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No querían hacer la revolución

En 1902 Lenín escribe ¿Qué hacer?. Considera entonces que no puede haber una gran transformación social sin una organización constituida “principalmente por hombres que tengan por profesión la actividad revolucionaria”, es decir agitadores, organizadores, propagandistas especializados. Los bolcheviques adoptarán con rapidez este modelo, inaugurando una vía que seguirán muchos otros, incluso de opciones ideológicas diferentes. El papel de estos aguerridos militantes –un Jan Valtin, un Max Hölz– tanto en el desencadenamiento de huelgas o insurrecciones como en el desarrollo y la circulación de ideas, los convierte en una referencia obligada del imaginario progresista.

Estas activas minorías suscitan también el interés de las policías políticas, que refuerzan sin descanso su cooperación –su internacionalismo supera a menudo el internacionalismo proletario– y buscan incansablemente detrás de cualquier movilización social las intrigas ocultas de organizaciones subversivas que persiguen otros fines.

Aunque opuestas prácticamente en todo, estas dos visiones concuerdan en considerar que las dinámicas revolucionarias nacen de la acción consciente, planificada y organizada de algunos actores...

Artículo completo: 182 palabras.

Texto completo en la edición impresa del mes de mayo 2009
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Laurent Bonelli

De la redacción de Le Monde diplomatique, París.

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