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El gobierno de Salvador Allende:

¿Un legado inspirador?

Cuando en 1970 la coalición que agrupó prácticamente a todas las izquierdas puso en marcha un programa de socialización y promoción de las libertades democráticas, muchas miradas se volcaron hacia Santiago. El impacto de su éxito excedería Latinoamérica: la estudian, entre otros, los que piensan la España post franquista, los que buscan formar una coalición análoga en Italia, o los que preparan l’Union de la gauche francesa. Casi cuatro décadas después del trágico fin, su legado parece ganar importancia. Es tal vez una de las raras experiencias socialistas del siglo XX que puede inspirar otras en el siglo XXI. A partir de este número, la edición chilena de Le Monde Diplomatique ofrecerá una serie de artículos sobre los principales aspectos del gobierno de la Unidad Popular (UP) y su proyección a nuestros tiempos. En este damos una visión general de los temas que serán tratados.

Apenas instalado en La Moneda, el gobierno de Salvador Allende pone en marcha su proyecto de nueva sociedad. Transforma en cooperativas 4.400 añejos latifundios, que suman 5,8 millones de hectáreas. Nacionaliza el salitre, el carbón, el hierro y el cobre, tal vez la medida económica más transcendente del siglo. Organiza el sector social de la economía que incluye casi toda la banca y unas 150 empresas que hace producir a plena capacidad, sin que haya denuncias de corrupción. E intenta un innovador sistema de planificación informatizado (entonces llamado cibernético). El aumento de la producción permite un considerable aumento de los ingresos de buena parte de los casi 10 millones de chilenos, sobre todo de los más humildes.

No se conocen cambios tan profundos y rápidos en América latina. Ni el presidente mexicano Lázaro Cárdenas, padre de primera reforma agraria y de la nacionalización del petróleo, ni Jacobo Arbenz en Guatemala, ni João Goulart en Brasil, ni el propio Fidel Castro, transformaron tanto en tan poco tiempo.

Aunque los resultados económicos son difíciles de evaluar a causa del boicot, que desde 1972 se traduce en colas y mercado negro, se puede constatar que los resultados del primer año, cuando el proyecto se desarrolla en condiciones normales, son positivos. En 1971 los desheredados viven mejor, lo que se traduce en los resultados electorales: la Unidad Popular pasa del 36,4% obtenido en la presidenciales de 1970, al 50.2% alcanzado en las elecciones municipales de abril de 1971, siendo así el primer bloque político que propone el socialismo que consigue la mayoría absoluta. En las parlamentarias de marzo de 1973 llegará al 43,7%, uno de los mejores resultados de una coalición gobernante a los tres años de mandato y, en este caso, afrontando los efectos de la crisis económica fabricada.

Haciendo historia
El “gobierno popular” suscita un torrente de esperanzas en trabajadores manuales, campesinos, empleadas domésticas y servidores de todo tipo, hasta entonces menospreciados por las élites. (...)

Artículo completo: 1 450 palabras.

Texto completo en la edición impresa del mes de septiembre 2012
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Jorge Magasich

Historiador, IHECS, Bruselas. Próximo artículo: El paro de octubre 1972 o el primer intento de derrocar al gobierno, frenado por una original movilización popular.

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