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Asamblea Constituyente y nueva Constitución para una Segunda República de Chile

El gran salto democrático que hace falta

Ninguna de las Cartas constitucionales que ha tenido Chile resultó de la participación de la ciudadanía. Menos la actual, elaborada por la dictadura e impuesta por la fuerza de las armas a través de un fraude que ni siquiera disimuló. Eso puede cambiar ahora. Y no es una utopía.

El Bicentenario de la Independencia de España ofreció a Chile, hace menos de un año, una excelente ocasión para haber podido contemplar desde una atalaya privilegiada nuestra breve historia republicana y, desde allí, intentar reflexionar colectivamente sobre la ruta por la que se había venido deslizando nuestra vida en común. Salvo notables excepciones que tomaron forma en artículos, foros u otras actividades no oficiales, (1) la ocasión ha sido sin duda desaprovechada, lo que resulta tanto más lamentable para una sociedad que, pronto hará cuatro décadas, presenta un vacío republicano y que requiere con urgencia mirarse y dialogar consigo misma.

Este vacío republicano se manifiesta de forma flagrante: la brutal concentración de la propiedad y del ingreso, la gigantesca crisis de la educación nacional, la degradación de la situación de los trabajadores, la entrega de los recursos naturales al capital y la consiguiente amenaza al equilibrio ecológico, el maltrato a la población de escasos recursos, las discriminaciones de todo tipo, la estafa gigantesca de los fondos de pensiones, la vulgaridad y la infantilización de los medios de comunicación, la banalidad de una política profesionalizada, el tratamiento del Estado hacia el pueblo mapuche y su alejamiento de América Latina, son, entre muchas otras, las expresiones que caracterizan el Chile de hoy. (2)

Todas ellas encuentran su condición de posibilidad y la garantía misma de su existencia en la legalidad que les ofrece la Constitución de 1980, aprobada como se sabe durante la dictadura militar, sin registros electorales ni garantías a la oposición y de suyo, anti-democrática y anti-republicana. Como respuesta, lentamente -los años de plomo están en el recuerdo de todos- se ha venido instalando en la sociedad la convicción de que es necesario generar las condiciones que permitan convocar una Asamblea Constituyente que desde la base social proponga, discuta y elabore una Nueva Constitución (3). Saludando y apoyando sin restricción esta iniciativa estamos convencidos que ella debe todavía dar un paso más: para entregarle energía y confianza al país, superando el vacío republicano y recreando su imaginario y sus símbolos, debe también proponerse darle vida a una Segunda República.

Si dejamos de lado los experimentos constitucionales del período en que las distintas fracciones de la élite se disputaron el poder entre 1818 y 1930, tres Cartas Constitucionales han reglamentado hasta hoy a Chile (4). La de 1833, que sanciona la continuidad colonial administrada por “una pequeña oligarquía terrateniente, cuyos (...)

Artículo completo: 1 415 palabras.

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Jaime Massardo

Profesor de la Universidad de Valparaíso.
Correo electrónico: jaime.massardo@uv.cl

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