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Honduras y la información en España

En Honduras hubo lisa y llanamente un golpe de Estado. Un general de la vieja escuela, de los formados por los Estados Unidos para combatir “el enemigo interior”, más un senado díscolo y fiel a las viejas oligarquías centroamericanas, pretende dar por finalizada una gestión que, si bien puede ser criticable en algunos aspectos como todas las gestiones de gobierno, está sujeta a la Constitución y las leyes que rigen a la nación hondureña y es expresión de la voluntad soberana de los hondureños. Remplazar la legalidad por medidas de excepción, por nombramientos de urgencia, apresar al presidente y expulsarlo del país, es lisa y llanamente un golpe de Estado. No hay eufemismos que oculten lo que realmente ocurrió: un golpe de Estado.

Pero la prensa española, desde el primer momento, desde los primeros rumores que alertaban de la anormalidad en Honduras, se preocupó más por presentar al presidente Manuel Zelaya como el único responsable de lo ocurrido, que de condenar de antemano cualquier violación del juego democrático. Valiéndose de “fuentes sin confirmar”, se presentó al presidente Zelaya como a un provocador que habría llamado a un referéndum inconstitucional cuyo único objetivo era perpetuarse en el poder. Ahora, a menos de veinticuatro horas y gracias a la televisión venezolana, sabemos que se trataba de una encuesta sin carácter vinculante, que apuntaba a conocer la opinión de los hondureños respecto de si era o no conveniente impulsar reformas a la constitución. La prensa española tiene corresponsales y enviados especiales en Honduras, pero ha sido gracias a la televisión venezolana que el mundo se ha enterado de la presencia de observadores internacionales, incluidos representantes de los Estados Unidos, que estaban en Honduras para verificar el carácter legal y la limpieza de la encuesta. Y fueron esos observadores los primeros en denunciar y condenar sin ambigüedades el golpe de Estado.

Para la prensa española lo relevante era que la constitución hondureña no permite la realización de consultas con forma de referéndum -siempre vinculantes- en un lapso de tiempo determinado antes y después de unas elecciones. Se decía, se informaba, con lenguaje sibilino, que el presidente Zelaya había violado la constitución y, de una manera más vil aún, sin palabras -porque la desinformación provoca silencios e inmovilidades-, se invitaba a considerar a Zelaya como el único responsable de lo que ocurriera.

Para la prensa española Zelaya es “un hombre de Chávez”, se citaba que, pese a ser un liberal, había dado un giro a la izquierda que lo acercaba a las posiciones del presidente venezolano, pero se omitía señalar que en casi toda América Latina, con diversas expresiones y también con excepciones –Colombia por ejemplo- está enmarcada un proceso de cambios estructurales, sociales, políticos , económicos y culturales, que garantizan el imperio de la legalidad y la normalidad democrática en un continente que se vio privado de esas conquistas de la sociedad civil. Décadas de golpes de Estado y cuartelazos impulsados por los Estados Unidos hicieron de América Latina un espacio geográfico en donde la democracia era casi una quimera.

La prensa española, responsable de una sociedad desinformada y que se auto sustenta en sus prejuicios, sobre todo en lo que refiere a América Latina, en los momentos en que había que condenar sin paliativos el golpe de Estado en Honduras, se empeñaba más en demostrar ciertas excentricidades del mandatario constitucional hondureño, como que su hija habría denunciado que le impedía tener novio hasta que cumpliera treinta años, o que él y su familia “habrían estado involucrados” en una serie de asesinatos no aclarados. Qué lejos quedan los tiempos en que los periodistas y los directores de periódicos sabían separar la paja del trigo.

Hoy, Lunes 29 de Junio, un artículo de El País habla de “La tentación de la presidencia vitalicia”, y el tono de la información -todo lo impreso en un periódico es información o desinformación- apunta a que una vez más el presidente Zelaya es el único responsable de lo ocurrido pues habría caído en esa terrible tentación de repetir mandato. Me temo –porque soy optimista- que el autor del artículo ignora que Felipe González fue presidente del gobierno español entre 1982 y 1996, que François Mitterrand fue presidente de la república francesa entre 1981 y 1995, que Helmuth Kohl fue canciller de Alemania entre 1982 y 1998, y que Margaret Tatcher fue primera ministra del Reino Unido entre 1979 y 1990. Todos ellos gobernaron, para bien y para mal, por más de diez años sus respectivos países, y sólo a un imbécil se le ocurriría pensar que esas largas permanencias en el poder pusieron en peligro las democracias europeas.

Pero Honduras es un país centroamericano, es parte de América Latina, y para la prensa española el continente americano sólo puede ser analizado y explicado desde el prejuicio. Cito textualmente del artículo: “La lista de los mandatarios latinoamericanos que lo han conseguido (prolongar sus períodos al mando de sus naciones) o lo intentan se expande de norte a sur de la región. En la mayoría de los casos, el carisma y la popularidad adquiridos en su primer mandato, les inyectan unas ansias de permanecer en el poder que muchos consideran irresponsables”.

Mi amigo, el maestro de periodistas italianos, Gianni Mina, me señaló una vez las gotas de veneno subliminal que se cuelan en este tipo de artículos de “análisis” y que violan el derecho a la información. “ La lista de los mandatarios que lo han conseguido o lo intentan se expande de norte a sur de la región”. Ningún español, acostumbrado a la desinformación, le pedirá al autor del artículo esa “lista que se expande”. Ningún español conforme con la desinformación le pedirá los nombres de algunos de los que consideran irresponsables a quienes integran la lista de mandatarios latinoamericanos que han prorrogado sus mandatos. Ningún español resignado a la desinformación le preguntará si también González, Mitterrand, Kohl y Tatcher integran esa lista de irresponsables.

Para Javier Lafuente, el autor del artículo que he citado, lo ocurrido en Honduras, el golpe de Estado, debe ser entendido desde el prejuicio de un español al que la boina todavía ciñe peligrosamente la frente. Para él “Manuel Zelaya ha protagonizado la última intentona”. Se está refiriendo a la realización de una encuesta no vinculante y sin otro fin que conocer la opinión de los hondureños respecto de hacer o no reformas a la Constitución. Si esto no es prejuicio y casi apología del golpe de Estado, entonces es pura y llana ignorancia de un europeo con olor a fritanga.

Luis Sepúlveda, Gijón, 29 de junio de 2009

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