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La administración Biden frente al legado de los años Trump

Difícil diálogo entre Washington y Teherán

Apenas elegido, Joseph Biden afirmó que Estados Unidos estaba “de regreso” y que su país estaba “listo para dirigir el mundo, no para enajenárselo; listo para enfrentar sus adversarios, no para rechazar a sus aliados, y listo para defender sus valores”. La estrella de la telerrealidad que lo precedió en la Casa Blanca había prometido que sus cualidades de negociador fuera de serie surgido del sector privado le permitirían resolver a su manera todos los problemas del mundo. Pero el balance de su diplomacia “transaccional” resultó decepcionante. Tras cuatro años de caos, la elección de 2020 marcó entonces el retorno a una concepción más tradicional. El nuevo equipo está compuesto en gran parte por veteranos de la administración de Barack Obama. Por ejemplo, el nuevo secretario de Estado, Anthony Blinken, fue el número dos del Departamento que actualmente dirige. Otros altos responsables, como Avri Haines, directora de Inteligencia Nacional, o Jake Sullivan, consejero de Seguridad Nacional, trabajaban en ese entonces a su lado.

Las grandes líneas de la política mesoriental de la nueva administración son conocidas. Se le otorgará prioridad al regreso al Acuerdo de Viena sobre la cuestión nuclear iraní, concluido el 14 de julio de 2015 (1), y denunciado por Donald Trump poco menos de tres años después. Robert Malley, uno de los arquitectos de este “plan de acción global común” (comúnmente conocido por su acrónimo en inglés, JCPOA), fue de hecho nombrado enviado especial para Irán. El plan apunta a encuadrar el programa nuclear de la República Islámica a cambio de aliviar progresivamente las sanciones internacionales.

Nueva relación con sauditas
Otra certeza: “recalibrar” la política respecto de Arabia Saudita. La complacencia estadounidense hacía ese país ya no será la norma (2). Sin embargo, luego de que Biden declarara, en plena campaña electoral, que el reino wahabita sería tratado como un “paria”, los intereses estratégicos le impusieron cierta cautela. Se llevaron a cabo no obstante ciertas medidas concretas, como el fin del apoyo incondicional de Estados Unidos a la guerra en Yemen. El nuevo presidente también hizo saber que comunicaría directamente con el rey Salman, poniendo fin a los vínculos privilegiados que durante mucho tiempo unieron al príncipe heredero Mohammed Ben Salman con los dirigentes estadounidenses, y particularmente con Jared Kushner, yerno de Trump. Un informe de la Central Intelligence Agency (CIA) que establece la responsabilidad del príncipe heredero en el asesinato del periodista Jamal Khashoggi ha sido desclasificado, y setenta y seis sauditas que integran el entorno del todopoderoso príncipe heredero fueron objeto de sanciones, aun cuando las autoridades estadounidenses se cuidaron de no incluir en ellas al principal responsable. A partir de ahora, Riad deberá rendir cuentas cuando los derechos humanos sean violados de manera muy flagrante.

En lo que respecta al conflicto árabe-israelí, la nueva administración, que recordó que su compromiso a favor de la “seguridad de Israel” era “sacrosanta”, no revisará el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, más aun cuando el Senado blindó este compromiso con un resultado inapelable de 97 votos contra 3. Si bien el equipo de Biden considera que la única salida viable es la “solución de dos Estados”, también estima que ésta no es realista en el corto plazo, y que por el momento es necesario contentarse con convencer a los “dos bandos” de evitar las provocaciones y las medidas unilaterales susceptibles de complicar la situación. Asimismo, el gobierno de Biden no dejó de saludar los Acuerdos de Abraham, alcanzados en el mes de agosto de 2020 con vistas a normalizar las relaciones entre Israel y cuatro Estados árabes –Bahrein, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Marruecos y Sudán–.

A pesar de un reparto igual de bancas en el Senado (cincuenta demócratas y cincuenta republicanas, que el voto de la vicepresidenta Kamala Harris permitiría desempatar en caso de ser necesario), la confirmación de las nominaciones fue relativamente fácil. Paradójicamente, sólo la elección de Malley como enviado especial para Irán, un cargo que sólo requiere la confirmación del Senado, suscitó un torente de críticas y advertencias, principalmente en el bando republicano (3). Fino conocedor de la región y de sus principales actores, ex presidente del International Crisis Group, una organización no gubernamental especializada en la resolución de conflictos, y veterano de las administraciones Clinton y Obama, Malley es cuestionado principalemente por su papel en el acuerdo sobre el nuclear iraní.

Herencia de Trump
Revivir este acuerdo, al que siguen comprometidos Irán y el resto de los firmantes –Rusia, China, Francia y (...)

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Ibrahim Warde

Profesor Asociado a la Fletcher School of Law and Diplomacy (Medford, Massachusetts).

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