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Hungria, lodos rojos y buenos negocios

Hasta el 4 de octubre de 2010, los húngaros ignoraban la existencia del barro rojo. Ese día, el dique que protegía la fuente de retención de la fábrica de aluminio de Ajka cedió; un millón de metros cúbicos de un espeso líquido bermejo anegó siete comunas, causando la muerte de once personas y la hospitalización de cientos de heridos. Más allá de la tragedia humana, este accidente industrial destruyó la fauna y la vegetación sobre un perímetro de 800 hectáreas y provocó la extinción completa de la vida en los cursos de agua vecinos, entre ellos varios afluentes del Danubio.

¿Catástrofe imprevisible? Desde 2003, organizaciones no gubernamentales tratan de advertir sin éxito al gobierno y a la sociedad contra los peligros del almacenamiento de esas treinta millones de toneladas de barro rojo acumulados desde hace décadas en cuatro grandes reservorios diseminados por todo el país. De seiscientas a setecientas toneladas de estos productos residuales de la industria del aluminio se producen cada año en Hungría. Algunos países como Grecia o Japón que antes echaban su barro rojo al mar pusieron fin a esta práctica. Francia se beneficia en cambio con una derogación hasta 2015...

Artículo completo: 212 palabras.

Texto completo en la edición impresa del mes de mayo 2011
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Gergely Simon

Químico, miembro de la asociación Clean Air Action Group.

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