Asentado en el poder desde 2010, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, se ve desafiado en su terreno: el mundo rural. Su rival, Péter Magyar, del mismo partido, representa ahora a la derecha liberal proeuropea, e intenta romper la hegemonía de la derecha nacional-conservadora recorriendo los pequeños municipios, una clave para las elecciones legislativas del próximo abril.
Un sedán Škoda Octavia se detiene. Cuando Péter Magyar baja del auto, un técnico le ajusta el micrófono corbatero y le da luz verde para hacer un video en directo de una hora en Facebook, el tercero del día. El político, que pretende arrebatarle el cargo de primer ministro a Viktor Orbán en las elecciones legislativas del próximo 12 de abril, se pone en marcha. Ante un niño que sostiene una bandera húngara en la mano y algunos curiosos, saluda al pequeño comité de bienvenida que reparte imanes y la revista del partido Tisza (Respeto y Libertad, centro derecha). Dentro de la casa de la cultura, doscientas personas han tomado asiento para ver a quien pretende librar al país del “pequeño sultán y su sistema de criminalidad nacional”.
Isaszeg, una localidad de once mil habitantes situada a unos treinta kilómetros al este de Budapest es una de las últimas etapas de esta “Vuelta a Hungría en ochenta días”, que culminará dos días más tarde en la capital. “Hemos ido a todos los rincones del país, a los pueblos más remotos, allí donde Orbán y ningún otro político ha ido nunca, para preguntar a la gente qué es lo que no funciona, dónde les duele, qué necesitan y cómo podemos ayudarlos. [...] Y tengo malas noticias para el Gran Visir: ¡el campo dice que su tiempo se ha terminado!”, afirma este abogado de cuarenta y cuatro años, que a principios de 2024 rompió con Fidesz, el partido nacionalista conservador en el poder, tras la destitución de la ministra de Justicia, su ex esposa, Judit Varga.
Las elecciones se deciden lejos de la capital. De una población de 9,5 millones de habitantes, un tercio vive en uno de los 2.886 municipios de menos de 5.000 habitantes, los más afectados por la desindustrialización de los años 1990, la desaparición de las cooperativas y el declive de los servicios públicos. “Las zonas rurales de los países del antiguo bloque soviético son, sin duda, las grandes perdedoras de la importante transformación económica y política provocada por el cambio de régimen”, recuerda el geógrafo Bálint Csatári, de la Universidad de Szeged (1). El deterioro de los servicios públicos y los comercios de proximidad se ha acelerado con la pandemia de Covid 19, el alza de los precios de la energía y del costo de vida. El acceso a la atención sanitaria se ha deteriorado en los últimos años y el número de consultorios de medicina general vacías se ha triplicado entre 2016 y 2024, según la Oficina Central de Estadística (KSH, por sus siglas en húngaro). En el verano de 2024, Magyar Posta anunció el cierre de más de 2.300 oficinas de correo y uno de cada dos restaurantes han cerrado en los últimos quince años. El éxodo de los jóvenes, la falta de médicos y la ausencia de empleos estables han ampliado la brecha entre la capital y el resto del país.
Poderosas redes clientelistas
Aunque el partido Tisza apareció recién en la primavera de 2024, las principales empresas de sondeo lo sitúan desde hace varios meses a la cabeza de las intenciones de voto, por delante del Fidesz. Por oportunismo, muchos votantes de izquierda o liberales apoyan la candidatura de Magyar, que parece ser el único capaz de derrotar a Orbán. Zsuzsa Veress, por su parte, se suma al primero por convicción: “Soy una intelectual de Budapest de izquierda, pero no formo parte de ese círculo snob al que no le importa nada la pobreza, y entiendo muy bien por qué la gente del campo apoya a Péter Magyar. Los intelectuales liberales húngaros son muy orgullosos, pero el cambio de régimen vendrá de las masas rurales a las que desprecian, no de ellos”, asegura.
Heredero del Partido Socialista Obrero de Hungría –el partido único que gobernó entre 1956 y 1989–, el Partido Socialista (MSZP) está marginado, con un 2% de las intenciones de voto. Paga por las políticas neoliberales que aplicó cuando estuvo en el poder, de 1994 a 1998, y en coalición con los liberales de 2002 a 2010. Su retroceso ha dejado el campo libre a los partidos de derecha. Durante un tiempo, la extrema derecha de Jobbik (“Conservador”) prosperó sobre sus ruinas en los antiguos bastiones industriales, antes de ser fagocitada progresivamente por el Fidesz.
Desde su regreso al poder en 2010, Viktor Orbán ha aprovechado este vacío político. Aunque nació y creció en Székesfehérvar, una ciudad de 100.000 habitantes a una hora de Budapest, el primer ministro se presentó como un hijo del campo. Intentó reavivar una (…)
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