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La peste

La peste

Mayo de 2002

por Ignacio Ramonet

Director de Le Monde Diplomatique - Francia

¿Por qué el 21 de abril pasado 5,5 millones de franceses votaron por dos partidos de extrema derecha xenófobos, antisemitas, racistas y ultranacionalistas en la primera vuelta de la elección presidencial? Limitarse a abuchear y denostar a esos votantes no ayuda necesariamente a comprender las razones y las significaciones de una elección de este tipo. Los insultos no deben sustituir una profunda, urgente e indispensable autocrítica del conjunto de la clase política.

 

Si sirve para despertar a la sociedad, abrir los ojos de los dirigentes de los partidos y reiniciar el debate para construir una Francia más justa y solidaria, la conmoción del 21 no habrá sido en vano. Lo que se desplomó ese día es una confortable certeza: todo cambia en el mundo, pero nada debe modificarse en la política francesa. Dos viejos partidos, el gaullista y el socialista, podían continuar compartiendo el poder tranquilamente, como ocurre desde hace treinta años.

 

Pero se palpaba en el aire que esas dos fuerzas políticas estaban desgastadas, que su misión histórica parecía agotada desde hacía tiempo. Cada una a su manera daba la impresión de no funcionar, con sus aparatos en descomposición, sin organización ni programa digno de ese nombre, sin doctrina, sin brújula y sin identidad.

 

Elecciones anteriores habían mostrado ya que ninguno de esos dos partidos sabía comunicar con esos millones de franceses atemorizados por la nueva realidad del mundo post industrial, nacido de la caída del muro de Berlín y el final de la guerra fría. Esa masa de obreros descartables, de marginados de los suburbios, de desempleados crónicos, de excluidos, de jubilados plenos de vida, de jóvenes sin futuro, de familias modestas amenazadas por la pobreza. Todas esas personas angustiadas por los miedos y las amenazas de un periodo en el que las referencias habituales parecen definitivamente perdidas.

 

El Partido Socialista en particular, que ya casi no cuenta con dirigentes salidos de las capas populares y que, al contrario, tiene a muchos contribuyentes del impuesto a las grandes fortunas, ha transmitido la impresión de habitar otro planeta social, a años luz del pueblo llano. Se ha mostrado poco sensible "a los sufrimientos de (...)

Artículo completo: 1 099 palabras.

Texto completo en la edición impresa del mes de mayo 2002
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