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Y los pollos estaban tan bien coludidos…

Ciertamente las nuevas denuncias de colusión han ensombrecido el paraíso competitivo chileno, en el cual -supuestamente- las empresas se esfuerzan por alcanzar el liderazgo en el ámbito de los negocios. El discurso empresarial exacerba la competencia y la eficiencia, mientras tanto en muchos sectores productivos la “coordinación de precios y/o producción” es la regla, para evitar una real competencia en los mercados.

Se ha extendido el concepto de que las empresas eficientes son beneficiosas para la sociedad, para los consumidores en general. Esta discusión ha descansado sobre dos paradigmas: el primero, el tradicional paradigma Estructura-Conducta-Desempeño y, el segundo, el moderno paradigma Estructura-Conducta-Desempeño, basado en supuestos de eficiencia.

El paradigma tradicional se basa en que las empresas ejercen posiciones monopólicas, porque ocupan una alta porción del mercado; por tanto, esta conducta colusiva, oligopólica o monopólica, se traduce en utilidades económicas anormales y altos beneficios contables, mucho más allá que el retorno normal para esa industria, dado su clase de riesgo.

En cambio, el paradigma moderno de eficiencia señala que algunas empresas podrían crear, eventualmente, más concentración en algunas industrias, pero su desempeño financiero y contable de altos retornos estaría determinado por condiciones de eficiencia de procesos, de productos o la existencia de una ventaja competitiva que la diferencia del resto y que, ciertamente, no es imitable en el corto plazo.

Así, la posición dominante de mercado (participación de mercado) sería un indicador más y no decisivo para concluir acerca de eventuales abusos de poder en contra de los consumidores. Aún más, el paradigma moderno de la eficiencia señala que dicha conducta competitiva -originada teóricamente en la eficiencia- se traducirá en economías de escala (costo unitario decreciente por un mayor volumen de producción-servicios-ventas) y economías de ámbito (compartición de un costo fijo significativo por varias actividades o unidades de negocios), que inducirán a reducciones en los precios de los bienes finales para consumidores. Se asume que, para que esto ocurra, el mercado del bien final debe ser un desafío por las (...)

Artículo completo: 1 122 palabras.

Texto completo en la edición impresa del mes de enero 2012
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Francisco Castañeda

Economista USACH.

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