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11 de septiembre 1973. Por Nelson Rodríguez Arratia

“La Bandera de Chile es usada de mordaza
y por eso seguramente por eso
nadie dice nada”
Elvira Hernández

  • Ese año, no hubo banderas
  • en los mástiles del barrio.
  • Las calles vaciaron las salidas
  • y entradas, para enfrentar a lo terrible.
  • Hubo muertos en las calles,
  • prisioneros y torturados en estadios,
  • hombres y mujeres abusadas
  • en gritos de exterminio
  • en casas clandestinas.
  • No hay banderas para esta primavera.
  • Todo lo vivido
  • Lo sentido y caminado
  • Lo visto y lo que vendría
  • quedaron para siempre
  • en el papel de las fotografías.
  • Un disparo. Una fotografía.
  • Un disparo. Un silencio.
  • Un disparo. Una imagen,
  • para nacer a la memoria
  • y decir que todos los que no están
  • quedaron atados en nuestros pechos.
  • No se escucharon más
  • las marchas que anunciaban el porvenir
  • de las manos unidas, de las manos extendidas
  • y empuñadas a las luchas en contra del oprobio. 
  • Fue del congreso y no del pueblo
  • que los días vaticinaron el golpe.
  • No el pueblo, ni las manos extendidas,
  • sino de aquellos que en el pedestal sacrosanto
  • de los que hacen de la política
  • el lavado de manos,
  • para condenar a los justos.
  • Esa bandera, para acallar la memoria.
  • Pero los justos no tienen
  • la riqueza de las corbatas
  • y las solapas anchas de verbo.
  • A los justos les queda recibir,
  • esperar, llorar y beber
  • de la propia sangre derramada.
  • Ya no hay mástil que sostenga una bandera. 
  • Los días se volvieron silencio.
  • El silencio que dejan los muertos
  • entre las metrallas de militares
  • guiados por un asesino,
  • juzgando a sus desconocidos,
  • a los que su lucha
  • por pobreza, obrera,
  • trabajadora y libertaria,
  • se les volvió sangre
  • y sus sueños,
  • sin cuerpo.
  • Sin cuerpos los nombres
  • de hombres y mujeres.
  • Niños,
  • que no vieron un amanecer. 
  • Los y las arrojaron sobre nosotros.
  • Son nuestras heridas,
  • nuestras cicatrices
  • nuestras lágrimas, nuestro cielo.
  • Un disparo hizo hablar a los muertos
  • Un disparo regaló las imágenes
  • que llevaremos como banderas.
  • Los ríos caen, vienen desde tarde,
  • desde lejos, desde tiempos.
  • El sonido de las aguas,
  • la densidad de la corriente,
  • las voces silenciadas,
  • no son los muertos
  • porque están vivos,
  • los que resuenan en el alma
  • en nuestro contra olvido.
  • La imagen del río Mapocho
  • Un disparo. Una fotografía.
  • Cicatriz, herida,
  • huella que rastrean los hijos,
  • los niños, de quienes buscan una palabra:
  • justicia.
  • Ni el egoísta, ni el asesino
  • podrán ver por dónde pasan
  • quienes en la memoria
  • siembran flores,
  • quienes por historia
  • navegan sin olvido.
  • Para el egoísta y el asesino
  • No hay imagen, ni fotografía
  • No hay disparo que aguante
  • el registro de la crueldad.
  • El amor nos cuide
  • del egoísta y el asesino.
  • Aún hay lobos con ansias de comer.
  • Y los ríos caen silentes
  • dejando al descubierto nuestra sequedad,
  • pues nos estamos quedando secos.
  • ¿Quién escucha el llanto,
  • los gemidos de quienes
  • no pueden beber?
  • ¿Quién escucha el llanto
  • de quienes en canto
  • serenan las aguas,
  • en baldes compartidos,
  • para regar el hambre, la vida,
  • en el amor que otros no riegan?
  • En nombre de la herida,
  • a quienes silenciaron,
  • hoy, los que dejaron de ver,
  • pero no cesan de hacer luz,
  • de las que perdieron
  • el aroma de las flores,
  • pero no dejan de respirar esperanza;
  • abran todas las aguas de esos ríos
  • que emergen de nuestra sangre,
  • para regar lo venidero
  • de lo que una imagen
  • una cicatriz, un disparo,
  • puede aunarnos en un abrazo,
  • por lo que se escribirá siempre,
  • una y otra vez:
  • que los muertos, los caídos
  • serán las flores del desierto
  • la ola y la roca
  • el viento que trae el tiempo,
  • el mástil donde irá nuestra bandera.
  • Nuestros ojos, nuestro olfato,
  • nuestras manos y nuestros pasos,
  • para las huellas de un pasado,
  • del que toda espera,
  • se vive.
  • Todo lo vivido
  • Lo sentido y caminado
  • Lo visto y lo que vendría
  • quedaron para siempre
  • en el papel de la fotografía.
  • Un disparo. Una fotografía.
  • Un disparo. Un silencio.
  • Un disparo. Una imagen
  • para nacer a la memoria
  • y decir que todos los que no están
  • quedaron atados en nuestros pechos,
  • para ser levantados
  • con las manos extendidas
  • En una imagen
  • que revienta en luz. 
  • Porque es luz
  • el disparo que sostiene
  • nuestra memoria.

Nelson Rodríguez Arratia  

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