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Estudiantes, profesores y apoderados sepultan la Constitución de Pinochet

Una nueva Constitución Política para la educación chilena

Los resultados de las elecciones del plebiscito del 25 de octubre han sido la mejor expresión ciudadana organizada, en favor de un proceso constituyente que erradicará la institucionalidad forjada en dictadura y administrada por una larga transición neoliberal de 30 años. Es un hecho extraordinariamente relevante que un 78% de la población votante aprobara y se pronunciara por la construcción de una nueva carta magna redactada bajo la modalidad de una convención constituyente. En primer lugar, este triunfo del “apruebo” es muy relevante en la medida que nunca, en la historia política de nuestro país, una opción política se diferencie con tal claridad, dejando en la periferia a los sectores conservadores, tratando de explicar una convocatoria de un 22% de los votantes. En segundo lugar, también es relevante en la medida que el movimiento social se haya pronunciado espontáneamente por una asamblea constituyente o convención constitucional. Este mecanismo es, sin duda, la mejor metodología para terminar con la democracia limitada que nos ha acompañado desde el plebiscito del año 1989 y construir ciudadanamente una Constitución democrática.

No obstante, también es importante considerar que el Pacto Social que requiere nuestro país, no solo debe considerar a la población que se expresa voluntariamente en las urnas. Es cierto que los cerca de 7 millones quinientos mil electores es una buena noticia de la vida cívica, pero aún insuficiente. El proceso constituyente, que se inicia con 30 años de retraso, debe establecer una metodología que incluya al 50% restante de las y los chilenos que se restan de las elecciones, pero que expresan sus opiniones políticas de manera colectiva o privada. No es viable un nuevo pacto social que no incluya la participación de los ciudadanos que se autoexcluyen y para ello, una vez más, la organización educacional puede colaborar con una didáctica para la inclusión de la población postergada o autoexcluida.

Los resultados de estas elecciones también son relevantes en la medida que es un triunfo del pueblo, de la ciudadanía y no de los partidos políticos. El bajo porcentaje de la opción por la convención mixta es sin duda, un nuevo portazo a los partidos políticos, una expresión de la desconfianza popular. Los resultados es un éxito de la ciudadanía. Pero sin duda, personeros políticos de derecha, centro e izquierda tratarán de subirse a la ola, emborrachados y enajenados por ubicarse cerca de los ganadores. Lamentablemente, este triunfo los sigue ahogando, porque los créditos de este aplastante triunfo los debe recibir, en primer lugar, los y las estudiantes secundarias y universitarias, el Colegio de Profesoras y Profesores de Chile y las organizaciones que se fueron sumando a la “caja de pandora” que abrió la educación en octubre de 2019.

Pero, para que el proceso que se viene, las y los actores educacionales nuevamente pueden ocupar un lugar estratégico. Desde hace al menos dos décadas que las instituciones educativas escolares y de educación superior deben de lidiar con la baja participación que produce la adopción de una administración educacional que se sostiene en políticas de mercado. Desde hace al menos 20 años, las organizaciones de padres y estudiantes no se expresan de la manera corporativa en la que se solía organizar la escuela y la universidad. En la actualidad, las (...)

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Dante Castillo* y Mario Torres*

*Investigador PIIE.
**Vicerrector de la Vicerrectoría de Transferencia Tecnológica y Vinculación con el Medio. UTEM.

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