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¿Qué les dan? ¿Qué les enseñan?

Las duras jornadas que se viven en Chile horrorizan al mundo por la brutalidad de las fuerzas represivas, especialmente por el sadismo de carabineros que han devuelto al país a los peores tiempos de la crueldad dictatorial, de la impunidad y el permiso para violar todos los derechos.

A la crueldad ejercida durante todos los años de la dictadura y por desgracia también durante todos los años de la pos dictadura, contra el pueblo mapuche, con asesinatos y falsos atentados terroristas, contra los ciudadanos que se manifestaron contra la voracidad de la empresas de energía eléctrica durante las protestas contra HidroAysén, contra los estudiantes secundarios que no reclamaban más que la garantía de un derecho, el de la educación pública, y que han sido gaseados, golpeados y torturados hasta en las aulas, se agrega ahora la crueldad desenfrenada con asesinatos, torturas en estaciones del metro y cuarteles policiales, con violaciones de estudiantes, con cientos de heridos, de mutilados que han perdido un ojo, con crucifixiones de detenidos, con palizas dadas simplemente porque los desafortunados ciudadanos se toparon con la horda vestida con ropa de combate.

Toda manifestación, y más todavía si es fruto de la ira que produce la precariedad, la injusticia y la desesperanza, tiene el riesgo de ver alterado el orden de la manifestación, mayoritariamente pacífica, y para eso se supone que están las llamadas fuerzas del orden, para controlar a los descontrolados guiándose siempre por la ley y el criterio de proporcionalidad que debe regir cualquier actuación policial.

Pero ese sentido de la proporcionalidad en la respuesta a la alteración del orden no lo conocen las fuerzas represivas chilenas, nunca lo han conocido, y ante los ojos de Chile y el mundo no son más que una tropa de facinerosos, de desalmados, de sujetos crueles, de sádicos que disfrutan hiriendo, lacerando, humillando, violando, matando.

¿Qué les enseñan en las escuelas donde se forman antes de prestar servicio en las calles? Viendo su actuar es obvio que en materia de Derechos Humanos, de Derechos Civiles, de Derechos Ciudadanos, no reciben ni la más escasa formación. ¿Qué les dan para uniformarlos en la crueldad? Porque independientemente si son hombres o mujeres quienes van bajo los cascos, los chalecos anti balas, las protecciones de brazos y piernas, a la hora de la crueldad no hacen distingos y la ejercen con similar brutalidad.

Es cierto que el gobierno de Piñera nunca debió sacar a los militares a las calles, pues ellos no saben controlar desmanes o alteraciones del orden, sólo saben eliminar al enemigo, y a vista de los hechos parece que la teoría del enemigo interno sigue presente en los cuarteles, y se manifiesta especialmente cuando el jefe de Estado anuncia que el país está en guerra, irresponsabilidad que hace de Piñera el primer responsable de los asesinatos, violaciones, mutilaciones y torturas.

Pero, y sin pretender justificar la participación del ejército en la orgía de crueldad, valga insistir en que Chile padece de hace demasiados años la actuación descontrolada de los carabineros. Castigados a veces por los latrocinios más escandalosos o por proveer de armas al narcotráfico, la regla general es que nunca han debido rendir cuentas ante ninguna institución del Estado por la crueldad, la brutalidad, el sadismo ejercido contra estudiantes o humildes vendedores de frutas.

Los carabineros son la evidencia de un Estado que no representa y mucho menos defiende los intereses de todo un pueblo. De un Estado que delega en comerciantes todo lo que determina la vida diaria, pero que está presente a la hora del castigo a todo aquel que se atreva a no estar de acuerdo con esas reglas del juego. Son la guardia pretoriana de un Estado fallido.

Los antecedentes reunidos por Amnesty International, Human Rigth Watch y otras organizaciones preocupadas de los Derechos Humanos, de las violaciones de esos derechos cometidos en Chile en estos últimos días, dejan en el aire las preguntas que alguien deberá responder: ¿Qué les dan? ¿Cómo los forman? ¿Qué les enseñan? ¿Qué les exigen además de estar alfabetizados para darles un uniforme?

Son un problema que el Chile que se acerca deberá resolver con urgencia.

Luis Sepúlveda, 28 de octubre de 2019

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