Pese a su proximidad con Teherán, Pakistán logró capitalizar la guerra contra Irán para obtener cierto crédito diplomático al impulsar un cese de las hostilidades. India eligió otro rumbo: el del apoyo incondicional a su aliado israelí, al que le suministró armas utilizadas en Gaza y con quien hace ostentación de sus afinidades ideológicas.
Unos días antes de que Estados Unidos e Israel atacaran a Irán, en febrero de 2026, el primer ministro indio Narendra Modi hizo una visita oficial a Tel Aviv. La visita sirvió para reforzar las relaciones bilaterales entre los dos países, por medio de una “Asociación Estratégica Especial para la Paz, la Innovación y la Prosperidad”. Al regresar a Nueva Delhi, Modi no condenó las ofensivas de Estados Unidos e Israel, y se limitó a manifestar su “profunda inquietud”.
No se había mostrado tan moderado después del 7 de octubre de 2023. En ese momento, Modi fue uno de los primeros jefes de Estado en condenar el ataque de Hamás, que calificó inmediatamente de “terrorista”, para luego multiplicar las muestras de apoyo a Tel Aviv. Como el envío de miles de obreros de construcción, para compensar la mano de obra que Israel había perdido al revocar los permisos de trabajo concedidos a los gazatíes, el 10 de octubre. La galaxia supremacista que rodea al partido de Modi –el Bharatiya Janata Party (BJP) o Partido Popular Indio– se plegó rápidamente a esta vía de acción: organizó numerosas manifestaciones en apoyo a Israel, al grito de “¡Viva la India, viva Israel!”, e inundó las redes sociales; al parecer, la gran mayoría de los mensajes publicados en X con los hashtags #IsraelUnderAttack (“Israel atacado”) y #IStandWithIsrael (“Yo apoyo a Israel”) procede de la India (1).
Aunque en mayo de 2024 India votó a favor de la admisión del Estado de Palestina en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), hace ya varios años que casi siempre se abstiene en las votaciones sobre resoluciones que cuestionen a Israel. Todos ello revela cómo Modi está trazando metódicamente un rumbo estratégico que aleja cada vez más al gigante sudasiático de su posición histórica pro-Palestina.
Antigua colonia británica, la India fue uno de los primeros países en oponerse a la Declaración Balfour de 1917, que respaldaba la creación de un “hogar nacional para el pueblo judío” en Palestina, entonces bajo dominio otomano. “Palestina pertenece a los árabes tanto como Inglaterra pertenece a los ingleses, o Francia a los franceses”, escribía en 1938 Mohandas Karamchand Gandhi, el líder de la independencia india. En 1947, Nueva Delhi votó en contra de la partición de Palestina en la Asamblea General de las Naciones Unidas. La India también fue el primer país no árabe en reconocer a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) como representante legítima de los palestinos y en recibir a Yasser Arafat con honores de jefe de Estado. Aunque reconoció a Israel en 1950, solo le ofreció una Oficina de Inmigración en Bombay, a más de mil kilómetros del barrio diplomático de Nueva Delhi; Israel no obtuvo una embajada allí hasta 1992.
Un mismo enemigo
Sin embargo, entre bastidores Nueva Delhi cultivaba sus vínculos con Tel Aviv y su pericia militar. Durante el conflicto que enfrentó a la (…)
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