En kioscos: Diciembre 2022
Suscripción Comprar
es | fr | en | +
Accéder au menu

Bolivia, un laboratorio social y político por Maurice Lemoine

Bolivia, un laboratorio social y político
Indígenas a las puertas del poder

Por Maurice Lemoine.
Artículo publicado en Le Monde Diplomatique noviembre de 2005

A pesar de sus divisiones, los poderosos movimientos sociales pueden tomar el poder político y llevar por primera vez a un indígena, Evo Morales, a la Presidencia de la República, para gran inquietud de Washington y las multinacionales, que lo asocian con Caracas y La Habana.

En Huanuni, entre los caóticos repliegues del altiplano, existe una mina de estaño. En otras zonas hay oro, cobre, antimonio, plata, zinc, además de petróleo y gas natural, materias primas que hicieron estallar el polvorín boliviano, por decirlo de alguna manera… Pero en Huanuni, si se violan las entrañas de la tierra en la opresiva oscuridad de kilómetros de galerías hasta al menos 240 metros de profundidad, es para robarle su estaño. 850 mineros hacen el trabajo por 1.000 bolivianos mensuales, alrededor de 125 euros. Uno de ellos confía: “Para ganar tres mitas trabajamos incluso los domingos”. La mita corresponde a un día de labor; si sacrifica su descanso dominical, el trabajador percibe ese salario multiplicado por tres.

Por lo tanto, aquí no hay nada que perder. Si es necesario, cuando es necesario, los mineros afluyen a La Paz con un cartucho de dinamita en la mano. “Tuvimos muertos, pero jugamos un papel fundamental en el alejamiento de ‘Goni’ y de Mesa”, aseguran. “Goni”: Gonzalo Sánchez de Lozada, presidente ultraliberal surgido del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), derrocado el 17-10-03 por una sangrienta revuelta popular que provocó 86 muertos. Mesa, por Carlos Mesa, su vicepresidente y sucesor, quien el 6-6-05 también tuvo que renunciar, tras tres semanas de convulsiones sociales.

La batalla por los recursos

Desde 1985, ya fueran de derecha o pretendidamente de izquierda, todos los gobiernos siguieron dogmáticamente las líneas de la Nueva Política Económica instaurada mediante el decreto 21.060: privatización de minas, telecomunicaciones, transporte aéreo y ferroviario, agua y electricidad, así como de los sectores petrolero y gasífero.

El paso a manos privadas de las minas de estaño provocó el despido de 25.000 mineros, lo que golpeó con fuerza a la Central Obrera Boliviana (COB): eran su corazón, su carne, su sangre. Desde la revolución de abril de 1952 la COB se constituyó en un contrapoder que enfrentó a los militares durante toda la dictadura, hasta 1982. El cierre de fábricas, sumado al choque ideológico que en 1989 provocó la caída del Muro de Berlín, terminaron de dislocar ese movimiento impregnado de marxismo. El campo de lucha se transformó en un espacio vacío. Al menos en apariencia, ya que “la sociedad creó entonces otros mecanismos de representación y acción política: los movimientos sociales, articulados en redes territoriales”, como señala el sociólogo Álvaro García Linera.

Los primeros en alzar cabeza fueron los cocaleros de la región del Chapare, organizados en comunidades agrarias (sindicatos). Productores de coca, a través de este cultivo resolvieron el problema vital al que estaban confrontados: ¡sobrevivir! Washington no disimula su irritación. En su cruzada contra el narcotráfico, la Casa Blanca sólo tiene una obsesión: hacer desaparecer coca y cocaleros –metiéndolos en la misma bolsa que la cocaína– mediante el uso de políticas coercitivas, la erradicación forzosa y la represión. Haciéndole frente aparece un dirigente, un luchador, un indio aymara llamado Evo Morales.

A su vez, en el año 2000 Cochabamba se movilizó para expulsar a la multinacional Bechtel, máxima beneficiaria de la privatización del agua potable. El país se mueve, el país se bambolea, el país sacude la era glacial del neoliberalismo. Presidente del sindicato de cocaleros, en 1999 Evo Morales se abre paso en la escena nacional a través de la creación del Movimiento al Socialismo (MAS); más que un partido, una confederación de organizaciones sociales. Diputado por Cochabamba desde 1997, pierde por muy poco los comicios presidenciales de junio de 2002 e instala en el Congreso 35 diputados (incluido él mismo) y senadores. Luego, desde las elecciones municipales de 2004, el MAS pasó a ser la primera fuerza política del país. Paralelamente, muchas organizaciones presentan batalla: la poderosa Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), base social del muy radical Movimiento Indígena Pachacuti (MIP); el Movimiento Sin Tierra de Bolivia (MST-B); lo que queda de la COB, es decir sus afiliados y las Centrales Obreras Regionales (COR); los cooperativistas; las coordinadoras del agua; los comités barriales, en especial los de El Alto, impresionante ciudad dormitorio de 800.000 ex campesinos o mineros en su mayoría indígenas, situada a quince minutos de La Paz, en medio del polvo ocre del altiplano. Estos últimos, reagrupados en el seno de la Federación de Juntas Vecinales (FEJUVE), cruzaron lanzas con la transnacional Aguas del Illimani (Suez-Lyonnaise des eaux). De luchar por el agua a hacerlo por el gas, sólo habría un paso… Bolivia posee la segunda reserva de gas de América Latina, después de Venezuela. La Constitución consagra la propiedad inalienable del Estado sobre los recursos naturales existentes “en el subsuelo”. El 30-4-1996, mediante un asombroso pase de magia, la ley Nº 1.689 otorgó a las compañías privadas la propiedad de los hidrocarburos a partir del momento en que emergen del “inalienable” subsuelo y afloran en boca de pozo. Exploración, explotación, transporte, refinado, distribución y comercialización caen entre las garras de las multinacionales. Considerados como “nuevos”, los campos petrolíferos y gasíferos descubiertos a partir de la ley de 1996, así como los yacimientos no explotados a esa fecha, se gravan en apenas un 18%, mientras que los “viejos” (muy a menudo rebautizados “nuevos” mediante groseros artificios) lo estaban en un 50%.

Simulando no percibir la exasperación popular, el presidente Sánchez de Lozada monta un gigantesco proyecto de exportación de gas natural líquido a California. Rentable operación para el consorcio Pacific LNG; verdadero saqueo para el país. Además, el gasoducto proyectado pasaría por Chile, “enemigo hereditario” desde la desastrosa guerra de 1879. La población se subleva. “Goni” ordena disparar sobre la multitud. Confrontado con su belicosidad, es obligado a poner distancia entre él y Bolivia. Lo sucede Carlos Mesa, su vicepresidente.

Recuperación de los recursos naturales; “nacionalización” de los hidrocarburos; convocatoria a una Asamblea Constituyente, son los puntos que figuran en el orden del día de todos los componentes de las fuerzas populares. Sometido a esa presión, pero en esta circunstancia con el apoyo de Evo Morales, el jefe de Estado organiza un referéndum sobre los hidrocarburos para el 18-7-04. La población participa y por amplia mayoría (70%) se pronuncia por la “recuperación” de su propiedad.

El 21 de octubre de ese año, con la fuerte reprobación del presidente Mesa –que la considera “abusiva” y “confiscatoria” para las multinacionales–, el Congreso aprueba una nueva ley que aumenta la intervención estatal en los asuntos petroleros y crea un impuesto directo a los hidrocarburos (IDH) del 32% a la producción (lo que, agregado al 18% de regalías vigente, eleva la tasa que percibe el Estado al 50%). Para unos, entre ellos el MAS, es un adelanto. Para los radicales de la COR y de la FEJUVE de El Alto, de la COB y del MIP una traición, dado que ellos sostenían una nacionalización pura y simple, que se traduciría en una expulsión de las multinacionales sin pago de indemnización...

Unión y fragmentación

Es que este vasto torrente contestatario capaz de unirse en tiempos de crisis, se caracteriza por su gran fragmentación. “Divisiones territoriales, ideológicas, religiosas, de clase”, detalla García Linera, considerado por muchos como el “ideólogo del movimiento social”. “Son muy generosos”, sonríe, pero el detalle es importante, como se verá más adelante. “En algunas ocasiones este movimiento construye unidades territoriales, locales, alrededor de temas cotidianos: agua, electricidad, energía. En períodos de tensión esto se transforma en fuerza y acciones colectivas que, en lo más álgido de la confrontación, se articulan en movimiento de masas… antes de volver a caer en la división en cuanto se alcanza el objetivo común.”

En las elecciones de 2002 Evo Morales debió soportar las iras de la derecha y de Washington: “narco-cocalero”; “instrumento de Chávez y de Castro”; “amigo de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia)”. Pero la situación se revirtió y ahora son los “duros” del movimiento popular los que lo enfrentan. El (...)

Artículo completo: 4 353 palabras.

Texto completo en la edición impresa del mes de noviembre 2005
en venta en quioscos y en versión digital
E-mail: edicion.chile@lemondediplomatique.cl

Adquiera los periódicos y libros digitales en:
www.editorialauncreemos.cl

Compartir este artículo