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Barack Obama

Barack Obama tiene suerte. Sucede a uno de los presidentes más impopulares de la historia de su país, es joven, es mestizo, el planeta entero parece esperar que entre a la Casa Blanca. Parece, pues, mejor armado que otros para “renovar el leadership estadounidense en el mundo” (1). Es decir, rehabilitar la marca Estados Unidos, hacer más eficaces porque más aceptadas –y más acompañadas– las intervenciones de Estados Unidos en el extranjero.

Incluidas las intervenciones militares, especialmente en Afganistán: “Construiré un ejército del siglo XXI y una cooperación tan poderosa como la alianza anticomunista que ganó la Guerra Fría, con el objetivo de permanecer a la ofensiva en todas partes, de Djibuti a Kandahar” (2). Para aquellos que aún sueñan que un Presidente “multicultural” nacido de un padre keniano señalaría ipso facto la llegada de un Estados Unidos new age y de un cortejo en el que todos los hombres del mundo, bailando en ronda, se tomarían de las manos, el candidato demócrata ya señaló que se inspirará menos de los Pink Floyd o de George McGovern que de la política extranjera “realista y bipartidaria del padre de George Bush, de John Kennedy y, en ciertos aspectos, de Ronald Reagan” (3). El multilateralismo no es para mañana; el imperialismo será, sin embargo, más soft, más hábil, más concertado y, quién sabe, quizás un poco menos mortífero: no obstante, los ocho años de embargo de la presidencia de William Clinton mataron muchísimos iraquíes…

Barack Obama tiene talento. La audacia de la esperanza, su libro-programa, es una muestra de su mezcla de inteligencia histórica, de astucia, de “empatía” política por sus adversarios –“comprendo sus motivaciones y reconozco en ellos valores que comparto”–, de fórmulas sabiamente balanceadas que no resuelven casi nada pero satisfacen (casi) a todos, de humor, y de convicción. De convicción, pero temperada por un inquietante homenaje al ex presidente Clinton que habría “extirpado del partido demócrata algunos de los excesos que le impedían ganar las elecciones.” (...)

Artículo completo: 932 palabras.

Texto completo en la edición impresa del mes de agosto 2008
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Serge Halimi

Director de Le Monde diplomatique, París.

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