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El ejemplo Brasil

El ejemplo Brasil

Noviembre de 2002

por Carlos Gabetta

Director de la edición Cono Sur de Le Monde Diplomatique

Que un Partido de los Trabajadores (PT) y un obrero metalúrgico vayan a gobernar Brasil no es la única singularidad de esto extraordinario que acaba de ocurrir. Lo que suscita a la vez tantas esperanzas de un lado y tantos recelos de otro es la envergadura geográfica, demográfica, económica e industrial de Brasil (40% del PBI latinoamericano) y su influencia geopolítica, a la que habrá de agregar desde ahora un efecto de emulación que reforzará el vuelco de la ciudadanía -ya evidente en América Latina- hacia opciones nacional-regionales productivistas con base en el desarrollo de los mercados internos y la recuperación del papel del Estado en áreas clave como fiscalidad, salud, educación, moneda, regulaciones, estrategias de desarrollo, defensa y seguridad.

 

En el actual contexto regional e internacional esto es no sólo necesario, visto el fracaso estruendoso de las políticas neoliberales y las calamidades económicas y sociales que han provocado, sino perfectamente posible y, de lograrse, revolucionario: un giro de 180 grados desde el desguace de los Estados, bienes y sociedades nacionales por la economía neoliberal hacia políticas nacional-progresistas y de desarrollo e integración regional representa una transformación de gigantescas proporciones y, dadas las fuerzas que se le oponen y su significación internacional, una mutación extraordinaria. En el nuevo gobierno de Brasil están dadas todas las condiciones para liderar este cambio; al menos para intentarlo con buenas perspectivas. En primer lugar un partido, el PT, con una amplia base obrera industrial, núcleo de una alianza tácita o explícita con sectores de trabajadores y campesinos (estatales, el Movimiento de los "Sin Tierra", etc.), y confesionales, como las Comunidades de Base de la progresista Iglesia Católica brasileña y, desde que en la primera vuelta electoral se definieron las chances de cada candidato, incluso con las evangélicas (1).

 

EL PT, ahora el más grande y votado de los partidos democráticos de izquierda del planeta (ver págs. 4-5), no es además un recienvenido a los asuntos de gobierno: ha adquirido experiencia en la administración de ciudades y gobernaciones importantes, como Brasilia, San Pablo y Río Grande del Sur. Por último, es un partido que ha sabido captar e integrar a los intelectuales progresistas, lo que le ha conferido una base programática sólida y realista, equipos de trabajo, un estilo moderno y eficaz, fluidos contactos con todos los sectores de la sociedad y, en el último tramo, ante la perspectiva del triunfo, una alianza decisiva con el sector industrial de la burguesía brasileña. A pesar de las furibundas críticas o lógicos recelos que la designación del empresario José Alencar como compañero de fórmula de Lula suscitó en distintos sectores de la izquierda, nada aparece como más lógico y necesario que esta alianza.

 

La historia e importancia del desarrollo industrial brasileño y las dificultades que enfrenta la economía (ver págs. 6-7) lo convierten en un aliado objetivo, al menos en esta etapa, de un partido de base obrera que se propone consolidar el mercado interno mediante una mejor distribución del ingreso y también desarrollar mercados regionales en los que la industria brasileña tendrá una posición predominante. Como ocurre en todos los demás países de América Latina, ese sector de Brasil necesita precaverse por un lado de la competencia de productos asiáticos elaborados en base a salarios bajísimos (en particular chinos) distribuidos por las multinacionales y, por otro, de los de alta complejidad de los (...)

Artículo completo: 1 845 palabras.

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