La nueva Estrategia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos (1), presentada en noviembre de 2025, establece que se aplicará la Doctrina Monroe para restaurar su preeminencia en la región latinoamericana y el Caribe.
Esta doctrina ha sido un referente constante de su política hacia la región. Durante el siglo XIX se utilizó para frenar la presencia de potencias europeas, justificar su expansión territorial y, posteriormente, ejercer dominación política. Tras la Segunda Guerra Mundial adoptó la narrativa de Guerra Fría. Luego de la caída del Muro, Estados Unidos siguió ejerciendo presión en temas de su interés, pero la región no era una prioridad en su agenda global.
La administración estadounidense actual considera un error el haber permitido las que, según ella, son incursiones de competidores no hemisféricos destinadas a perjudicarlos económicamente en el presente y estratégicamente en el futuro, aludiendo sobre todo al comercio, la tecnología y las inversiones chinas, pero también incluyendo a otros países y bloques.
Por esa razón se propone negar a los competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas o controlar activos considerados estratégicos o vitales; asegurar el control de rutas de tránsito clave en caso de crisis; y, además, detener la migración irregular y neutralizar a los cárteles y su flujo de drogas.
¿Por qué Chile podría verse afectado?
Chile coincide con varias categorías relevantes para esa política. En materia de recursos críticos, posee litio, cobre y agua. En lo económico, sus principales vínculos son con actores no hemisféricos: China es su mayor socio comercial y provee tecnología; Europa es el principal inversionista extranjero e importante socio comercial y de tecnología; a esto se suman otros países asiáticos. En términos geopolíticos, destaca el paso interoceánico austral y la proyección antártica del país. Asimismo, en Chile operan redes transnacionales de tráfico de drogas, lo que lo inserta en la agenda de seguridad hemisférica.
Las características de Monroe 3.0
No se trata de una política estadounidense completamente nueva; los documentos anteriores de seguridad nacional y las expresiones de los exjefes del Comando Sur en diversos foros reflejaban una política en esencia similar (2). Pero en la nueva versión de estrategia existen al menos cuatro diferencias relevantes.
Primera, la región latinoamericana pasa a ser prioritaria en su política exterior. La estrategia establece que en América Latina y El Caribe se desplegarán fuerzas con capacidad estratégica, que se realizarán “despliegues específicos” para asegurar la frontera y derrotar a los cárteles y, adicionalmente, que se fortalecerán las alianzas de seguridad. Ejemplo de la aplicación práctica de estas declaraciones son las recientes operaciones militares en El Caribe y Venezuela.
Para Chile, con una relación militar estrecha y prioritaria con Estados Unidos, el desafío será mantener la cooperación sin involucrarse en despliegues en terceros países ni en acciones que alteren las relaciones y balances entre los países de la región, especialmente en Sudamérica. Esto demanda una diplomacia activa y acciones que profundicen las buenas relaciones existentes con los vecinos y refuercen la promoción de los (…)
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