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Un Tratado poco democrático

Agujeros en el “escudo” nuclear

Estados Unidos prosigue su ofensiva para obtener nuevas sanciones internacionales contra Irán, sosteniendo que son necesarias para salvar el Tratado de No Proliferación Nuclear. Este mes se realiza una conferencia de evaluación de este acuerdo que, a pesar de sus falencias, constituye un significativo respaldo legal y moral para la paz mundial.

La idea del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) tiene su origen en los años 50, cuando tres países –Estados Unidos, Rusia y el Reino Unido– ya habían desarrollado armas atómicas, y otros dos Estados –Francia y China– realizaban investigaciones que los observadores de entonces no dudaban de que conducirían a su desarrollo (lo que efectivamente sucedió en 1960 con París, y en 1964 con Pekín). Estados Unidos, el principal interesado en una limitación de la carrera por las armas atómicas, teniendo en cuenta su estatuto de potencia más avanzada en la materia, fomentó a comienzos de los años 50 el “confinamiento” diplomático del control estatal sobre la bomba.

Con esta lógica, el presidente Dwight Eisenhower propuso, el 8 de diciembre de 1953, ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la creación de un organismo encargado de controlar el uso de materiales nucleares.

Artículo completo: 213 palabras.

Texto completo en la edición impresa del mes de mayo 2010
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Olivier Zajec

Encargado de estudios en la Compañía Europea de Inteligencia Estratégica (CEIS), París.

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