En la cárcel me lo quitaron dos veces y dos veces volví a encargarlo, porque para mí es una obligación llevarlo conmigo. Me sé de memoria su comienzo: "Doscientos cincuenta millones de seres humanos en medio del ojo de la tormenta". –Usted leía y hacía leer... –Efectivamente, recomendaba a mis alumnos en la Escuela Militar y en los cuarteles y las bases militares. También leí a Mao Tse Tung y lo hice leer. Siempre escribía en el pizarrón para mis alumnos una frase de Mao que dice: "el pueblo es al ejército como el agua al pez". Y también leíamos al Che Guevara, y así, por esa senda, nos fuimos buscando... Recuerdo también los escritos del general Omar Torrijos y su honestidad para confesar que se hizo revolucionario reprimiendo revolucionarios. Incluso puedo decir que, con toda seguridad, el libro La Revolución Nacional Peruana, del general Velasco Alvarado, debe estar hoy en poder de la inteligencia militar de Venezuela porque yo lo cargaba como un símbolo en mi maletín el 4 de febrero de 1992. Y a esos autores sumaba otros, como Rousseau, Voltaire... –Entiendo que después de alcanzar el grado de mayor usted siguió estudiando. –Bueno, sí. Hice una maestría en ciencias sociales, pero no alcancé a presentar mi tesis, porque nos alzamos y a algunos de nosotros nos encarcelaron. –Ese era el riesgo calculado y la consecuencia lógica, ¿no cree usted? –Sin ninguna duda. Porque si Pérez no nos hubiera mandado encarcelar, le aseguro que habríamos seguido luchando por sacarlo del gobierno.

¿GORILAS O EMANCIPADORES?

–Usted ha dicho reiteradamente que el MBR-200 no perseguía el poder cuando asaltó el Palacio de Miraflores... ¿Qué pretendían? –Poner fin a un gobierno corrupto para abrir paso a una verdadera democracia. Porque esto que hay en Venezuela no es democracia sino un mal remedo de ella. No exagero si digo que en mis casi 40 años de vida no he conocido la democracia en mi país. –Y esa nueva democracia, la verdadera, ¿iba a ser administrada por ustedes, los militares golpistas? –No era nuestra intención. Proponíamos la formación de un consejo consultivo, un Ejecutivo colegiado con participación, por ejemplo, de empresarios, miembros de la Iglesia, políticos no corruptos y una minoría militar. Ese Ejecutivo convocaría una asamblea constituyente y enseguida se realizarían elecciones democráticas sin el control sempiterno de los dos partidos tradicionales: Copei y Acción Democrática. –El gobierno de Carlos Andrés Pérez era constitucional. Al dar un golpe militar, quedaban ustedes al margen de la legalidad... –En este país los gobernantes "constitucionales" han violado la Carta Magna infinidad de veces. Nosotros, los bolivarianos, nos alzamos el 4 de febrero de 1992 en estricto cumplimiento del juramento que hicimos del artículo 250 constitucional, que dice que todo ciudadano, investido o no de autoridad, tiene la obligación de luchar por el respeto y el restablecimiento de la Constitución si ésta es violada. –Pero la Constitución no dice que esa defensa deba hacerse con tanques... –Reconozco que alzarse en armas no es la solución ideal. Pero estoy convencido de que, de seguir las cosas como estaban, e incluso como están, una salida armada va a ser inevitable. Porque ocurre que nosotros, los bolivarianos, no inventamos ni iniciamos la violencia en Venezuela. En 1989, cuando el pueblo se lanzó a las calles a saquear las tiendas como reacción al hambre y la miseria, fue el gobierno de Pérez el que envió a las tropas a masacrar a la gente. Fue el gobierno el que impuso la violencia y eso costó 5,000 muertos. –¿Qué hizo usted en ese caso? –Estaba enfermo, con una infección grave que me mantenía imposibilitado de actuar. No participé de esas acciones. –¿Qué habría hecho, en caso de actuar? –Lo mismo que hicieron mis compañeros del MBR-200: acatar las órdenes... aparentemente. Es decir, ellos salieron a las calles, pero no reprimieron e incluso en muchos casos permitieron que la gente actuara. Por eso el pueblo venezolano, la gente progresista y muchos intelectuales, se identifican con el MBR-200. –¿Qué opina de Fidel Castro? –Que representa un bastión de dignidad en Latinoamérica. –Usted ha declarado que los bolivarianos no son de izquierda... –No lo somos. No nos autocalificamos como tales. Tenemos, eso sí, una posición muy clara frente a los grandes temas. Allá los analistas que nos califican. Pero tampoco somos antiizquierdistas, anticomunistas ni antimarxistas. –¿Usted entiende que haya desconfianza, que se tema que ustedes sean "gorilas" maquillados de emancipadores? –Lo entiendo. Si uno piensa en Chile, por ejemplo, el espectro de Pinochet surge de inmediato. Pero los bolivarianos llevamos mucho tiempo estudiando, comprometiéndonos con la causa popular. Los militares venezolanos, hay que decirlo, no vemos comunistas por todas partes ni nos embarcamos en la teoría de la seguridad nacional propiciada por Estados Unidos. Desde 1970 dejamos de asistir a la Escuela de las Américas. Acá no nos pica la piel cuando se habla de justicia social. Yo diría, resumiendo, que los militares venezolanos tenemos el gran reto de saber canalizar a las fuerzas revolucionarias no comunistas. Y en cuanto a los gorilas, nosotros los enfrentamos con todas nuestras fuerzas, les hemos declarado una guerra a muerte y ellos lo saben.

SOBRE AVISO NO HAY ENGAÑO

Hugo Chávez es un militar atípico. Con una estrategia definida, desdeña la táctica y ahorra eufemismos. El famoso "por ahora" no fue un lapsus sino una confesión de parte. Luego de anunciar que está dispuesto a retomar las armas, acaba de retar al presidente Caldera a que clausure el Congreso y llame a una asamblea constituyente antes de que sea demasiado tarde. –¿A qué se refiere con esa advertencia? –A dos peligros. En primer lugar, el fantasma de una explosión social. Y quiero ser muy claro: si eso sucede en Venezuela, y Caldera comete el error de mandar a las tropas a la calle a masacrar al pueblo, la mayoría de los oficiales van a desoír esa orden y voltearán sus fusiles hacia Miraflores. Estoy seguro de ello. Y en ese caso, nosotros, los bolivarianos, apoyaremos a esos oficiales. Lo digo abiertamente. –¿Y el otro peligro cuál es? –Un golpe militar de derecha, de las élites de alto mando en complicidad con las élites económicas. En ese caso, nosotros vamos a contragolpear, y se los decimos ahora para que lo tengan presente. Me declaro desde ya en compromiso con el contragolpe, y sé que el pueblo va a salir a las calles con nosotros. –Usted habla de "la mayoría de los oficiales". ¿En qué basa esa afirmación? –En una encuesta reciente que afirma que 90% de la oficialidad está de acuerdo con el MBR-200, sobre todo de los grados de teniente coronel hacia abajo. –Usted reconoce que encarcelar a Carlos Andrés Pérez no termina con el drama de Venezuela. ¿Cuál es la salida? –Sólo una revolución. Pero aclaro que, a nuestro juicio, no necesariamente tiene que ser armada. Siento que viene una oleada libertadora en Latinoamérica. Y no vendrá, creo, por la vía guerrillera sino desde los cuarteles progresistas, desde donde salgan oficiales no constituidos en cúpulas militares sino en vanguardias del pueblo. –¿Usted quiere ser gobernante? –Gobernar no está en mis planes, no es una obsesión ni una meta en mi vida. Pero si fuera necesario, lo asumiría como asumí la responsabilidad del 4 de febrero, de cara al país. Haría cualquier cosa para sacar a Venezuela del atolladero. Si tengo que quemarme, me quemo. Y no hablo de imagen, hablo de quemarme, en el más profundo sentido de la palabra. Hablo de morir.


 
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